May 23, 2008

La Violencia está matando la industria de turismo en Rosarito

Por Mariana Martínez

A pesar de la fuerte campaña para mejorar la imagen de Rosarito, los hechos pueden hablar más que las palabras, en esta semana previa a la fecha conocida como “Memorial Day”.

Esto podría resultar terrible para los comerciantes, hoteleros y operadores de bares y centros nocturnos que desde el año pasado viven una de las peores temporadas de ventas en los últimos 20 años.

“Toda la carretera está sola”, dijo la señora Esperanza Frías, quien tiene una tienda de artesanías en la carretera que va a Ensenada. Con tanta violencia y crimen, además de la crisis de las casas en EU, ¿de dónde saco para mantenerme?”.

El domingo se encontraron 4 cadáveres putrefactos, de los cuales uno resultó ser de una mujer estadounidense con reporte de extravío y el martes en la mañana un estadounidense identificado extraoficialmente como miembro de la marina de EU fue herido de bala al no obedecer órdenes de parar en un reten militar.

Los cuerpos encontrados fueron hallados en el camino de tierra y dentro de un Cadillac verde, de reciente modelo y placas de California, en la zona conocida como en el cañón El Morro, de la delegación Primo Tapia.

La zona, a varios kilómetros de la ciudad de Rosarito, es visitada por cazadores y surfistas, pero también conocida por ser una zona de tráfico, utilizada por los cárteles de la droga para traficar marihuana y cocaína a lo largo de la frontera hacia Estados Unidos.

Según datos obtenidos por elementos de la Procuraduría General de Justicia del Estado, la mujer es identificada como Libby Gianna Craig, residente de la zona de La Mesa, California, quien traía consigo un pasaporte y su licencia de conducir.

Según el alcalde de Rosarito, Hugo Torres, dos de los asesinados tenían varios ingresos a la penitenciaría y se les vincula con el narcotráfico.

Torres no niega el posible impacto negativo de este caso, pero asegura que no se ha comprobado que alguno de los muertos haya sido turista.

“Si se diera que fueran turistas hubiera sido muy negativo, pero la investigación da resultados que no han sido turistas”, explica Torres, “se han dado otros asesinatos de extranjeros y han resultado involucrados con el crimen organizado, no estoy acusado que eso fuera, pero habrá que esperar a la investigación para saberlo”.

Dos días después, elementos de la Armada de México dispararon contra un oficial de la Marina estadounidense cuando, la madrugada del martes, éste intentó evadir un retén de revisión ubicado en la carretera Rosarito-Ensenada, a la altura del poblado Popotla.

Joshua Kendall Monnett, como se identificó al norteamericano, tripulaba una camioneta Dodge Ram 2500 con placas 701 WDZ, de Arizona, Estados Unidos.

Al revisar el vehículo los elementos del Ejército aseguran que encontraron cartuchos de rifle M-16, cargadores y un chaleco antibalas.

El individuo, de 24 años, resultó herido en un ojo por la esquirla de un vidrio de su auto que se rompió al ser impactado por las balas, aunque el vehículo recibió al menos una veintena de proyectiles.

Según el alcalde Torres el extranjero intentó darse a la fuga al ingresar en sentido contrario de la carretera por donde viajaba de sur a norte.

El extranjero fue trasladado al Hospital General de Tijuana donde personal del Consulado General de Estados Unidos acudió a auxiliarlo.

Debido al arma encontrada en su auto, el hospital fue resguardado por elementos federales y los pacientes tuvieron que esperar largas horas para ser atendidos.

Luego de salir del hospital, Kendall fue liberado bajo fianza, —pagada por autori-dades de la naval de EU—y está de regreso en Campo Pendelton, pero podría enfrentar cargos de posesión de armas de uso exclusivo del ejército.

Hace unas semanas autoridades tijuanenses habían dado a conocer que en breve se anunciará la reanudación de permisos para que elementos de la Marina de Estados Unidos puedan cruzar a Tijuana durante sus días de descanso.

La prohibición de instituciones militares y de marina de Estados Unidos ha estado vigente durante varios años.

El alcalde aplaudió la medida que podría llevar a Rosarito a cientos de miembros de las fuerzas armadas, pero advirtió, “que no vengan a delinquir”.

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