November 14, 2008

Los tiempos de Obama y Miriam Makeba -Mamá Afrika, Mamá Tierra, Mamá Diáspora

Por María Dolores Bolívar, PhD

I

“Pata Pata” is the name of a dance... we do down Johannesburg way.

And everybody ... starts to move ... as soon as Pata Pata starts to play - hoo ...

Los tiempos son el cúmulo de los acontecimientos. Las coincidencias y los grandes momentos no son hilados sino a partir de nuestras reflexiones. Pero todo tiene una historia, un escenario que le da vida, una memoria, una canción, un antecedente.


La leyenda cuenta que todos vinimos de África

Yo debo haber sido una niña cuando Miriam Makeba popularizó Pata Pata en todo el mundo. Su ritmo pegajoso y su pregón la volvieron el éxito —el hit— de varias generaciones. Makeba llegaba a los corazones de millones, aunque no a los de su natal Sudáfrica, de donde el color de su piel y su disidencia política la habían expulsado. En vida, Makeba prometió cantar hasta la muerte y lo cumplió. A los 75 años llevó su ritmo hasta un escenario de Nápoles donde, sin previo aviso, tomó la escalera hacia el cielo. Esta señora del canto apoyaba así, antes de darnos el último adiós, el tributo rendido a seis inmigrantes de Ghana muertos en la misma ciudad italiana, víctimas de un tiroteo.

La música de Makeba, a menudo unida al eco sensible de otros cantantes como Harry Belafonte, Nina Simone, Enoch Sontonga, Paul Simon, Hugh Masakela , queda como testimonio de una gesta musical que dio voz a los del exilio de Sudáfrica y a través de una región y un continente a otros exilados de la tierra. Makeba vivió más de 31 años de destierro. Nelson Mandela la llamó Mama África. Hoy, su canto da voz, también, a quienes el exilio lleva a padecer pobreza, marginación, desempleo.

No habrá sobre la faz de la tierra ningún adulto que no haya escuchado Pata Pata, ese último número largo —en remix— que nos dejó para el recuerdo. Pero otros ritmos de esta fabulosa trovera de la música pregón de Africa llenan también mis nostalgias: N’Kosi Sikeleli Africa (himno de la Sudáfrica liberada del Apartheid) y Soweto Blues de Hugh Masakela (un canto de pasión por los niños mártires de Soweto asesinados en 1966). Sólo ella, con su particular estilo sabía levantar al público en una sola ola humana capaz de oponerse al racismo propiciador de desigualdad.

Y debe estar cambiando el mundo pues en Estados Unidos, donde el separatismo era oficial, no hace mucho, un afroamericano ha llegado a la Casa Presidencial.

II

La Tierra (en español tam-bién significa la casa, el lugar propio)

La noche del 4 de noviembre el nerviosismo hizo presa de mí. Para espantar los malos pensamientos me fui al cuarto piso de la librería de la universidad donde trabajo para pegarme (literalmente) a la televisión, hasta que esta arrojó los primeros resultados. Con 364 votos electorales y 53% del electorado, es decir, 66 258 348 millones de votantes —cinco millones más de votos y una diferencia de 78 votos electorales con respecto de George Bush que sólo alcanzó 286- Barack Obama llegó a la Casa Blanca sin que hubiera la menor sombra de duda. Su contrincante, John McCain, concedió el triunfo casi inmediatamente después de cerrarse las urnas en el Oeste del país. Obtuvo McCain tan sólo 163 votos electorales. Su compañera de fórmula, Sarah Palin, no consiguió levantar el entusiasmo del votante independiente. Privó entre el electorado la desilusión por el estado actual de la economía y el modo como éste se entrevera con la marginación de prácticamente todas las minorías, quienes dejan en claro hoy que, juntas, pueden significar grandes cambios.

No recuerdo una expresión masiva, en elecciones, semejante a la que se dio en Grant Park Chicago, a los ojos de millones que seguían los resultados desde el televisor. Algo pasó en el cosmos, pues no esperamos —comiendo ansias— como en otros tiempos. La concesión temprana nos permitió dejar que se desbocaran las emociones. El llanto y el festejo fueron los primeros signos. ¡Uy! Vivir así, la historia, inquieta, inspira, levanta.

