November 7, 2008

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Una Injusticia Olvidada

Más de una vez por ahí me ha tocado decirle a la gente que lo que hay que hacer no es recordarle la historia a nadie, sino que hay que enseñárselas porque no la saben. Y lo que no se sabe no se puede ni recordar ni olvidar.

Ese es el caso de una injusticia cometida allá por los años 1930, y que no forma parte de la historia “oficial”, la que se enseña en escuelas o cualquier otro lugar de educación formal.

Pero sucedió, y se ha estado rescatando poco a poco. Es el tema precisamente del documental “Una Injusticia Olvidada”, que acaba de estrenarse en una sala de proyecciones poco conocida, el Instituto Cervantes en Chicago.

Es una obra de Vicente Serrano, y la principal protagonista es ni más ni menos que su abuelita. No es pero si es una historia de familia. Es porque se trata de un tema de la familia de Vicente, y también es familiar porque le sucedió a muchísimas más familias, así que es un tema familiar por ser común de muchos. Y no es familiar por lo poco que se sabe al respecto.

A la abuelita de Vicente le sucedió una cosa que ahora se está poniendo otra vez de moda: habiendo nacido en Estados Unidos y siendo, por derecho constitucional ciudadana estadounidense, la “deportaron” por ser mexicana.

Es un contrasentido, claro, pero así fue como fue.

Entre 1930 y 1935, amparados y bajo pretexto de que la Gran Depresión había causado un tremendo desempleo, Estados Unidos se inventó la teoría de que “había demasiados trabajadores inmigrantes”, y que había que deshacerse de ellos. En total se calcula (y esa es la cifra que maneja el senador estatal californiano Joe Dunn), se deshicieron de 2 millones.

Nomás que no todos eran inmigrantes. Se calcula también, nunca habrá datos exactos, que 1 millón 200 mil de los tales inmigrantes no habían inmigrado a ningún lado y no venían de ningún lado, porque habían nacido aquí. Entre ellos estaban la abuelita y el tío abuelo de Vicente.

Una Injusticia Repetida

No es que los que sí eran inmigrantes fueran indocumentados, dice Kevin Johnson, maestro de derecho de la Universidad de California, Davis.”La mayoría eran legales porque era muy simple entrar legalmente”.

“Necesitamos sus trabajos para los ciudadanos estadounidenses”, escribía un tal C.P. Visel, del Comité Ciudadano de Los Ángeles para al Coordinación del Desempleo, y felicitaba al Secretario del Trabajo de entonces, William Doak, “por el éxodo de los extranjeros deportables y los que han sido asustados para salir de nuestras comunidades”.

“La consigna se ha difundido”, dejó por escrito George Clements, jefe de la Cámara de Comercio de Los Ángeles, “y se está cumpliendo al pie de la letra: No contraten mexicanos hasta que el último hombre blanco tenga un trabajo. El estado legal de los mexicanos no debe tomarse en cuenta. Es una cuestión de color de piel, no de ciudadanía o de derechos”.

Y tan era de color de piel, que no hubo deportaciones masivas de otros inmigrantes de la época, rusos, alemanes, suecos o italianos, aunque la de-patriación (porque no fue re-patriación), no solamente sucedió en California, sino que se extendió hasta Oklahoma, Michigan, Ohio e Illinois.

Cualquier coincidencia con los Michael Chertoff y Lou Dobbs y Minuteman de ahora será pura coincidencia…

Para los interesados, mi recomendación es que se las ingenien para ver el documental, que además compara la situación de la Gran Depresión de los 1930’s con la actual, y pone en evidencia que los argumentos de los anti-inmigrantes son (no nos sorprende), idénticos. Visite la página de la Web http://aforgotteninjustice.com/ pa’ darse color.

Y de remate, piense en esto: un millón 200 mil ciudadanos gringos “deportados” en los años 1930’s, cuando eran chiquitos, fácilmente pueden haber tenido, digamos, tres millones de hijos, según la costumbre de tener más de un chamaco en aquellas décadas. Y de perdida, esos tres millones de hijos deben haber tenido, digamos, unos seis millones de chamacos.

Es un número interesante. Ni son todos los que están ni están todos los que son, pero viene a coincidir con el número de los inmigrantes mexicanos llamados indocumentados en Estados Unidos por estos días.

Por decirlo de alguna manera, es muy posible que entre esos seis millones haya un titipuchal de Vicentes Serranos, nietos de ciudadanos estadounidenses, hijos de personas que debieron ser consideradas ciudadanas estadounidenses. Estírele tantito, y casi casi podemos exigir la ciudadanía inmediata para bastantes millones de “ilegales”…

Contact Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com.mx

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