May 9, 2008

Comentario:

Mi Pobre Bolivia

Por Humberto Caspa

Mi pobre Bolivia. A inicios de la época Republicana, este país exuberante, de montañas blancas incandescentes, de gente milenaria, llena de un historial épico, fue desmembrada en pedazos por sus hermanos del continente. Hoy, sus propios hijos la quieren ultrajar y dividirla en dos partes desiguales.

En el año 2007, los llamados “constituyentes” se juntaron en la capital de la nación, Sucre —no La Paz—, para iniciar un proceso de cambio a través de una nueva constitución que permitiera a los bolivianos, especialmente a los “cambas” y “collas”, finalmente vivir agarrados de la mano.

El presidente Evo Morales trató, en vano, de destruir con lápiz y papel las murallas naturales de la cordillera de Los Andes. Los emisarios de su partido nunca entendieron que una constitución es un pacto político y social de la nación en su conjunto.

El objetivo central de dicho documento fue lograr una nueva forma de gobierno, por la cual formalmente se crearía políticas que beneficiarían a todos los sectores del país.

Durante el proceso del acuerdo constitucional, los representantes del gobierno boliviano, llámese a estos masistas porque son del Movimiento Hacia el Socialismo (MAS), deliberaron con un “garrote” en la mano y raras veces aceptaron un tratado ecuánime.

Como los estatutos constitucionales no favorecían a una cúpula de terratenientes de las zonas amazónicas del departamento de Santa Cruz, los líderes de esa zona limítrofe con Brasil se retiraron de Sucre y con ello marginaron a la población que ellos representaban.

Por consiguiente, los constituyentes firmaron un tratado que no era el reflejo real de la sociedad Boliviana. Dicho documento se inclinó claramente a los intereses de las regiones del departamento de La Paz y las otras zonas altiplánicas de Bolivia. El documento proveyó al actual gobierno a tomar medidas, como la reforma agraria y la nacionalización de algunas entidades privadas, que nunca fueron del agrado de la delegación “camba”; por eso abandonaron el recinto constituyente.

El movimiento social de Santa Cruz o el mal llamado movimiento autonómico es con-secuencia directa de un proceso constitucional cuestionable que se llevó a cabo el año pasado.

Lo triste de todo este tumulto político es que algunos dirigentes de Santa Cruz no simplemente quieren una “autonomía” o una autogestión de gobierno, sino que algunos de sus dictums atentan directamente contra el poder constitucional del Estado boliviano.

Dicho de otra manera, en ningún país democrático se permite que un gobernador pueda firmar tratados internacionales con otros países. Ese es precisamente una de las peticiones de los dirigentes cruceños. En otras palabras, el comportamiento de estos líderes induce a pensar una posible escisión de la republica boliviana.

Esto no quiere decir que el movimiento de Santa Cruz es ilegítimo. Por el contrario, tiene más legitimidad que la propia constitución adoptada el 2007.

En este momento existe una realidad para el cambio estructural en Bolivia. El sistema unitario, el cual dominó desde el inicio de su independencia, se ha convertido en un sistema caduco que debe ser reemplazado.

Esta es una gran oportunidad de los bolivianos para crear una nación moderna y de acuerdo a una realidad económica que no se achique a los preceptos del neoliberalismo ni a la cultura centralista. La otra opción es la guerra civil, la cual inmediatamente provocaría una crisis política en la región latinoamericana.

Por una parte, Evo Morales necesita poner su irracionalidad antiimperialista, misma que tiene valor teórico pero se aleja de la práctica nacional boliviana. Y por la otra, la nomenclatura “camba” también necesita poner a un lado sus aspiraciones de escisión.

En Bolivia existe una realidad hacia un estado federal, cuyos Departamentos (estados) tendrían una autonomía política y jurídica relativa, las cuales estarían supeditados a las leyes y políticas de un Estado federal. Con el federalismo se romperían aquellos mecanismos de impunidad y prebendas especiales en las diferentes instituciones de gobierno.

Bolivia siempre fue el país más pobre de América del Sur, pero también es uno de los más progresistas. Una de las revoluciones sociales más importantes se llevó a cabo en este país. La revolución institucional está a la vuelta de la esquina. Sus líderes necesitan hacer a un lado su ego político destructivo. El compromiso es la clave.

Dr. Humberto Caspa es profesor adjunto en la Universidad de California, Irvine. Autor del libro: “Terror en el barrio latino: La llegada de la nueva derecha al gobierno municipal.” E-mail: hcletters@netzero.com

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