September 19, 2008

Tenamaztle: La otra independencia en pie de lucha

Por María Dolores Bolívar

Las fiestas de la independencia se conocen como El grito, porque evocan ese pasaje de la guerra contra el poder español en el que Hidalgo –a la cabeza del criollismo conformado por una parte del clero y los hijos de españoles nacidos en América, todavía sin plenos derechos políticos- tomó la campana de la independencia y llamó al pueblo a unirse a luchar contra el poder imperial. Las fiestas tal y como se celebran hoy (o debería decir como se celebraron hasta hoy) dieron inicio en los tiempos de Porfirio Díaz. Para toda fiesta siempre hay una explicación menos solemne, y la fijación de ésta nos ha sido contada de maneras distintas. La realidad es que la fecha “del grito” fue cambiada por Díaz para hacerla coincidir con su cumpleaños. Obsesionado con su papel de prócer (que le vino no de los años de dictador, sino de La batalla de Puebla –celebrada ésta el 5 de mayo-, Díaz imaginó que no habría fecha mejor para celebrar el cumpleaños de la patria que el suyo personal.

Y mire si no cumplió con su obra, él que fue el único gobernante que reinó, con las riendas en la mano, durante el mayor período de tiempo. Note bien que señalo que tenía las riendas en la mano, aunque nunca dejó de ser la patria el caballo bronco que al final se liberó de su jinete. Hay que notar, no obstante que no lo depuso, sino por efecto de la metáfora. Porfirio Díaz salió del país por propio pie (o vapor), como si nada. Se fue pensando que volvería muy pronto. En cambio, vivió y murió en París, imposibilitado de volver, aún después de su muerte. Sus restos todavía hoy se hallan en el panteón Père Lachaise.

Las fiestas de la independencia fueron por mucho tiempo lo que él imaginó: una pleitesía al poder –aunque no a su persona-, por más que espontánea; el happening colectivo de un pueblo que salía a la calle para celebrar los años de paz o, mejor dicho, los pocos años sin violencia acumulados por la historia. Así se difundieron los gobiernos. Fue ese su palmarés ante la población. Nos vendieron la paz Santa Anna y Díaz y, desde entonces, uno por uno de los gobiernos priístas. Podría haber corrupción, crisis, desastres económicos, de una u otra forma ligados al petróleo, pero todo se hilaba a partir de la paz. Con paz –no pan- hay circo, deberíamos modificar la alegoría romana. Con paz había país y lo quizás sea ya tiempo de preguntarse en dónde quedó esa pax priísta y por ende “ese” país.

Preguntárselo, sí, porque el 15 de septiembre esa paz no existió en Morelia, corolario de años en que las ejecuciones, las matanzas, los secuestros fatales ya son cosa de todos los días. Y no puede haber escena más dantesca que la del gobernador Leonel Godoy, antes presidente del PRD (el partido opositor que casi ganó las elecciones presidenciales del 2006), cuando llevado por la euforia de la campana y del discurso, no pudo ver que la población de abajo apuntaba hacia el punto donde detonaban granadas y caían, como moscas, un montón de personas. Media docena de muertos y más de cien heridos es el saldo de un acto terrorista sin precedentes para las fiestas patrias de México.

¿Qué pasa? ¿Qué pasó? Se rompió el orden; la población ha perdido la guerra contra el crimen; el país no es ya, ni en las zonas urbanas ni en las rurales, un sitio seguro. “En tiempos de paz”, las muertes se disparan. “En tiempos de paz”, el gobierno perdió las riendas.

¿Qué sigue? Nadie lo sabe. Las situaciones nacionales no se definen ya al interior de los países sino en la realidad etérea de la globalidad.

¿Y quién es Tenamaztle?

Para la mayoría de mexicanos (puesto que los jóvenes de menos de 25 son mayoría) la independencia de México es una fecha más en el nutrido calendario de días de asueto. Triste realidad cuando se piensa que muchos de esos jóvenes emigrarán a Estados Unidos y se irán olvidando de su patria, o la irán bruñendo en sus sentimientos de maneras distintas a las imaginadas por Hidalgo, Morelos, Aldama.

O acaso sea ya tiempo de reconsiderar la noción misma de héroe y comenzar a situarse en una realidad menos ficticia. En la capital de México las autoridades ya compiten por demostrar mediante espectáculos y ceremonias que no se ha olvidado la gesta independentista. Esta semana Hidalgo, Morelos y Aldama deambularon por las calles de la ciudad de México, en una suerte de happening realista que buscaba hacer reflexionar a la gente acerca de los héroes. Actores vestidos en traje de carácter intentaron generar ese momento que se acerca con el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución. Cierto, oscilantes entre el país de ayer y el de hoy, los mexicanos deberíamos de reflexionar qué es lo que entendemos por patria.

Y cual apéndice de estas disquisiciones semanales hallé un interesante artículo que me llamó la atención sobre manera. Un grupo de compañías mezcaleras presentó, con la anuencia de las secretarías de agricultura y desarrollo económico del estado de Zacatecas la marca de mezcal Tenamaztle. Se trata de las empresas Cristeros Santuario, Diamante del Desierto, Empresa Integradora Regional de Organizaciones Magueyeras, Escorpión de la Estanzuela, Grupo San José Allende y Piñón Gigante de Juchipila. Colocar el mezcal zacatecano en el mundo no es mala idea, ¡qué va! Pero nos merece cierto comentario el que se coloque en la etiqueta de dicha bebida espiritosa el nombre del luchador a favor de los derechos humanos de los indígenas.

