March 21, 2008

Comentario:

El fantasma de Obama

Por Humberto Caspa, Ph.D

No pudo ser de otra manera, Barack Obama tuvo que confrontar a sus propios demonios y fantasmas. Tenía que levantar las rocas de diversos tamaños que algunos demócratas y republicanos le habían estado aventando sobre el camino de la presidencia.

A sus enemigos, les salió el tiro por la culata. No se esperaban una respuesta rápida y coherente en torno a los comentarios vertidos por Jeremiah A. Wright Jr., consejero religioso de Obama, de Gerardine A. Ferraro y de otros políticos oportunistas, que han estado ensuciando la campaña presidencial con epítetos raciales.

La intención de esta estrategia fue atacar a Obama con los mismo argumentos que hicieron palidecer la campaña política de Jessy Jackson años atrás.

A diferencia de Jackson, Obama no reaccionó abruptamente. Por el contrario, puso en tela de juicio a sus mismos críticos y se puso a la altura de John F. Kennedy y Martin Luther King.

Desde que empezó su campaña política, Obama trató con poco éxito poner a un lado las discusiones sobre las divisiones raciales de este país. Su equipo de trabajo trató de presentar a Obama como un candidato que pudiera trascender los problemas raciales de Norteamérica y como una persona que, en vez de dividir a los blancos de los demás grupos étnico-raciales, pudiera generar unidad.

Ese propósito lo lograron por unos meses. Las elecciones de Texas y Ohio los sacaron de ese espejismo político. Por una parte, el equipo de Hillary Clinton empezó a presionar indirectamente con la cuestión de raza, aunque una de sus más allegadas partidarias, Gerardine Ferraro, fue más directa. Sugirió que Obama “no hubiese estado en esa posición de privilegio si es que hubiese sido de raza blanca”. En otras palabras, Ferraro puso en entredicho la existencia de especie de “acción afirmativa” en el seno mismo del sistema político norteamericano.

Por otra parte, los conservadores le dieron mucha lata a Obama con los comentarios de uno de sus progenitores religiosos. Días atrás, el pastor afroamericano, Jeremiah A. Wright Jr., amigo y confidente de Obama, no solamente sancionó implícitamente los comentarios de Ferraro, sino que también condenó al racismo existente en la sociedad norteamericana. “En vez de bendecir a Estados Unidos, Dios debería maldecirla”, dijo en un sermón religioso.

Las críticas no se hicieron esperar. Los sitios de Internet se llenaron con las acotaciones del pastor Wright. Los “talk shows” radiales de la extrema derecha, particularmente programas como el de John and Ken Show, y los programas televisivos de Lou Dobbs, hicieron fiesta con la blasfemia política del pastor. Trataron de diseminar información en torno al parentesco ideológico de Obama y Wright para restarle poder político al primero.

La cuestión de la raza había salido de la cajita de Pandora y Obama tenía, más que nunca, la responsabilidad de confrontarla.

Su mensaje criticó la postura de su progenitor religioso, aunque también lo defendió. “Las palabras de Wright son comentarios de una persona afroamericana que tiene el pensamiento estancado”, dijo. En otras palabras, Obama sugirió que el pensamiento del pastor, a pesar de ser congruente, se había desarrollado durante una época plagada de discriminación institucional abierta. En la actualidad, la situación, no obstante de no haber cambiado totalmente, es diferente. “Los problemas sociales residen en las diferencias económicas”, subrayó.

Obama se lució para desgracia de sus enemigos. Según él, los enemigos de las mayoría norteamericanas no son los blancos, negros, latinos, asiáticos, etc., sino aquellos individuos inescrupulosos que hacen utilidad del sistema económico para explotar a la gente.

Antes de la contienda política a la Casa Blanca, muy pocos daban a Obama alguna oportunidad. Inicialmente su elocuencia en la oratoria hizo vibrar a hombres y mujeres, pero ahora su madurez política ha logrado más adeptos. ¿Será el primer presidente norteamericano de ascendencia negra?

Dr. Humberto Caspa es profesor adjunto de Ciencias Políticas en la Universidad de California, Irvine. E-mail: hcletters@netzero.com

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