May 9, 2008

Coraje Sublime

Por Javier Sierra

¿Qué motiva a los ángeles de nuestras sociedades? ¿Qué les impulsa a defendernos a todos contra las peores injusticias? ¿De dónde sacan ese coraje sublime que a todos nos engrandece?

Estas son algunas de las preguntas que les he hecho a cuatro de estos ángeles, los ganadores latinoamericanos del Premio Goldman de 2008, el llamado Nóbel del ecologismo. Y las respuestas han sido tan motivadoras como el impulso que les lleva a arriesgar hasta la vida.

“Sin duda nuestro sacrificio no se iguala en nada al sacrificio que están haciendo los miles de afectados por los tóxicos que dejó Texaco. Ellos sufren a diario por las enfermedades, por las muertes y por tantos otros daños”.


Rosa Hilda Ramos. Foto Cortesia Javier Sierra.

Estas son las palabras de Luis Yanza, abogado ecuatoriano, quien junto a Pablo Fajardo, está litigando la querella sobre lo que se considera uno de los desastres ecológicos más catastróficos de la historia.

La transnacional petrolea Texaco, hoy propiedad de Chevron, desde 1964 a 1990, supuestamente vertió en la amazonía de Ecuador unos 17 millones de galones de petróleo crudo y 20 mil millones de galones de aguas residuales, con nefastas consecuencias.

“Podemos asegurar que más del 80% del agua superficial y subterránea está contaminada con hidrocarburos producto de la operación petrolera de Texaco”, dice Yanza.

Esto se ha traducido en una muerte lenta para los 30,000 habitantes de la zona devastada. El incremento de las enfermedades respiratorias y las malformaciones congénitas ha sido astronómico. Los índices de cáncer son siete veces más altos que los del resto de Ecuador.

¿Y qué responde Chevron-Texaco? Se lava las manos, diciendo que su contaminación no es responsable de la catástrofe. La querella, que ya les ha costado varias amenazas de muerte a Yanza y Fajardo, podría resolverse este año en los tribunales ecuatorianos.

Mientras tanto, Fajardo advierte que no se rinde: “En esta batalla he entendido que trabajar por un medio ambiente sano hoy es trabajar por la paz de la humanidad de cara el futuro, y eso es lo que intento hacer”.

Y eso es lo que ha hecho Rosa Hilda Ramos, convertir Cataño, la población más contaminada de Puerto Rico, en un lugar saludable para el disfrute de sus 35,000 habitantes.

A principio de los ’90, las innumerables industrias allí asentadas, especialmente las plantas generadoras de energía, habían convertido el aire en una pócima irrespirable.

“La intensidad de la contaminación me aterró. Yo caminaba por las calles y veía a la gente enferma compartiendo el mismo respirador. No los podía abandonar y empezamos a dar batalla”, recuerda Ramos, quien acababa de perder a sus padres debido al cáncer.

La batalla comenzó convenciendo a los residentes —quienes sufrían los peores índices de cáncer y enfermedades respiratorias en Puerto Rico— de que la unión hace la fuerza. Fundó Comunidades Unidas contra la Contaminación, celebró audiencias públicas y denunció a la poderosa Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE) ante la Agencia de Protección Medioambiental (EPA).

Tras más de una década de incansable lucha, Ramos cantó victoria cuando la EPA declaró culpable a la AEE de violar las leyes de aire limpio, imponiéndole una multa de $7 millones. Gracias a la insistencia de Ramos, parte del dinero se dedicó a comprar terrenos de la vecina Ciénaga de las Cucharillas, el único espacio abierto de Cataño.

“Fue una batalla dura, pero mereció la pena. Hemos limpiado completamente el aire de Cataño. Todas las industrias se han reformado o se han largado”, dice Ramos con justo orgullo.

La pesadilla ecológica a la que se enfrentó Jesús León Santos se llama erosión. A principios de los ’80, Oaxaca, el estado mexicano nativo de León Santos, sufría uno de los peores índices de erosión del mundo. El 83% de sus suelos había quedado desolado.

“Había que restaurar nuestras tierras. La escasez de agua y leña era terrible”, recuerda León, quien, tras organizar a las comunidades campesinas, impulsó el cultivo de un millón de árboles y la construcción de cientos de kilómetros de zanjas para la retención del agua de lluvia.

El resultado es una asombrosa restauración de decenas de miles de hectáreas que permiten a Santos y sus colegas campesinos seguir prácticas agrícolas sustentables y mantener dignamente a sus familias, evitando así la emigración masiva.

“Mis compañeros y yo hemos logrado algo valioso que ni siquiera los programas del gobierno han conseguido”, declara Santos orgulloso.

El orgullo y el coraje que inspiran estos cuatro héroes hispanos es el mejor premio para todos los que les aplaudimos.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Visite www.sierraclub.org/ecocentro

Return to the Frontpage