Algunas reflexiones:

Aproveché lo que considero yo un entuerto más del gobierno actual, en manos de Amalia García Medina, para preguntar a amigos y colegas si sabían lo que significaba el nombre:

Aquí lo obtenido:

20 personas, entre ellos dos cónsules, me preguntaron si no habría pronunciado mal el nombre y creyeron recordar un nombre parecido pero no exactamente igual, de tequila del norte de Jalisco.

50 personas, casi todas estudiantes, me aseguraron que se trataba del nombre de una planta, como el ixtle o el huixache, en náhuatl.

60 personas me aseguraron no tener la menor idea.

10 personas me pidieron buscar de nuevo el nombre, asegurándome que se trataba de un error, que tal vez era tonaxtle o tenaztle.

Ninguno, ay, ay, ay, evocó al héroe de los derechos humanos. Y cuando lo traje a colación para levantar asombro, el asombro se revirtió contra mí pues hubo dos que me aseguraron que tenía el nombre equivocado pues “que ellos supieran” no había existido ningún líder de los derechos humanos caxcán que viajase a España en tiempos de Fray Bartolomé de las Casas. ¿No sería un pseudónimo para Fray Bartolomé? Me dijo un interlocutor virtual que se interesa por la historia.

Así que triste anda la cosa cuando al prócer se le evoca vía un mezcal. Lo que falta es evocar su consigna a muerte para retar a bebedores. ¡Si hasta parece broma!

Me fascina el mezcal, lo considero un tesoro de la cultura, pero no me parece apropiado reivindicar a un héroe de ese modo, aún tomando en cuenta la intención de que se le conozca y compre, mundialmente. Ya no se diga hacer depender la economía futura de Zacatecas de un solo producto que difícilmente traerá la cornucopia.

Parecería que la ignorancia de los gobernantes raya ya en lo inusual, en lo insólito. Ya sé que ha habido intentos previos de nombrar un tequila Suave Patria (como consignó Eduardo Hurtado), Idilio Salvaje, Gesta de Dolores. Pero ¿Tenamaztle? ¡Por Dios! Ojalá que La Plaza de Armas tomase ese nombre -yo le pondría El Mixtón de Tenamaztle-. O la biblioteca central: Biblioteca/Centro Cultural Tenamaztle. Que se contruyera una estatua a Tenamaztle, ahí donde figura ese horrendo obelisco que alguien colocó, creo que por falta de imaginación. Ciudad Tenamaztle pudo llamar la gobernadora diligente a esa nueva ciudad que nombra Argento (parece que celebrando la parte más negra de la explotación americana –la minería-). Premio al mérito Tenamaztle se pudo instituir la medalla de reciente creación otorgada a Amparo Dávila.

Qué afrenta y qué desgracia que habiendo reprobado Historia, los gobernantes se pongan a decidir la manera de comercializar a los héroes y sus nombres. ¿Y donde estuvieron mientras se decidía semejante atrocidad los historiadores locales, que los hay; el cronista, tanto de Zacatecas como de Nochistlán; la población toda de Nochistlán donde todavía se yergue la que será, probablemente, la única estatua del líder de los derechos humanos, el primero de que se tenga noticia en el mundo?

El lema de los caxcanes, que pelearon contra el invasor español, era sencillo y directo: -“¡Axcanquema, tehual nehual! –hasta tu muerte o la mía-. Sacado de contexto, aquel lema de lucha, originado en un largo sitio que concluyó con el apresamiento del líder llevado a España, donde presentó al rey Los Agravios (defensa de su lucha), podría parecer, incluso, un llamado absurdo a beber a muerte…

Ignoro las razones o los nombres que compitieron en el caso de la mezcalera que aquí cito, pero, queda el hecho, como un fenómeno peculiar, por decir lo menos. Y claro que les deseamos suerte, y si inminente es que vayan por el mundo amparándose tras el equívoco de invocar a un prócer colocado sobre una barrica de mezcal, que de menos se informen bien a bien quién fue y hasta elaboren la estampilla obligatoria en las primarias.

Y les decimos también que cuando no se tenga cabal certeza de lo que se dice, mejor es que no se diga y menos que se lleve al mercado, con todo y patente. Imagínense ustedes la burla que sería para la historia que ha obviado de por sí a semejante personaje, que en el futuro se lo recuerde, ya no como un pseudónimo de Fray Bartolomé, que aunque no del todo, todavía lo honra, sino como el mezcal… “aquel, te acuerdas, que nos sirvieron en Zacatecas…”. Sacarán patente del nombre los dichos dueños, sin chistar nadie respecto del despojo. Hoy todo es posible. Así sacó patente un japonés de la Virgen de Guadalupe y alguien se agandalló “las mañanitas” y Frida Khalo aparece hasta en calzones… Y ahora, Francisco Tenamaztle, here I come!

Ver para creer… ¡y qué sigue! Usted… ¿ya se ha bebido su Tenamaztle? O “Nos echamos un tenamaztle.

María Dolores Bolívar http://mariadoloresbolivar.com

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