March 21, 2008

Educación indigenista crece en Baja California

Por Luis Alonso Pérez

Baja California es por tradición tierra de migrantes.

Con el paso de los años, grupos de familias indígenas del sur de la república han formado comunidades unidas, cuyo espíritu solidario ha logrado satisfacer necesidades prioritarias ante la falta de soluciones oportunas de las autoridades.

La falta de escuelas en las que se hable la lengua de los jóvenes estudiantes indígenas y se respeten sus tradiciones milenarias, ha orillado a los padres de familia a construirlas y echarlas a andar con sus propios recursos.


Sandra Guzman maestra de la escuela bilingüe “Mitzita” o “Princesa del Lago” regresa sus tareas a los estudiantes al final del día. La escuela atiende a la comunidad Purépecha que vive en Playas de Rosarito, tiene un año funcionando y cuenta solamente con dos salones de clase construídos por la comunidad. Foto - David Maung.

Tal es el caso de Mitzita, una escuela indígena de Playas de Rosarito que recientemente abrió sus puertas para atender las necesidades educativas de la comunidad Purépecha asentada en la colonia Constitución.

Inicio de clases

Son las 7:45 de la mañana de un lunes nublado en Rosarito. El profesor José Guadalupe Bravo abre la reja de entrada de la escuela y espera el inicio de clases mientras califica algunos trabajos de sus alumnos.

Los padres de familia acompañan a sus pequeños a la entrada la única aula de primaria de la escuela. Algunos hacen una breve escala en la dirección para comprar un desayuno escolar de bajo costo, subsidiado por el gobierno para familias de escasos recursos. Los que llegan desayunados pasan directo al salón y se acomodan en sus mesabancos.

La escuela abrió sus puertas en el otoño del 2007, después de un largo y complicado proceso para obtener su certificación de parte de las autoridades educativas, que no reconocían la presencia de un grupo étnico Purépecha en Rosarito.

“Tuvimos que luchar primeramente con nuestros representantes del gobierno, con la burocracia y los trámites que se tienen que hacer” expresó el profesor Bravo.

“Ellos decían que no existíamos, que era mentira que existía aquí gente Purépecha, hasta que comenzamos a hacer eventos culturales y a invitarlos.”

Todo comienzo es difícil

Ahora los niños cuentan con un espacio educativo propio, pero con muchas necesidades. Solamente existen dos profesores y dos salones de clases, uno para los niños de preescolar y otro para los de primaria, lo que significa que más de 30 niños de los 6 niveles de primaria son atendidos por un solo profesor.

La comunidad aún no ha podido construir baños para los niños, por lo que han colocado dos escusados y un lavamanos portátiles en el patio de la escuela.

“Estamos batallando mucho” sostuvo el profesor de primaria “en realidad no tenemos nada que nos haya dado el Sistema Educativo, todo lo que esta aquí ha sido donado por personas que han creído en nosotros.”

Preservar la cultura indígena

Bravo no solo desea que la escuela crezca y se construyan más salones, sino que le gustaría ver más escuelas Purépechas en Baja California para los niños que viven en otros municipios, porque siente que las nuevas generaciones corren el riesgo de perder el idioma de sus antepasados.

“Algunos niños escuchan a sus papas hablar en su casa pero fuera no lo practican… En un futuro los niños tal vez seguirán teniendo el sentimiento de pertenecer a un grupo indígena, pero lo que se va a perder es la lengua.”

Por ese motivo considera fundamental que las comunidades indígenas y las autoridades continúen esforzándose por preservar su cultura y tradiciones, para no volver a los tiempos en donde estos esfuerzos eran mal vistos por la sociedad.

“Hubo un tiempo en el que si alguien hablaba una lengua indígena era menospreciado e insultado. Nuestro objetivo es conscientizar a los niños en la importancia de practicar la lengua y las tradiciones como las fiestas patronales o las danzas” dijo Bravo.

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