November 26, 2008

Análisis

El accidente...

por Dagoberto Márquez

Juan Camilo Mouriño fue el secretario del gobierno federal más joven probablemente. Como la espuma y no obstante las sospechas que privaron en su contra, llegó y se mantuvo en la secretaría de Gobernación. Tal cosa lo condujo a la muerte. El accidente en que perdió la vida junto a José Luis Santiago Vasconcelos y más gente fue eso precisamente, un accidente que derivado de cómo fueron las cosas, este opinante no tiene porqué entrecomillar.

El avión de que tanto se ha hablado, si bien no era un aparato en estricto sentido nuevo, sí era una aeronave confiable, seminueva así como con un record de mantenimiento de lo más normal. Su caída fue objeto de factores entrelazados pero la causa más probable fue la inexactitud en el pilotaje a la hora de aproximarlo a la recta final. Todo esto combinado con una maniobra inesperadamente brusca que llevó a todos a su picada. Por lo que se entiende, el vuelo a San Luis Potosí y el regreso mismo fueron de lo más normal, con excepción -claro- de los instantes en que se perdió el control. En una hipótesis que podría ser com-batida seguramente, es posible decir que si Mouriño no hubiera sido tan exigente, la tripulación bien pudo haber ido más despacio, lo cual pudo haber modificado el orden de cosas a la hora del vuelo para aproximación. Sin embargo, el tren de vida, de arrogancia y de trabajo en que se encuentra mucha gente del régimen, obliga a pensar que, más que por exigencia y eficacia política, es por nerviosismo por lo que algunos tratan de que las cosas no salgan tan mal, creándose momentos y tensiones que de otra manera podrían manejarse mucho mejor.

El resultado de tanta presión llevó sin duda a la dramática toma de decisiones que al final de su jornada llevó al Learjet 45 al desastre. Su caída en un ángulo y proximidad a tierra que no permitía la corrección de nada, le llevó a estrellarse a un promedio de entre 350 y 500 kilómetros por hora, por lo que puede usted entender que de la vida y del horror momentáneo pasaron a la nada y a la muerte en sólo unos segundos.

Estimado lector, Fina lectora, los accidentes no ocurren por casualidad. Por lo que se entiende, los accidentes aéreos se ligan a un conjunto de errores catastróficos que, una de dos, o se relacionan con deficiencias en la tecnología y el mantenimiento, o bien a un erróneo proceder humano pudiendo ser esto último, o error de pilotaje, o error de control desde tierra, también. Un accidente aéreo se asocia a miles de litros de combustible, impactos fortísimos, incendios, fierro retorcido y candente, enormes temperaturas y destrucción, algo que para el ser humano es fatal de necesidad. El accidente donde perdió la vida el ex secretario de Gobernación no fue la excepción.

A reserva de lo que usted piense y aún tratándose de un asunto donde la ignorancia entre la gente en relación con la aviación de todo tipo es mayoría, va de esta forma una modesta pero seria opinión. Esta es, de buena fe, la siguiente.

Punto número Uno: En mi entender, el secretario Mouriño no debió apresurar a la tripulación del avión. Total, si llegaba retrazado a la reunión que sostendría al llegar a la ciudad de México no implicaba problema alguno pues como está visto, mejor 10 minutos tarde que no llegar jamás. En alguna medida la arrogancia de que se hizo gala propició lo que segó la vida del ex secretario.

Punto número Dos: La caída del Learjet 45 no parece haber obedecido a agresión humana alguna. Si atentado hubiera sido, su caída habría ocurrido antes, a medio camino probablemente, minutos después del despegue en SLP tal vez. Hablar de atentado como se ha hecho es no sólo especular sino mostrar una profunda ignorancia también. Como aquello de citar hasta el cansancio el término “avioneta” en lugar de avión ejecutivo, jet ejecutivo o turbo reactor. Para conocimiento vuestro éste opinante no tuvo duda desde la noche misma del siniestro y así lo ha comentado, desde el principio incluso. Accidente. Error de pilotaje por lo que se ve. Eso fue y no otra cosa, puede usted creerlo. La información de las cajas (negras) así lo han confirmado. No hubo ni desperfecto ni rompimiento de nada. No hubo explosión previa ni incendio en los sistemas ni falta de sustentación. No hubo pérdida de presión hidráulica, ni falla en los estabilizadores ni en los motores (turbinas) los cuales funcionaban a la velocidad normal hasta el final.

