March 21, 2008

Buscando mayor seguridad para el turismo en Rosarito

Por Luis Alonso Pérez

A escasos días del inicio de la primavera, Playas de Rosarito luce muy diferente a como solía verse años atrás en estas fechas.

Pocos carros foráneos transitan por la avenida principal, los restaurantes tienen muchos asientos vacíos y los dueños de las tiendas de curiosidades esperan ansiosos a turistas en busca de artesanías, camisetas o puros cubanos.

Es que la ola de violencia que aqueja a las ciudades fronterizas del norte de México ha dado una mala reputación a destinos populares como Tijuana, San Felipe y Rosarito, y ha generado pérdidas multi-millonarias al sector turístico en Baja California.

Para muchos comerciantes la temporada alta que se avecina será una prueba definitiva de supervivencia. Una prueba que por desgracia muchos no pasarán.

Panorama desalentador

Louie Navarro y Lorena Mancilla son los propietarios de una tienda de tienda de tabaco y una galería de arte en la zona turística de la ciudad.

Hace unos años solían vender cientos de habanos a turistas norteamericanos que visitaban Rosarito durante los fines de semana calurosos, resultando en ingresos estables y cuantiosos.

Pero en un periodo de dos o tres años el número de personas que visitan Rosarito ha disminuido considerablemente y sus ventas se han desplomado al punto en el que si su negocio no se recupera económicamente durante este verano se verá obligado a buscar otro tipo de trabajo.

Tan solo en el 2007 la actividad turística en Baja California sufrió una pérdida de 80 millones de pesos, lo que representa un 7 por ciento de la derrama obtenida en el 2006, de acuerdo con cifras proporcionadas por el secretario de turismo del Estado, Oscar Escobedo Carignan, a principios de este año.

Según Escobedo, las ciudades cercanas a la frontera, comúnmente visitadas vía terrestre, se han visto más afectadas en comparación con las del interior del Estado. En Tijuana los comerciantes han reportado hasta un 40 por ciento menos en sus ventas en comparación con el 2006.

Ciudadanos ponen manos a la obra

A pesar de este panorama desalentador, un grupo de empresarios, comerciantes y ciudadanos consternados ha decidido tomar cartas en el asunto y velar ellos mismos por la seguridad de los turistas mediante un programa de vigilancia ciudadana implementado recientemente.

Alrededor de 300 miembros de la comunidad han sido facultados para reportar a las autoridades de forma directa cualquier actividad delictiva en la zona turística, así como el desempeño correcto de los agentes policiacos, famosos por extorsionar a los turistas que incurren en faltas administrativas como beber en la vía pública o pasarse un alto al conducir.

Gustavo Torres, empresario rosaritense y vigilante ciudadano, considera que el programa está funcionando y que los policías están respondiendo positivamente a su presencia.

“Ellos saben que no estamos ahí para discutir, solamente para averiguar el motivo por el que detuvieron a los turistas”.

El empresario considera que la zona turística de Rosarito es muy segura para los visitantes, sin embargo presta mucha atención a los policías que detienen a los turistas y en un par de ocasiones se ha acercado para asegurarse que los visitantes sean tratados conforme a la ley.

Esfuerzos del gobierno

Preocupados por la gravedad de la situación el gobierno de Baja California ha implementado proyectos de vigilancia turística en coordinación con las corporaciones policiacas.

Una de las medidas para reforzar la seguridad es el operativo “Ruta Segura”, mediante el cual se busca proteger a los automovilistas que viajan por el corredor costero Tijuana-Ensenada de asaltos por bandas de asaltantes que se hacen pasar por agentes de la policía de caminos.

El secretario de turismo, Oscar Escobedo, aseguró que hasta el momento ha dado buenos resultados, ya que desde el 17 de noviembre, fecha de arranque del operativo, no se ha reportado ningún incidente.

Por su parte, el alcalde de Rosarito, Hugo Torres, anunció que en las siguientes semanas iniciará operaciones el primer grupo de policías turísticos de la ciudad, asignado específicamente a la zona más concurrida por los visitantes.

Asimismo informó que durante una reunión reciente que sostuvo con el gobernador de Baja California, José Guadalupe Osuna Millán, y los alcaldes de Tijuana y Ensenada se planteó la necesidad de crear la Policía Turística Metropolitana, que se encargará de vigilar a los visitantes que circulan por la zona costera que une a las tres ciudades con la frontera de Estados Unidos.

Rosarito ante los medios

A pesar de los esfuerzos del gobierno y la ciudadanía por combatir los crímenes hacia turistas, las ciudades de Baja California tendrán que combatir también la imagen que el gobierno estadounidense y los medios de comunicación han difundido.

Ron Raposa, director de relaciones públicas de Rosarito, considera que se ha perdido la perspectiva del problema de seguridad pública de la región, ya que el combate al crimen organizado ha resultado en enfrentamientos con la policía que han sido ampliamente difundidos en la prensa norteamericana.

“La perspectiva sobre esta situación se ha perdido tremendamente por el número de veces que estos casos son reportados. Yo deseo que pudieran ser tratados con la misma equidad y balance como cualquier otra situación en los Estados Unidos”.

El Alcalde de Rosarito, Hugo Torres, recuerda haber visto en la primera plana de un diario norteamericano un reportaje sobre el asalto y violación de una turista estadounidense en Ensenada hace unos meses.

Sin embargo, lo que llamó su atención fue que en las mismas fechas una mujer fue violada en el Parque Balboa de San Diego y esa noticia solamente ocupó unos cuantos renglones en la sección policiaca del mismo diario.

“Si lo analizamos bien los índices de criminalidad de Tijuana y Rosarito son equivalentes a los de ciudades estadounidenses de Los Angeles y Chicago, pero no se han emitido alertas para los turistas que visitan esas ciudades”.

Para Torres esta temporada de vacaciones representa un gran reto para Rosarito, pero a la vez una oportunidad para recuperar su buena imagen, ya que si los visitantes tienen una estadía segura y feliz, podrán regresar a Estados Unidos y explicar a sus amigos que no hay nada que temer al sur de la frontera.

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