September 12, 2008

Análisis

Renuncia: ¿falsa salida o necesidad extrema?

Por Dagoberto Márquez

Digamos que se entiende, desde muchas ópticas, perfectamente. Que se entiende que desde la perspectiva de un hombre adolorido en sus más íntimos adentros, la exigencia haya sido lanzada, sin más ni más, a la cara de todos y de botepronto dado el momento. Y se entiende porque lo que ocurría y ocurre obligaba a inquirir, a exigir medidas fuertes, medidas radicales, medidas extremas. Medidas hipotéticas pero radicales, fuertes y extremas. Como corresponde o como debería corresponder con una situación tan grave como la que priva ahora aquí en México.

Me refiero a la exigencia del empresario Alejandro Martí, quien en el marco de la pasada reunión nacional sobre seguridad pública conminó a los presentes a dar resultados o bien a hacerse a un lado pues de acuerdo con sus palabras, ocupar cargos en los gobiernos y no hacer nada por ello es también corrupción y se entiende, perfectamente. El empresario, dolido por lo ocurrido al seno de su familia, tiene razón, mucha, sin duda alguna. No cualquiera pierde un hijo en condiciones tan deleznables y todavía va a quedarse callado, imposible diríase. Por eso es que tiene razón, y más cuando en el fondo de su coraje le resulta incomprensible que al margen de lo que ocurre, le ocurra a él lo que a nadie se desea, la pérdida violenta de un ser querido a manos de quienes, por carecer de alternativas de trabajo bien remunerado, delinquen hasta el paroxismo de la locura, cercenando vidas sin darse cuenta del enorme daño que infringen. Por eso es que tiene razón aunque no se haya dado a la tarea de hacer mejor las cosas previamente.

Estimado lector, Fina lectora, si usted recuerda, la vida entre nosotros era más o menos apacible, no mucho tiempo atrás todavía. En esa época hablar de un secuestro eran cosas mayores, mucho mayores. Llegó a haber casos e incluso bajas aunque repito, era extraordinario, un asunto ligado incluso a la lucha política e ideológica donde a falta de diálogo y entendimiento político, hubo gente, personas que sin ser delincuentes propiamente dicho, se dieron a la tarea de secuestrar para exigir rescate, fuertes sumas de dinero so pena de suprimir a quien por creérsele contrario y por mala fortuna, era determinado para tomársele como rehén y posterior moneda de cambio.

Sin embargo eran cosas extraordinarias, altamente conflictivas porque suponía la asunción y toma de medidas extremas en aras de una utopía, la del cambio, la del cambio político aquí en México, la que mezclaba matices ideológicos y políticos con algo o mucho de violencia y una determi-nación delincuencial y común, hubiera o no atenuantes, reivindicación o justificaciones. Pero eran cosas extraordinarias, repito, sin comparación con lo que ocurre ahora porque lo que ocurre ahora deriva de una descomposición tan grave como inaudita y extendida, a saber, una descomposición de tipo político donde quienes apoyaron a los grupos que por la vía de la suciedad y de la trampa se hicieron del poder, ahora pagan las consecuencias de su desacierto. Sin que entiendan bien a bien ni cómo ni porqué están sufriendo.

La descomposición de que hablamos no es un asunto sencillo, su gravedad es tal que requeriríamos páginas y páginas para esbozar y entender el fenómeno y ni así conclui-ríamos. Proviene de la actitud humana, de la codicia humana, de la descomposición política vía la cual han súper descompuesto el sistema. El sistema político nuestro. Algo así como la creación de un monstruo, uno de muchos rostros, fortalezas y estrategias, uno implacable que ahora está vivo y que suprimir no va a ser fácil ni simple, menos sencillo, puede usted creerlo.

Y en medio de todo este escenario hay voces que se alzan, como se han alzado desde siempre, por unos u otros motivos, aunque fue característico el no escucharles. El negar la posibilidad para que en un clima de flexibilidad y entendimiento se diera cause a demandas, a múltiples demandas, hasta que la presión aumentaba y se daba paso a medidas impopulares, de presión política y de fuerza, de afuera hacia adentro, de manera cada vez más organizada y prolongada. Y así se abrió el sistema, y hubo revuelta y hubo bajas, y hubo agresividad y represión y cárcel, y el sistema se conmocionó y la sociedad se conmocionó también porque muchos de sus hijos se enlistaron en la revuelta, y eran normalistas, y eran universitarios, y muchos eran profesores, directivos, catedráticos, y también había padres de familia, y madres también, y gente del pueblo que, con modestia y comedimiento, apoyaba la lucha política en aras del cambio, y el sistema cedía hasta que hubo razones para entender que la lucha política era ya fraticida y que de alguna manera se estaba dando entre hermanos, porque la tropa y el pueblo eran hermanos.

