May 16, 2008

Estamos hartos de Hillary Clinton

Por Eduardo Stanley

Analysis

La batalla por la Casa Blanca se va a decidir entre dos candidatos en noviembre de este año. El candidato Republicano ya está decidido. El otro, todavía no.

Los Demócratas mantienen una lucha interna muy cerrada entre el senador de Illinois, Barak Obama y la senadora de Nueva York, Hillary Clinton.

El proceso político de Estados Unidos no es muy excitante.

Elegir solamente entre dos candidatos —o dos partidos— limita seriamente las opciones, algo que se agrava cuando las propuestas de ambos son similares —que ocurre muy a menudo.

Otro problema que enfrenta la sociedad estadounidense es el bajo caudal de votantes que concurre a las urnas.

Por ejemplo, según el “U.S. Elections Project”, en 2004 votó el 60.93 por ciento de los 202 millones de personas elegibles para hacerlo. O sea, unos 123 millones, de los cuales un poco más de la mitad apoyaron al ganador. Es decir que unos 62 millones de personas —casi la quinta parte de la población— decidieron quién gobernaría sobre los casi 300 millones de habitantes.

Son números que no motivan mucho y cuestionan principios democráticos.

Este año existe la esperanza de que más gente participe. La crisis económica, la guerra en Irak y un aumento en el número de solicitudes de ciudadanía pueden ser factores movilizadores para que aumente el número de votantes.

Y los candidatos y sus plataformas? Motivan a los votantes a acercarse a las urnas? En general, el clima político de Estados Unidos es uniforme, con pocas sorpresas. Como una cadena de restaurantes de comida rápida, el menú es conocido y la comida tiene poco sabor.

Estados Unidos es un país que se mantiene en el centro del espectro politico, mismo que se ha corrido más hacia la derecha desde mediados de la década del ’90.

Una contienda entre Hillary Clinton y John McCain sería, de acuerdo algunos de mis amigos que poco saben o se interesan por la política, muy aburrida. Por eso prefieren a Obama. Lo perciben más dinámico y “algo diferente”.

Muchos de estos ciudadanos son quienes están inclinando la balanza a favor del senador de Illinois dentro del partido Demócrata. Y esta tendencia, si bien no es muy marcada, se ha mantenido estable desde hace varios meses.

Solo Hillary y sus asesores parece que no lo ven.

Además, el propio lenguaje de la senadora de Nueva York estaría alejando a muchos de sus posibles seguidores.

Por ejemplo, cuando repite su argumento de que su “experiencia” la convertía en mejor candidata que Obama. Cuál experiencia? La de Primera Dama? Si bien no es despreciable, entre gobernar y acompañar al marido a reuniones hay una gran diferencia.

La manera de expresarse de Clinton refleja una extrema seguridad, casi obsesiva, de que ella y solo ella puede ser la candidata de su partido.

Incluso su actitud llegó a ser irritante cuando sugirió que Obama podría ser su candidato a vice presidente. En otras palabras, le quiso decir a su oponente, “mira, retírate y como premio te doy un puestito”.

La respuesta debe haberle dolido, “no veo cómo un candidato que va primero en estas primarias va a renunciar y aceptar un segundo puesto”. Auch!

Y el tono de sus presentaciones! Paternalista, condescendiente respecto a nosotros, pobres espectadores, que no entendemos que ella esta ahí para ayudarnos. Su esposo Bill, más conciente quizás de que las cosas no andaban bien, parecía perder los estribos con su ansiedad. Hasta la hija del matrimonio, Chelsea, aportó su cuota de arrogancia en sus presentaciones públicas en favor de la candidatura de su madre.

En las últimas semanas, las deserciones del campo de Clinton hacia el de Obama han ido aumentando. Esta semana, una agencia de noticias informó que Obama pasó a liderar el número de Superdelegados —ya tiene mayoría de delegados y del voto popular.

Presionada por dirigentes Demócratas, la campaña de Clinton envió un mensaje conciliador: si la tendencia se mantiene, se retiraría de la campaña, dejando a Obama como virtual nominado de su partido. Aunque la reciente (pero pequeña) victoria en las primarias de Virginia Occidental significó un retorno al triunfalismo “estilo Hillary”.

Tanto tiempo le lleva a Hillary Clinton aceptar la realidad?

Su orgullo la domina. Estas son “sus” elecciones. Un viaje de coronación hacia la Casa Blanca para inscribir su nombre en la historia, como ella siente que merece.

Orgullo del hombre (o mujer) blanco que le impide entender que no sea él (o ella) quien decida por los demás, desde las alturas de su fantasía y deseo de poder.

Será que por fin los electores decidieron dejar de lado la insípida comida rápida y optar por algo más gourmet?

Contacto Stanely at nuestroforo@kfcf.org

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