October 10, 2008

La Reina de National City

Por David Washburn

Para ser una casa de tus sueños, la casa de Janet Martinelli fue un poco confusa.

El barrio de National City tenía todo el encanto y los servicios de un barrio bajo. Una cuadra al oeste se encontraba una cadena de centros nocturnos y bares que se conocía como “Mile of Bars”. Al otro lado de la esquina estaba el Teatro Pussycat, un teatro sucio de películas que programaba cintas pornográficas hasta horas altas de la madrugada.


Janice Martinelli se ha dedicado por mucho tiempo a la causa de preservación historica y a ayudar a primeros compradores. Foto: Sam Hodgson

El ambiente estaba enredado de maleza y arbustos descuidados regados aproximadamente por una docena de vagabundos que vivían dos puertas abajo, lugar que no tenía ningún baño en funcionamiento. El estridente color blanco de pintura que cubría lo que tiempo atrás fue un bonito ladrillo, estaba descascarándose y la parte frontal del porche estaba hecho un desastre.

Pero en una mañana de agosto, en el año de 1978, la joven Janice Martinelli miró la casa en la ‘A’ Avenue y observó algo que ella había querido toda su vida: una pequeña pieza histórica que ella podía llamarla suya.

El lugar era Brick Row, National City; una cuadra de casas que en los años 1880’s había estado entre una de las ciudades más prestigiosas del Condado de San Diego. Las casas fueron construídas por líderes del ferrocarríl, quienes querían vivir en un barrio del Sur de California que les recordara sus raíces de la costa del este.

El siguiente siglo, sin embargo, no fue muy amable con Brick Row. Y así fue cuando Martinelli ascendió las escaleras de su casa esa mañana de verano; ella sabía que tenía mucho trabajo por delante de ella. Ella no sabía en ese momento que su proyecto de reconstrucción iba a llevarla a una relación amorosa de treinta años con National City y que además llegó a ser la catalizadora por la reconección del atormentado pueblo con su glorioso pasado.

Desde entonces, Martinelli ha echado la mano en salvar muchas casas históricas estableciendo el programa de la ciudad para personas que compran casas por primera vez; y trayendo a National City el Acta Mills, que provée un descuento de impuestos para personas que compran y que mantienen casas históricas.

Martinelli ha hecho mucho de este buen trabajo como presidenta de la Sociedad Historica de National City y como miembro de la Comisión Planificadora de la ciudad. Ella también lo está haciendo en formas más personales, ayudando a personas que ella conoce a su paso; personas que comparten con ella su pasión por la historia y sus valores.

En el año 2005, Yesica Cerda; una joven de 21 años de edad y estudiante de cosmetología de National City’s Bay Vista Collegue soñaba con algún día abrir su propio salón de belleza. Un día de febrero de ese mismo año Martinelli, la alta mujer de cincuenta y tantos años de edad con un pelo rojo enorme caminó por la Universidad buscando a alguien con el coraje de vencer la montaña de rizos en su cabeza.

Cerda se ofreció y terminó viendo su sueño convertido en realidad mucho antes de lo que ella podría haberlo pensado. Ella notó que Martinelli hojeaba una revista que destacaba la era victoriana y se dio cuenta que ella había amado el estilo victoriano desde que ella era una niña pequeña.

Un año más tarde, ella estaba viviendo en la segunda planta de una casa en Brick Row y en la primera planta de la unidad operaba el “Palace Salon”, un salón de belleza de estilo victoriano que hasta se notaba en los peinados de sus clientes. Esto no hubiera sido posible si Martinelli no le hubiera proveído el dinero para comenzar el negocio y además un lugar de trabajo y de vivienda para Cerda en Brick Row.

“Después de haber conocido a Janice, yo me he dado cuenta que ella ha ayudado a muchas otras personas en muchas otras cosas más”, dijo Cerda.

“Y yo sé que ella hizo todo esto desde su corazón, ella no estaba esperando nada a cambio”.

Carolyn Sipes dijo que para ella, conocer a Martinelli fue como “ganarse la lotería”. Las dos cruzaron sus caminos unos años atrás cuando Martinelli estaba solicitando voluntarios para la Sociedad Histórica de National City. Miéntras ella escribía la dirección de Sipes, Martinelli cayó en cuenta que la enfermera de Kaiser Permanente vivía en un apartamento.

Martinelli le ofreció a Sipes la oportunidad de rentar una propiedad histórica de la cual ella era propietaria; y dijo que ellas podían hablar de la posibilidad de que Sipes le comprara la propiedad a ella. Sipes terminó comprando la casa y Martinelli pagando los gastos de cierre.

