September 19, 2008

Comentario:

Desfalco financiero

Por Humberto Caspa, Ph.D

La situación económica empieza a mostrar nuevamente el lado oscuro que produjo la caída de la bolsa de valores en 1929 y su consecuente desfalco financiero con la Gran Depresión.

A medida que la crisis económica empieza a recrudecerse, algunos grupos financieros de tamaño medio empiezan a pedir auxilio a entidades bancarias gigantes o cortejan al gobierno federal para que les den un soplo de vida.

Si la ayuda de los “hermanos mayores” no llega a tiempo o el gobierno federal simplemente se resiste a dotarles capitales, la defunción de estos grupos es inminente.

Lamentablemente su muerte genera pánico en el mercado cambiario y crea luto en muchos hogares. Después de todo, miles o tal vez millones de personas dependen del salario que devengan en estas empresas. Con el cierre de sus oficinas, un gran número de sus trabajadores queda en la calle y pasan a tomar parte del equipo de desempleados que hoy rebasó el 6%.

La tragedia también hace presa de aquella gente que invirtió en stocks, bonos cambiarios, o hicieron utilidad de los servicios de ahorros y cuentas corrientes de estas empresas. Con la solicitud de un amparo económico o una bancarrota, dichas empresas no tienen necesidad de devolver un solo centavo a sus clientes e inversionistas.

En marzo de este año, el gobierno federal apenas pudo poner de pie a la financiera Bear Stearns. Después de un trato no muy transparente, el gobierno de Bush convenció a los ejecutivos del gigante JP Morgan Chase & Co. a que se adjudicaran de los activos de Bear Stearns. Esta maniobra serenó temporalmente la ansiedad del mercado cambiario, pero no la contuvo del todo.

La catástrofe económica tenía que llegar tarde o temprano. La semana pasada, dos compañías que garantizan adeudos, Fannie Mae y Freddie Mac, fueron rescatadas de una muerte segura gracias a la inversión de 200.000 millones por parte del gobierno federal.

Asimismo, a inicios de esta semana, el otrora financiero Lehman Bros llenó papeles de bancarrota y el gobierno se llegó a ayudarles. A pocas horas de este anuncio, Merrill Lynch & Co. tuvo que ser “tragado” por Bank of America para tener otros días más de subsistencia. Y más recientemente, la American International Group, segunda empresa de seguros más grande del país, tuvo que ser auxiliado por el gobierno de federal.

La situación a la que nos enfrascamos hoy tiene mucho de parecido al debacle económico que propició la caída de la bolsa de valores de 1929. Por lo menos, aunque vivimos en un periodo diferente, el modelo económico tiene las mismas características al liberalismo económico salvaje que se practicaba antes de la Gran Depresión. Hoy, como esos días, un control a los capitales de las empresas financieras es mínimo o inexistente.

Durante los últimos años fuimos testigos de un proceso de monopolización de los mercados. Empresas grandes se comieron por doquier a las chicas y crearon un mundo sin control y a sus antojos.

La falta de regulación federal también creó el abuso de las empresas financieras, especialmente en el sector de bienes y raíces, donde los intermediarios (brokers) facilitaban préstamos a personas con un historial crediticio bastante pobre. De manera que el desfalco de este sector es simplemente la punta del iceberg de un problema grande que no tarda en recrudecerse.

El nuevo presidente tendrá una tarea ardua para resolver la situación financiera del país. Sea éste Obama o McCain, el gobierno tiene que empezar a regularizar y poner controles a las transacciones financieras. De lo contrario, estamos al frente de otra depresión económica gigantesca.

Dr. Humberto Caspa es profesor universitario. Autor del libro: “Terror en el barrio latino: La llegada de la nueva derecha al gobierno municipal.” E-mail: hcletters@netzero.com

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