November 7, 2008

Hispanos sin Hogar en Nueva York con un Futuro Sombrio

Por Mariana Martínez

Nueva York está a 11 grados centígrados, el viento frío se cuela por los huecos de los abrigos de las bellas mujeres que en tacones, recorren la zona Oeste de la isla en busca de la última moda.

Justo a la entrada de una de las tiendas más famosas de Nueva York, Failines basement, en la calle 79 y Broadway se encuentra una figura obscura y sucia, los mocos transparentes escurren de su nariz helada y a su lado un cartón que dice “Homeless please help” (sin hogar, ayúdeme por favor).

El es Juan Carlos González, tiene 30 años y desde que tiene 15 años le colocaron un tornillo en el tobillo derecho, luego de un accidente de auto.

Originario de Manta, en Ecuador, llegó a Nueva York hace cuatro años por medio de una visa de trabajo. Desde entonces trabajaba instalando ducto de aire acondicionado para una compañía contratada para muchas de las grandes construcciones de Manhattan.

“Yo vengo de un lugar con las calles de arena, usted sabe…Nueva York parece siempre como de película, es muy bonito”. Hasta hace unos meses, Juan Carlos tenía un departamento compartido con un par de amigos, cuentas de banco, dinero para mandar a casa y hasta para sus cervezas el fin de semana.

En un trabajo de ductos en un rascacielos, Juan Carlos sufrió un accidente en el que se lastimó el brazo, pero además, se volvió a lastimar la pierna donde ya tenía el tornillo.

“En el trabajo me pagaban fuera de los libros, porque así siempre pagan en la construcción y en ese tipo de trabajos, nunca pagan con contrato y lo cogí así ...” se lamentó.

Luego del accidente, su empleador le pidió a Juan Carlos no decir en el hospital que era accidente de trabajo, él mintió y dijo que se había caído arreglando algo de su departamento, pero su empleador no cumplió su promesa y sin más apoyo, lo despidió junto con un grupo de otros diez empleados, argumentando la falta de trabajo.

“Ahora me arrepiento, porque por eso estoy aquí en la calle”, cuenta Juan Carlos, retirando dos billetes de dólar que le acaba de dejar una mujer en el recipiente a sus pies.

“Poco a poco me fui quedando sin dinero, me gasté mucho en doctores por lo de mi pierna, que cada vez me duele más. Me preocupa mucho que me la tengan que cortar o que no pueda ya ni caminar ni apoyarme si no me ve un médico pronto” se lamenta.

Siguiendo el consejo de algunos de sus amigos, Juan Carlos duerme en la calle y no en los trenes o parques, para lograr ser identificado por servicios sociales de la ciudad y que le den un espacio en un albergue y además, acceso a un médico que pueda revisarle el brazo y la pierna.

“Tengo que estar al menos dos semanas durmiendo en la calle para que me lleven a un shelter [albergue]” explica, “no puedo dormir ni en las estaciones de tren ni en ningún otro lado; en la calle para que vean que de verdad no tengo a donde ir y ojalá me lleven a un doctor porque siento que se me ha movido el tornillo en la pierna”.

Juan Carlos habla de muchos que como él están por primera vez en la calle.

“Mis vecinos, otros compañeros de trabajo… tengo dos amigos que nunca habían estado sin casa, pero que ya desde hace un par de semanas fueron enviados a los albergues de la 103 y la 106” dijo.

Las estadísticas oficiales de personas sin hogar viviendo en albergues, tanto a nivel nacional como en Nueva York indican que el porcentaje de hispanos sin hogar no es significativo.

Pero recientes estudios académicos y de organizaciones sin fines de lucro aseguran que la población sin hogar entre los hispanos suele ser minimizada por no recurrir a los apoyos tradicionales del gobierno.

“La población sin hogar nacida en México es seria-mente subestimada debido a que suelen recurrir fuera de los espacios tradicionales de ayuda a aquellos que no tienen hogar” concluye un estudio titulado “El fenómeno escondido de los hispanos sin hogar en Los Ángeles” realizado por académicos de la universidad de Florida y del Sur de California.

Entre otros factores, la organización Caritas cita en su página de Internet (Caritasshelter.org), que los hispanos no acuden a los albergues por falta de personal bilingüe aunado al deseo de las familias de permanecer unidas, ya que en los albergues generalmente se dividen mujeres y hombres.

A estos factores se suma la cultura hispana de pedir apoyo a otros familiares y amigos antes que al gobierno y el creciente miedo de muchos a ser deportados, debido a su estatus migratorio.

Para Juan Carlos, cada día es más frío y cada día es más importante ir a un lugar seguro, ver un médico y pasar el invierno tranquilo, para buscar trabajo pronto.

Pero con la severa crisis financiera, personas como él, que hasta ahora estaban en la subsistencia diaria, tendrán más problemas para encontrar trabajo estable, por lo menos en los próximos meses.

“Si no encuentro un shelter pues…me quedan los trenes, subiendo arriba y abajo en los trenes hasta que de la mañana, pero no me regreso a Manta, por nada”, sentencia.

Return to the Frontpage