September 5, 2008

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Disparándose en las Patas

“Nosotros no tenemos que ser políticamente correctos. Somos Republicanos”. Esta frase, que debía convertirse en histórica, viene de una tal Sandra McDade, delegada a la Convención Nacional Republicana por el estado de Louisiana, y se dio en una de las tantas sesiones de discusión previas al circo en que el John McCain aceptó la candidatura de su partido para la presidencia de Estados Unidos.

El concepto es fascinante. Ser “políticamente correcto” es la manera de decir que uno es sensible a los temas que una comunidad o grupo particular de la población se percibe a si mismo, e implica el uso de un lenguaje que estos grupos no encuentran ofensivos.

Para muestra basta un botón, pero dejen echar una sotana: no se dice “maricón” ni “homosexual”, sino “gay”; no se dice “negro” sino “afro-americano”; no se dice “vieja” sino “mujer”; no se dice “viejo” sino “envejeciente”; no se dice “inválido” sino “persona con discapacidad”, y no se dice “ilegal” sino “indocumentado”.

Y la cosa viene a cuento porque precisamente el tema a discutir era el de la inmigración (que según esta lógica no es “inmigración” sino “invasión”), y refleja el sentimiento de los delegados Republicanos sobre el tema. Con esta lógica, la plataforma de McCain para su campaña tendría que decir negros, viejas, maricones, viejos, inválidos e ilegales.

Pero el contexto de la frase era el “viejo” (¿habrá que decir “antiguo”?) debate de los “bebés-ancla”, término para referirse a los ciudadanos de Estados Unidos hijos de inmigrantes indocumentados. Discutían si los hijos de los ilegales merecen la ciudadanía gringa (chin… “estadounidense”), nomás por nacer en algún lugar entre el norte del Río Bravo y el sur de los Grandes Lagos y Glaciar Park.

Dice la Constitución, la 14ª Enmienda en particular, en su Sección 1, que “Todas las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos, y por lo tanto sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de Estados Unidos y del estado donde residen”. La discusión era si cambiar la Constitución por una que dijera algo así como “Para ser ciudadano estadounidense se necesita que por lo menos uno de los padres sea ciudadano de Estados Unidos y ninguno que haya violado las leyes de inmigración”.

Y Poniéndose Curitas…

Pero la propuesta no pasó. La plataforma republicana no tendrá la propuesta de la ciudadanía.

Ni pasó otra, discutida en otra de las tantas sesiones, que proponía que a los ilegales (digo, “indocumentados” [¡¡ya se me anda pegando lo Republicano!!]), no los cuenten en el Censo de 2010.

En la primera discusión, varios delegados se dieron cuenta de que la cosa de los bebés ciudadanos no es el problema, sino un producto secundario. Quitarle la ciudadanía a los bebés no resolvería la situación de los indocumentados, sino que solamente agregaría indocumentados a nuestras filas y agravaría la cosa. Desde acá, además, yo les recuerdo que la misma ciudadanía de McCain podría estar en entredicho, porque el tal candidato nació en Panamá… También alguien se dio cuenta de que McCain no apoya la idea de quitar las ciudadanías, y declaró llanamente que fue a la Convención a “elegir a McCain, no a ponerle trabas a su campaña”.

En la segunda discusión, la del Censo, la propuesta era contar solamente a los ciudadanos y residentes legales en el 2010, cortesía de un tal Kris Kobach, delegado del estado de Kansas. Ahí los delegados Republicanos se partieron por mitad.

Unos argumentaban que era correcto, no había que contarlos porque inflaban las cifras de población de algunos lugares y de algunos estados. Yo sospecho que en el fondo había algún problema de los “estados-grandes-contra-los-chiquitos”, la bronca de que California solita tiene más votos electorales que Washington, Delaware, Maine, Nueva Jersey, Ohio y Carolina del Sur juntos, y vivir con 5 millones de indocumentados en Califas influye a los votantes.

El caso es que al final, igual que en la primera propuesta, la mayoría de los delegados se puso un curita en la pata (digo, “votó en contra de la propuesta”), porque se dieron cuenta de que no es solamente problema electoral, sino económico.

Los pobladores de un estado, legales, ilegales, ciudadanos, maricones, viejos, viejas, inválidos y mocosos, determinan la cantidad de dinero que el gobierno federal tiene que darle a la administración para escuelas, salud, transportación y demás. Si la queja es que los invasores ilegales (“inmigrantes indocumentados”) hacen gastar mucho a los estados, esta propuesta era un doble escopetazo en la pata: si dejan de contarlos, dejan de recibir lana del gobierno a su nombre.

En resumen, se impuso la realidad sobre la estupidez.

Contacto Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com.mx

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