“Si queda alguno que dude de que América es el lugar donde todas las cosas son posibles; que todavía se pregunte si el sueño de nuestros fundadores está vivo, quien todavía cuestione el poder de nuestra democracia, esta noche es su respuesta”.

“If there is anyone out there who still doubts that America is a place where all things are possible, who still wonders if the dream of our founders is alive in our time, who still questions the power of our democracy, tonight is your answer.”

Barack Obama

Hay mucho que sanar, pero la vuelta ésta del destino es suficiente para inspirar confianza. No sé si todos los estados sean parte de la euforia que se vivió en California. Para el día siete de noviembre, en San Francisco, seguía la fiesta.

III

La Diáspora

Hay un punto en que no se sabe cuando se está en San Francisco, a más de ocho horas de la frontera con México o en East Lake o Chula Vista. Por las calles repletas de paseantes con perros —a la moda de la Bahía— domina el ambiente de ciudad diversa. Mi lindo Yucatán, artesanías de los muertos, una procesión encabezada por un grupo de concheros haciendo conjuro de copal e iluminados por las velas de una treintena de seguidores. Y en el restaurante al que entramos para tomar un vino, partiendo plaza, el guitarrista que nos cantó Cielito Lindo y Puño de Tierra, por una módica contribución. Debe haber sido de Zacatecas, pues cuando preguntó Raquel si se sabía La cama de piedra le contestó que no la tenía en su repertorio.

Y pues así celebrábamos los resultados de las elecciones. Ahora habrá que romper con las fronteras entre las razas. Si existen los muros entre las naciones; los colores y las prendas entre los géneros; las obsesiones narrativas entre los ricos y los pobres. ¿Qué hay entre las razas? Esa inmediata alienación que se percibe cuando se va de barrio a barrio por una ciudad como San Diego, por las calles, los supermercados, las tiendas, los parques. Unos aquí y otros allá.

No sé qué pasará con el fenómeno migratorio. Algo, tal vez… que comencemos a verlo en su total dimensión. Pero uno y otro, la migración y las razas no son ajenos. Emigran los hombres y las mujeres de África. Van hacia el continente europeo en busca de fuentes de trabajo. Emigran los hombres y las mujeres de Asia. Viajan a América, también vía Europa. Emigran cientos de bereberes por los estrechos que desembocan en la costa del sol. Las embarcaciones llamadas pateras son dignas del medievo o de los tiempos de la esclavitud y los piratas.

En América, la diáspora masiva avanza y va en aumento. Viajan los argentinos, los de Bolivia, los de Perú, los de Ecuador, los de Colombia. En Centroamérica las huestes de emigrantes se confunden de modo tal que toma expertos colegir su origen. Son de Honduras, de El Salvador, de Nicaragua. En suma, la crisis internacional consiste en un sistema que cierra los círculos del poder a los más y así los lanza a su propia suerte, debiéramos decir orfandad. ¿Muros? ¿Diques? ¿Armadas en embarcaciones? ¿Claraboyas luminosas? Nada parece detener la oleada de los “sin trabajo”. Porque los “sin papeles” primero son hombres y mujeres “sin trabajo”.

Y Barack Obama, el hijo de un inmigrante de África y una mujer de Kansas, es hoy el presidente de este país de oportunidades, que sin embargo escasean para los más; porque hay quienes las pretenden cercar mediante un muro gigantesco. Obama re-presenta lo mismo a los hijos de padres inmigrantes, que a los jóvenes crecidos en hogares encabezados por madres solteras. A los inmigrantes que padecen hoy la xenofobia; a los millones de votantes que avalaron su candidatura, votando.

Algunas de las lecciones de Sudáfrica sirven de ejemplo para otros sitios de la tierra donde se piense que pueden vivir los seres humanos divididos, en ghettos, barriadas, secciones, centros, suburbios… como si se pudiese crear mundos aparte en la era de la comunicación digital instantánea. Entonces, Miriam Makeba nos ha dejado ese canto maravillosamente sanador, en su partida tributo a los inmigrantes de Ghana, de todo el mundo.

Nota: Mama Afrika, tus incansables esfuerzos en pro de los derechos humanos jamás se olvidarán!

Return to the Frontpage