Lo que sucedió pudo tener relación con una falla humana combinada con velocidad inmoderada al entrar al corredor aéreo por donde tenían que sobrevolar. Lógico, la turbulencia de un avión pesado que aterrizaría poco antes pudo haber sido un factor de desestabilización pero la nave accidentada pudo haber abortado la maniobra (de aproximación) para volver a tomar altura, volar y sobrevolar el DF e intentar la aproximación nuevamente, no haciéndolo, muy probablemente por la confusión y la prisa imperante en el avión. En esa lógica y volando ya sin piloto automático, la súbita inclinación y el cambio de rumbo obedeció (seguramente) a una maniobra de inclinación excesiva (del piloto), no pudiendo ni levantar la nariz de la aeronave ni levantar el propio vuelo ni corregir nada de nada no obstante los esfuerzos del piloto mismo y del copiloto del avión. Todo en apenas algunos segundos. Todo esto terminó por hacer perder totalmente el control del aparato el cual ya se enfilaba a tierra, incrementando incluso su velocidad producto de la caída en práctica picada, hasta estrellarse. El Learjet 45, si bien no era nuevo, si era seminuevo y en lo general una nave segura, confiable de acuerdo a los estándares de fabricación, desempeño e inspección internacional. Lo grave de la explosión y del incendio al estrellarse obedeció a la gran cantidad de combustible que aún traía en los tanques. Otro error.

Punto número Tres: El accidente y la pérdida del ex secretario Mouriño cambia la perspectiva del gobierno encabezado por Calderón. La cambia porque Mouriño significaba la confiabilidad absoluta para el número uno de “Los Pinos”. La cambia porque Mouriño, al colaborar con Calderón como lo hizo, daba certeza al presidente, en alguna medida, certeza en términos de confianza e incondicionalidad, lo cual, ante su ausencia, modifica las cosas. Tales cosas son los trabajos que venían haciendo y los que tenían en mente para hacer salir los mismos como lo tenían previsto. La muerte del ex secretario (por lo tanto) trastoca todo, ubicado ese “todo” como un conjunto de asuntos de difícil naturaleza frente a un panorama de espectro por demás impredecible pues la lealtad del ex secretario ante Calderón y la pérdida de su persona desubica y desestabiliza la política que se venía siguiendo, lo cual quiere decir que en lo sucesivo todo tendrá que resolverse sobre la marcha además de que todo tenderá a dificultarse, todavía más, mucho más de lo que ya a estas alturas les estaba resultando.

En suma, el accidente que segó la vida del ex secretario de Gobernación dificulta la maniobra, el margen de maniobra, la acción política a seguir, el futuro inmediato, la próxima sucesión para el PAN, el futuro de Calderón como presidente y después como ex presidente también. El difunto Mouriño fue el operador político para cooptar gente de las diversas expresiones en torno de la todavía llevada y traída maniobra en relación al petróleo de México. Esto quiere decir que, además de todo, el fatídico accidente plantea también un conjunto grave de funestas y probables consecuencias políticas lo cual no vamos a analizar el día de hoy.

Estimado lector, Fina lectora, las cosas en esta vida no suceden sino como el lógico resultado de nuestras propias acciones. El accidente del avión ejecutivo donde viajaba el ex secretario Mouriño sucedió porque la tripulación venía presionada, seguramente. No obstante lo ocurrido y lo señalado ahora, no puede dejar de exigirse una investigación rigurosamente técnica que, apoyada por toda la tecnología y el conocimiento posibles, proporcione certidumbre a todo lo ocurrido. Sobre todo porque además de la importancia de dos de los fallecidos, el número de víctimas aumenta.

Finalmente ¿Cómo decir a los pequeños hijos de Juan Camilo que su papá ni fue un héroe ni tampoco un servidor público esforzado por el bien de patria alguna? ¿Cómo decir a esos niños que su papá se enroló en un muy grave conflicto que, turbio y peligroso porque la corrupción política lo envolvía, no le permitió el salir airoso no importando medidas de seguridad y de resguardo que ocasionalmente no funcionan para salvar vidas ?

En fin, que descanse en paz, él y todos los fallecidos, y que la vida siga porque las cosas y las presiones continúan, nos guste o no...

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