“Yo tuve que encontrarme 500 dólares”, Sipes dijo de la compra de la casa. “Ella me dió una oportunidad que nunca habría tenido sin ella”.

Martinelli pasó la mayoría de sus días dando vueltas en su Toyota MR-2, algunas veces en un vestido victoriano, a alguna fiesta de té o a la alcaldía para encontrarse con — y algunas veces a pelear con — el alcalde Ron Morrison.

“Ella es una de esas personas que tu escuchas llegar por el pasillo”, dijo el alcade. “Ella gritará Morrison! y yo sé que tengo problemas”.

Martinelli puede ser brusca, dice Morrison y otros más. Y ella tiene el hábito de meterse de vez en cuando en donde ella no es precisamente requerida. Pero nadie cuestiona su entrega de restaurar el orgullo de National City.

Asi la llegada del siglo pasado National City era, en muchos aspectos, la joya del Condado de San Diego. Incorporada solo seis meses después de la Ciudad de San Diego, ella era el hogar de un puerto, una terminal de ferrocarril y de acres y acres de tierra fértil.

El nacimiento de la ciudad puede ser rastreado con la compra en 1868 de Frank Kimball de la propiedad El Rancho de la Nación de 26,000 acres por $30,000. National City fue incorporada 19 años más tarde en medio del primer gran boom inmobiliario de California del Sur.

Personas acaudaladas del Norte de California y de la Costa del Este se congregaron en la ciudad, buscando incluso una mayor riqueza del ferrocarril, de la construcción de edificios, de cítricos y de otras frutas y vegetales cultivados. Y cuando ellos vinieron construyeron iglesias, casas, y salas de música que convence con su estatus.

El siglo XX, sin embargo, no se presentó en National City tan amable como la última mitad del siglo XIX. Mientrás el Puerto de San Diego se expandía con el desarrollo de Seaport Village, the Gaslamp Quater y el Centro de Convenciones, National City se convirtió en donde ellos ponían astilleros y bodegas.

Para el tiempo en que Marinelli se mudó a Brick Row a finales de los años setentas, la ciudad tenía una de las tasas más altas de crimen y los más bajos ingresos medios de la Ciudad de San Diego, y tenía el nombre “Ciudad Sucia”.

Después que la ciudad enfrentó una muy cercana bancarota a mediados de los años sesentas, el alcalde Kyle Morgan, y George Waters, quien lo presidió a él, se enfocaron en energía y en la expansion del impuesto de ingresos de la ciudad. Los resultados son Mile of Cars y el centro comercial Plaza Bonita.

“Nosotros incrementamos el impuesto de venta desde $500,000 hasta un poco menos de nueve millones de dolares mientras yo estaba ahí”, dijo Morgan, quien su reinado como alcalde duró desde 1966 hasta 1986.

Pero el enfoque en los nuevos impuestos no permitió ponerle atención al pasado de la ciudad. Nuevos concesionarios de autos, centros comerciales significaban menos tiempo y capital político que preservar casas y edificios que casi se aproximaban a sus cien años de antiguedad.

“Cuando yo tomé la oficina, yo no me preocupé por cosas históricas por un rato”, dijo Waters, Alcalde de National City desde 1986 hasta el año 2002. “La gente simplemente no quería gastar dinero público en cosas históricas, estas cosas eran pasadas por alto”.

Un poco después de moverse a Brick Row, Martinelli había obtenido una licencia de bienes y raíces. Y por los siguientes años comenzó a especializarse en casas históricas. Para finales de los años ochentas ella había comprado tres casas en Brick Row.

Ella también se convirtió en una aficionada de las ciudades clásicas victorianas como la casa de Oliver Noyes, que fue construida en los 1890s por el jefe de la oficina de correos de National City y que en años más recientes su dueño fue John Walton, heredero de la fortuna de Wal-Mart.

Muy a menudo, ella se dió cuenta que importantes casas antiguas estaban siendo demolidas o que su valor histórico se arruinaba con trabajos de remodelación.

“La ciudad vendió muchos permisos para demoler y para remodelar edificios antiguos, sin saber la importancia histórica de estos edificios”, dijo Martinelli.

Ella se involucró con la Sociedad Histórica de National City, la cual a mediados de los años ochentas tenía en el banco $300. Sus miembros gastaban la mayoría de su tiempo realizando ventas de pasteles para beneficiar la Sala de Música Granger, construída por Ralph Granger, un minero de plata que se hizo rico en Colorado.

