November 26, 2008

Reforma migratoria es parte de la economía

Si Barack Obama quiere arreglar la economía, entonces tendrá que considerar la inmigración

Por Eduardo Stanley

FRESNO — Los migrantes se movilizan en búsqueda de empleos que no encuentran en sus paises de origen, a pesar de que los mercados están regulados por las mismas leyes, como se puede apreciar en estos momentos, donde la crisis es también “global”.

En Estados Unidos, los “sin papeles” pagan impuestos pero no acceden a ningún servicio social; no pueden reclamar su jubilación (aunque de sus cheques salen los aportes al Seguro Social), no reciben reembolsos de sus impuestos, ocupan espacios sociales marginales y movilizan un amplio sector de la economía como consumidores.

Pero su principal aporte es su trabajo, la plusvalía que generan en sectores de la economía que a los estadounidenses no les atrae: construcción, empaques y agricultura, entre otros.

Por ejemplo, tanto es el aporte de los indocumentados, que cuando la industria de la construcción entró en crisis hace casi dos años, miles de trabajadores fueron despedidos sin que pudieran cobrar seguro de desempleo —gracias a su situación de “indocumentados”— con el consiguiente ahorro de millones de dólares para la industria y el gobierno.

La agricultura del Valle Central de California, que representa unos 18 mil millones de dólares anuales, descansa sobre el trabajo intensivo de unos 250,000 trabajadores que ganan el salario mínimo, en condiciones precarias y con empleos en su mayoría temporales. En condiciones ideales, y considerando $8 por hora (el salario mínimo de California), un jornalero agrícola recibiría $18,500 dólares al año si trabajara de tiempo completo. Según el gobierno federal, el nivel de pobreza de 2007 para una familia de cuatro miembros es de $20,650 dólares al año.

En resúmen, los indocumentados contribuyen a la economía estadounidense en cuatro áreas: pagan impuestos (sin recibir casi nada a cambio), producen (aportan altos niveles de plusvalía con su trabajo), consumen (y al hacerlo también pagan impuestos) y aportan a la expansión económica.

En este ultimo aspecto, lo que muchos presentan como un “gasto” es en realidad parte importante de la expansión del mercado interno en la forma de, por ejemplo, nuevas escuelas o nuevos servicios que a su vez generan más empleos.

En momentos de crisis económica los inmigrantes cargan con las culpas. Sin embargo, la migración es un fenómeno causado por desigualdades socioeconómicas que ellos no crearon y de la cual se benefician las empresas.

Por esta razón, cuando la nueva administración considere sus medidas para activar la economía, la inmigración debe ser parte importante de éstas.

Una reforma migratoria que permita a miles de “indocumentados” integrase a la sociedad ayudaría de manera directa a la reactivación de la economía. Sin temores, los nuevos residentes gastarían parte de sus ahorros que ahora temen invertir debido a las deportaciones. Muchos establecerín sus propios negocios, algo que ya ocurre pero de manera informal.

De acuerdo a testimonios de familias indocumentadas entrevistadas recientemente, éstas están gastando lo mínimo y no planifican a largo plazo.

Una reforma migratoria amplia seguramente contemplará un programa de trabajadores temporales, que de todas maneras ya existe. Asimismo, la industria agrícola presionaría por dicho programa.

Pero lo más importante, esta reforma deberá ir a la raíz del problema y crear un “Plan Marshall” para desarrollar las economías de países como México y otros de Centroamérica.

Por ejemplo, en el caso de México, sus administraciones de los últimos años estuvieron encabezadas por funcionarios formados en universidades de Estados Unidos y quienes han seguido fielmente los dictados de Washington. Y esto significa, entre otras cosas, garantizar un “suplus” de mano de obra barata y abundante a ambos lados de la frontera. Como ejemplo, el Tratado de Libre Comercio de 1994, entre Canadá, Estados Unidos y México, se “olvidó” de reglamentar la mano de obra transnacional.

Pero la actual crisis económica demuestra que este modelo no puede seguir funcionando debido a las catastróficas consecuencias. Es hora de un cambio. Una reforma migratoria integral significa no solo permitir que un puñado de indocumentados logren su residencia en Estados Unidos sino también que las sociedades que los expulsan empiecen a desarrollar sus economías y a generar empleos y condiciones de vida dignas y justas para su propia gente.

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