Pero las voces se alzaron, como ahora aunque las cosas entre esto y aquello sean tan diferentes. Y por eso se entiende que las voces se alcen, y por eso se entiende que el pueblo es el pueblo, que el mismo requiere de tranquilidad y de garantías de parte de sus gobiernos. Y por eso se entiende que en medio de tanta descomposición, enojo, indignación e incompetencia, haya voces, muchas voces dispuestas a decir YA BASTA...!!!, Si no pueden con la responsabilidad, RENUNCIEN a sus cargos...!!!. Y es cierto, la consigna debería ser escuchada y llevada plenamente a la práctica, de no ser porque estando como están las cosas, la misma no es suficiente.

Estimado lector, Fina lectora, una renuncia no puede ser interpretada sino como la aceptación tácita de incompetencia ante el cumplimiento teórico de un deber en el trabajo, o bien como la sana distancia que ocasionalmente y por ética debe ponerse frente al escritorio y frente al cargo, temporal o definitivamente, por una o varias razones o causas. En dicho marco, quien renuncia porque así se lo exige su propia conciencia merece consideración sin lugar a dudas. Por el lado opuesto, quien debiendo renunciar (porque resulte obvio que su estatura política no se corresponde con las exigencias y responsabilidades del cargo), no lo hace, sólo merece reprobación y denuesto porque queda claro que en su interior no existen ni valores ni principios, nada valioso ni nada importante que haga de la reflexión un poco de miramiento e indulgencia que permita en el individuo ver a uno probo, íntegro o confiable mínima mente.

¿Pero cómo distinguir una cosa de la otra, se preguntará usted probablemente? No es fácil, es cierto. Hoy en día existen tantos vicios y necesidades que en aras de poder cumplir con “el gasto”, “se traga sapos, sin hacer gestos” y tal cosa ha sido una constante. Una terrible y denigrante constante. Una que como maldición se ha apoderado de la mentalidad de mucha gente al grado de que se acuñaron frases como “Vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error” y sutilezas como esa. Y no, no es fácil distinguir gente, personas con calidad moral y capacidad para el trabajo, de meros y simples alcahuetes, oportunistas, bufones de todo tipo, arribistas y mequetrefes. Tan no es fácil distinguir gente valiosa de gente que no lo es, que hoy en día es mucho muy difícil ubicar gente con principios y con talento, en la medida de que, a falta de escrúpulos (entre mucha gente), todos tienden a parecer lo mismo, es decir, gente valiosa, gente decente, lo sean o no, desgraciadamente.

Por eso es que la voz cargada de dolor y de pena del empresario citado no va a dar ni frutos ni resultados, no al menos en la medida de las expectativas creadas hace días. Aunque tenga razón el hombre, aunque de suyo debieran renunciar muchas personas, desde funcionarios del gabinete federal hasta el propio presidente. Desde procuradores de justicia hasta gobernadores, pasando por mandos policíacos, lógicamente.

Desde agentes del Ministerio Público en el poder ejecutivo hasta magistrados y ministros de la Suprema Corte. Desde legisladores locales hasta legisladores federales pasando también por síndicos, regidores, alcaldes de todo tipo de partido y dizque presidentes. Pero usted dirá ¿Y qué va a ser de la conducción del país entonces? ¿Cómo vamos a seguir un rumbo determinado si renuncia tanta gente?. Y la respuesta sería: Habrá la manera, no todo está podrido en México, afortunadamente.

En las estructuras de gobierno también hay gente buena, gente honesta, gente competente, gente disciplinada con integridad y principios que a querer o no, espera la oportunidad para servir correctamente, competentemente, gente de bien que, preparada en las aulas universitarias, en las normales para maestros, en los institutos tecnológicos y politécnicos, o bien con toda una experiencia y una trayectoria de carrera en el propio servicio público, está a la espera de poder ser valorada y probada para demostrar que puede, que puede con el paquete, con las responsabilidades del cargo, no brindándosele la oportunidad porque en cierta forma no desea servir al sistema ni a grupúsculos políticos, sino al pueblo, lo cual ha complicado las cosas como puede entenderse.

Por estas razones es que UNA RENUNCIA en con-diciones caóticas como la nuestra no es más que una salida simple que, más que ser sólo aceptada, obliga a la reconsideración pues hay la percepción de que, más que aceptar renuncias de tanta gente incompetente, hay que ponderar la posibilidad de las sanciones. Sí, la posibilidad de la revisión justa de las cosas para proceder al deslinde de responsabilidades así como al fincamiento de las mismas porque una renuncia en condiciones tan terribles como deplorables sólo sería sinónimo de encubrimiento y algo como eso también es corrupción y por lo tanto un delito, aquí y en China, puede usted creerlo. Una renuncia puede ser interpretada como un acto de gallardía y de decoro de parte del funcionario que la presente. Una renuncia en las condiciones en que todo esto sale a la palestra no puede ser sino el inicio de una serie de medidas tendientes a corregir lo que de otra forma amenaza con más descomposición política, inseguridad, gatopardismo y caos.

Es todo.

Return to the Frontpage