September 26, 2008

Residente deportado es una lección para muchos

Por Mariana Martínez

Originario Jalisco, México, Rito Arellano vivé desde 1968 en el Este de Los Ángeles.

Casado, padre de tres hijas, trabajaba como intendente de un complejo de departamentos en Pomona, había ido a la escuela nocturna para obtener su certificado de técnico en reparación de aires acondicionados. Vivía tranquilo, hasta hace apenas cinco días, en que fueron agentes de emigración a buscarlo.

Los agentes tocaron a su puerta la noche del miércoles pasado, todos vestidos de negro.

“Me dijeron que andaban buscando a alguien y me preguntaron si podrían entrar. Con tal de que los inquilinos no vieran policía en mi puerta los deje entrar, “ recuerda Arellano.

“Eran 4 o 6 hombres armados que entraron a mi casa, me pidieron identificación y ya con mis papeles en sus manos dijeron “venimos por ti tenemos orden de arresto”: yo nunca vi orden de arresto de nada”.

Lo esposaron, asegurando a su mujer que apenas le iban a hacer unas preguntas, pero en realidad ni 24 horas después lo habían subido a un camión con dirección a Tijuana, México.

Arellano se encuentra ya en Tijuana, en el albergue Casa Refugio Elvira, en Tijuana, cuya directora, Micaela Saucedo no descarta que este tipo de deportaciones sean más frencuentes en el clima político antes de las elecciones.

“Están intimidando a la gente y sacando a personas que llevan como Rito más de 30 años en Estados Unidos, que han pagado impuestos y criado profesionistas”, lamenta Saucedo, “yo no dudo que esto sea en época de elecciones para amedrentar a los migrantes que estén buscando hacerse ciudadanos y por algo que pasó hace 10 años los puedan deportar, no se vale”.

En 1989, Arellano arregló su estatus migratorio como residente permanente a través de la Amnistía de 1986 pero nunca arregló su ciudadanía, confiando en que tenía tiempo antes de que se venciera su green card, en 2012.

Gloria Saucedo, presidenta de Hermandad Mexicana Transnacional, comentó que este tipo de situaciones son comunes entre la comunidad inmigrante que no conoce sus derechos, especialmente los hispanos que son los migrantes que más lentamente se convierten en ciudadanos.

“El mensaje es que la gente no debe echar en saco roto este tipo de roces con la ley y además, no deben esperarse tanto tiempo para hacerse ciudadanos”, comentó Saucedo.

Hermandad Mexicana de Los Ángeles ya se encuentra revisando el caso para determinar si se violaron los derechos del deportado ya que según la familia Arellano, los agentes no presentaron esa noche ningún documento oficial y tampoco en su caso se ha tenido en cuenta la condición de padre y soporte de hogar del deportado, como en otros casos de detenidos.

El problema que terminó en su arresto y ahora en su deportación, empezó tras un viaje, en el 2001, poco después de los atentados del 9-11, cuando un amigo de toda la vida, lo invitó a Tijuana para pasar el fin de semana.

“Mi amigo traía una novia y yo ni le pregunté por el estatus migratorio de ninguno de los dos…yo creía que él tenía papeles” cuenta.

Llegando a la garita presentó sus documentos pero ni su amigo ni la novia presentaron los suyos, su amigo mintió diciendo ser norteamericano.

“Me detuvieron todo el fin de semana”, recuerda, “el lunes en la mañana me dijeron “vas a jurar no hacer cargos contra nosotros y prometer no cometer el tráfico de ilegales y nos vas a firmar y “we are gonna send you home free” (te vamos a mandar libre para tu casa) firmé, juré y me escoltó un oficial hacia Estado Unidos para San Isidro”.

Los oficiales en efecto le dijeron que estuviera pendiente del correo por si llegaba otro citatorio, documento que según Arellano nunca llegó.

“Revise mi correo a diario los siguientes cuatro años y nunca me llegó nada. A esa dirección me llegaban los recibos, los cheques, los cupones a mi nombre, los estados de cuenta del banco ¿Cómo no me iba a fijar que me llegara algo de emigración?” dice enojado.

En 2004 se cambió de Woodier, California a Pomona por un nuevo trabajo y dio el caso por cerrado.

Estaba tan tranquilo que en el 2007 viajó a Guadalajara para la boda de su sobrina y al regresar un oficial de emigración lo retuvo por 5 horas, pero luego lo dejó ir sin ninguna explicación.

“Si me estaban buscando, ¿Por qué no me detuvieron entonces?” dije Arellano enojado, “yo nunca me escondí, soy un hombre que llevo mas 30 años viviendo en este país, confiando en sus leyes, aportando con mis impuestos y mi fondo de retiro, ¿Cómo me hacen esto ahora?”

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