October 24, 2008

Comentario:

Tragedia de la economía

Por Humberto Caspa, Ph.D

La crisis financiera en Wall Street empieza a tener su efecto maléfico sobre la clase trabajadora. Uno de mis entrañables amigos me envió una nota a mi correo electrónico recientemente, y en ella me indica que su trabajo como editor y director de una sección comunitaria del periódico Los Angeles Times resumió esta semana.

Estoy seguro que cada uno ustedes, como yo, conocen a algún familiar o un amigo que perdió su trabajo debido a las circunstancias que presenta el mercado económico.

Noticias lamentables de este tipo abundan por todas partes. Empero, los alquimistas económicos de Washington no saben hasta cuándo vamos a tener esta situación deprimente.

Lo que si saben es lo siguiente. Los despidos laborales tienen una relación directa con la crisis que afecta al sector financiero, aunque algunas personas todavía piensan lo contrario a pesar de existir pruebas contundentes. Esta gente duda o tal vez no entiende la forma cómo caída de la bolsa de valores de New York repercute directamente en el bolsillo de la gente.

Hay veces es mejor ilustrar la situación con hechos que con una explicación teórica y aburrida.

Por ejemplo, todos sabemos que Lehman Brothers se declaró en banca rota el pasado mes. Para empezar, los afectados directos del mal manejo de sus administradores son los miles de trabajadores que trabajaban en esta empresa. Algunos que tenían buenas conexiones en el medio empresarial fueron contratados por otras organizaciones. Muchos, sin embargo, quedaron a la deriva y un gran porcentaje quedó sin derecho a percibir cuotas de desempleo.

Lehman Brothers fue prácticamente un conglomerado transnacional que invirtió capital en diversas áreas de la economía y generó, en su momento, mucho dinero a través de sus inversiones en equity loans (préstamos sobre el “valor líquido” de una casa), investigación, importaciones-exportaciones e inversiones bancarias, entre otros.

Su historial crediticio era bastante aceptable en Wall Street. En consecuencia, muchas entidades privadas (empresas y gente con un capital de inversión) y públicas (gobiernos municipales, organizaciones educativas, etc.) invirtieron en stocks de Lehman Brothers debido a su gran desempeño.

Es importante recordar que la gente o las empresas prefieren invertir su excedente económico en stocks en vez de depositarlo en una cuenta bancaria de ahorro, especialmente cuando existe un crecimiento económico sustentable, como ocurrió durante el gobierno de Bill Clinton y algunos años de la Administración Bush. La razón es muy simple. El primero genera más ganancias en intereses que el segundo.

Así, entidades privadas y públicas viraron un gran capital hacia Wall Street. Para no ir muy lejos, el gobierno de la ciudad de Costa Mesa, invirtió 5,000 dólares en stocks de Lehman Brothers. Mientras la empresa lograba jugosas ganancias, Costa Mesa y otros inversionistas hicieron también mucho dinero en intereses.

Con la revelación de la bancarrota de Lehman Brothers, las víctimas directas, aparte de sus trabajadores, son también inversionistas como la ciudad de Costa Mesa.

Las víctimas indirectas vienen en diversos colores y tamaños. En el caso de Costa Mesa, esos 5,000 podía haberse utilizado en el mantenimiento de las calles, creación de más parques recreacionales, en las organizaciones nolucrativas avocadas a las pandillas, etc.

Si analizamos la situación en forma más profunda, todas las personas afiliadas a esas pequeñas empresas potencialmente hubiesen podido beneficiarse con ese dinero. Algunas empresas que dependían de la generosidad de los 5,000 –como empresas constructoras—, a menudo reducen el número de trabajadores.

Es decir, algunas personas, como mi amigo de Los Angeles Times, resultan ser el efecto indirecto de la debilidad económica de sus empresas o de la crisis económica de otras entidades financieras de Wall Street que tienen algún tipo de asociación con sus empresas.

Entonces, la crisis económica se manifiesta desde arriba hacia abajo. En tal situación, lo mejor es gastar menos y ser más cuidadoso con el dinero, aunque, paradójicamente, nuestra frugalidad afecta también el crecimiento económico del país. ¿Qué curioso, no?

Dr. Humberto Caspa es profesor universitario. Autor del libro: “Terror en el barrio latino: La llegada de la nueva derecha al gobierno municipal.” E-mail: hcletters@yahoo.com

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