Martinelli, quien ahora es la presidenta de la Sociedad Histórica, comenzó en los años 1980s a establecer una red entre la organización, la ciudad y los propietarios de casas antiguas. Eventualmente una política fue adoptada, la cual requería que la ciudad notificara a la Sociedad Histórica antes de entregar un permiso de edificios antiguos con más de 50 años.

Brad Raulston, el director de la comunidad de urbanizacón de la ciudad, dijo que los esfuerzos de Martinelli han beneficiado a la ciudad a embellecer las casas antiguas.

“Si se hace de una forma correcta, es una herramienta de desarrollo económico,” dijo Raulston, quien también vive en Brick Row. “Usted ha visto lo que el barrio Gaslamp ha hecho por San Diego — usted tiene una atracción que la gente vendrá a ver y a gastar dinero”.

Así como ella se fue envolviendo con la Sociedad Histórica, Martinelli la agente de bienes y raíces se dio cuenta de una oportunidad. A principios de los años noventa, la tasa de personas propietarias de viviendas en National City se mantenía en un 30 por ciento, y disminuía año con año.

“Ustedes deberían comenzar un programa para personas que compran casas por primera vez”, ella recuerda diciéndoselo al concejo municipal. “Ellos dijeron, está bien, nosotros necesitamos tu a-yuda”.

Entonces, con Martinelli como la catalizadora, la ciudad lanzó un programa en 1994 que eventualmente ayudó a 200 familias brindándoles a las personas que compran casas por primera vez un bajo interés en segundas hipotecas que cubrían el pago inicial y los gastos de cierre. En total, el programa entregó más de $3.3 millones en préstamos.

“Usted ha visto la mejora en los barrios”, dijo Morrison. “Nosotros subimos la taza de propietarios de vivienda a más de 32 por ciento — el cual es muy significante cuando se toma en cuenta el número de residentes en la ciudad”.

La ciudad acabó el programa en 2002, porque los precios de las viviendas iban ascendiendo tan rápido que la ciudad no podía más seguir financiando la segunda hipoteca. Sin embargo, con la caída del mercado actual la ciudad está planeando retomar el programa en el próximo año fiscal, dijo Morrison.

Miéntras el programa para personas que compran casas por primera vez llevó a Martinelli a la periferia del gobierno de la ciudad, fue la tienda de libros pornográficos que la puso a ella en el centro del escenario.

En 1985, la tienda de Libros de Chuck se mudó por detrás de Brick Row. Además de vender libros y revistas para adultos la tienda ofrecía espectáculos eróticos. Y desde su porche trasero, Martinelli tenía plena vista de todo lo que pasaba por la tienda.

Ella fue a la alcaldía y encontró que la tienda estaba operando sin licencia y estaba violando las leyes de la ciudad por operar durante la noche.

La ciudad pronto comenzó una batalla, que duraría 6 años, por cerrar la tienda pornográfica, con Martinelli como la testigo residencial principal. Su participación le trajó muchas amenazas, dijo ella, así como la perdida de muchos inquilinos.

“Yo tenía mis llantas del carro rajadas, y notas de amenazas en mi puerta”, dijo ella de la terrible experiencia que no terminó hasta que la Corte Suprema de California dictó en 1992 que la tienda debía de cerrar permanentemente. “Todos los demás o se mudaban a otro lugar o vendían su propiedades.”

Martinelli no solamente sentó raíces en Brick Row, sino que también terminó en la Comisión de Urbanización de la ciudad sirviendo desde 1992 hasta 2006. Y en 2002, ella lideró el comité que trajó el acta de Mills a National City.

El acta provée un descuento de impuestos para los dueños de propiedades históricas que prometen mantenerlas en una forma que conserve su significado histórico. Doce casas en la ciudad son ahora propiedad del Acta de Mills.

En 2005, Martinelli se embarcó en uno de sus más ambiciosos esfuerzos hasta hoy día. Ella se dió cuenta que la casa Hawken, una artesanía construida en 1912 por una de las familias más prominentes, estaba a punto de ser vendida a unos promotores inmobiliarios que tenían planes de demolerla y de construir un complejo de apartamentos. Además, en la propiedad se encontraban tres casas con un estilo llamado: “Streamline Moderns”, un estilo arquitectónico que prevalecía en los años 1940s.

Luego después de saber del trato pendiente, Martineli propusó una oferta de $1.2 millones por la propiedad. Ella refinanció una de las casas de Brick Row y vendió otra para poder pagar el pago inicial. Y desde entonces, dijo, ella ha puesto todos los ahorros de su vida reconstruyendo casas.

“Esta es una de las artesanias más finas de San Diego,” dijo Martinelli. “Yo no podía soportar verla ir”.

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