June 6, 2008

Análisis

El espionaje político en México

Por Dagoberto Márquez

Se piensa que se trata de una práctica común pero no, no es así aunque hay indicios en el sentido de que sí lo es. Y se piensa así porque todo gobierno instrumenta dispositivos, departamentos y áreas especializadas para monitorear diversas actividades y más. A saber, la producción de ciertos satisfactores, la enseñanza, la aplicación de recursos, etcétera. Los dispositivos de que hablamos, mecanismos dicho en otros términos, son órganos de supervisión articulados para revisar avances y estancamiento, retrocesos incluso, todo normal desde puntos de vista diversos. El monitoreo puede interpretarse como una actividad aparte, como la acción coordinada llevada a cabo para conocer con precisión los niveles de aceptación y de desplazamiento de cosas distintas, esto es, productos, preferencias, personas incluso cuando existe movimiento convulsivo durante ciertos períodos. El ejercicio de la actividad periodística es visto por algunos como una más de las variantes del espionaje pues tiende a ser incómoda para muchos aunque no sea espionaje en realidad. El espionaje, como tal, es sin embargo otra cosa, una práctica ilegal y repudiable incluso que, clandestina y fuera de toda norma, irrumpe en la actividad humana creando molestia e indignación en la medida de que atisba sin consentimiento, es decir, sin consentimiento de la sociedad y sin con-sentimiento de la ley, violentando la privacidad de las personas con fines oscuros y hasta perversos inclusive. El espionaje, sin embargo, puede ser legal, pero siempre a condición de que se trate de una actividad que favorezca el desarrollo de la sociedad y no el de meros grupos.

Estimado lector, Fina lectora, los sistemas políticos convertidos en gobiernos han desarrollado áreas de inteligencia, se supone que de alguna manera justificadas en la medida de que requieren conocer con alguna precisión la evolución y el desarrollo de actividades y conflictos que de alguna forma se equiparan a problemas sociales según se dice. En esa lógica la secretaría de Gobernación, los ministerios del Interior, los departamentos de Estado, las secretarías de Gobierno y todas las áreas afines se encargan y se responsabilizan de las tareas de investigación vistas éstas como las de monitoreo y espionaje dentro de la norma, con lo cual recaudan y sistematizan información diversa para evaluar principalmente y así estar en condiciones de asesorar y sugerir ante la toma superior de decisiones (de áreas más altas, de gobernantes inclusive). De alguna manera, estas actividades son legales en cuanto que se justifica su implantación y desarrollo a favor de la comunidad pues de otra forma se carecería de instrumentos de supervisión, vigilancia y monitoreo ante actividades convulsivas, algunas probablemente ilícitas o peligrosas, y conflictos. Y no, no hay gobierno que abdique o no ejerza esta facultad porque renunciar a ella orillaría al inmovilismo político ante conductas y prácticas que podrían poner en riesgo a terceros. Sin embargo, de eso a otra cosa hay mucha diferencia, una abismal diferencia, es verdad.

Suponiendo que se ignora, permítame decir que hace meses el gobierno federal ejerció presión ante el poder Judicial de la propia federación, con la intención de que le permitiera el espionaje telefónico, pretextando investigar actividades fuera de la ley relacionadas con grupos diversos. La presión de que hablamos recae “dentro de la legalidad” en tanto que se hizo por los márgenes y conductos adecuados. Si la resolución judicial fue favorable o no es cosa que no sabemos, lo que sí es un hecho es que ese gobierno parece empecinado en atisbar y en espiar dentro o fuera de la ley porque sus actos, contrarios a la legalidad, así lo indican. Hoy en día, el propio Senado de la República ha interpuesto una denuncia (penal) en la Procuraduría General de la República contra quien resulte responsable por la comisión de probables delitos, tras descubrir que “manos extrañas” irrumpieron en su página web, introduciendo datos en ésta, lo cual es ilegal pues se trata de lo que en un nivel de actualidad y tecnicismo cibernético se ha dado en llamar “hackeo”, es decir, asalto a la propiedad privada en términos de uso y de trabajo en computadoras. A quienes llevan a cabo esa actividad ilícita se les conoce como “hackers”, es decir, asaltantes. Por si se ignora, en términos muy nuestros, el espionaje cibernético recae en violación a la ley en lo que dispone el código penal toda vez que violenta privacidad y atenta contra el trabajo intelectual de mucha gente.

Estimado lector, Fina lectora, este opinante es objeto de espionaje dado que su correo electrónico ha sido “hackeado” varias veces. Lo que ahora explico viene ocurriendo desde el pasado mes de febrero del presente año y no hay duda de que se trata de un asunto relacionado con la exposición libre y sin cortapisa de artículos editoriales y opiniones políticas. Para conocimiento vuestro, este opinante ha cambiado de correo electrónico cuatro veces de esa fecha a ésta, toda vez que el sistema electrónico de los servidores que ha utilizado ha desactivado sus cuentas, se supone que a tiempo, habiéndose notado en la primera que el sistema electrónico de alerta automática del servidor conocido como Yahoo avisó al suscrito de actividad inusual y extraña en torno de su correo (electrónico), lo cual resultó desconcertante.

Ahora bien, si usted se pregunta quién podría tener la tecnología o el conocimiento cibernético para hacer algo como eso, la respuesta es muy clara para mí: el gobierno. El gobierno federal, por supuesto. ¿Por qué ? Porque no se trata de algo común, porque no se trata de conectar terminales o cables ordinarios a un tablero de control telefónico ni de activar un scanner que permita la intercepción de pláticas vía inalámbricos (celulares) o algo parecido. Eso cualquier grupo técnico más o menos preparado podría hacerlo. Se trata de algo más complejo y desarrollado, se trata —seguramente— de un grupo especializado en robótica, electrónica y cibernética capaz de desarrollar programas codificadores que logran hacerse de “passwords” (códigos, claves de acceso) por difíciles o inverosímiles que sean estos.

Señoras y señores, es claro para quien lee estas opiniones que las mismas son presentadas con un cierto conocimiento así no se ofrezcan con vanidosas y abrumadoras retahílas de elementos ni datos numéricos que ocasionalmente vuelven engorroso y tedioso un artículo. Lo del reciente espionaje al Congreso de la Unión es más que nada un asunto mediocre y ramplón que raya en lo burdo y el mal gusto. Se trata de espionaje rudimentario muy al estilo del panismo de cúpula. Existe mucha gente en Acción Nacional que repudia la corrupción de gobiernos, malas prácticas y cosas por el estilo, me consta.

El problema es serio, más de lo que parece. Se trata de estertores de un régimen que, sabido de su ilegitimidad de origen, da zarpazos como cualquier animal herido, aún con la complicidad y la complacencia (vista gorda) de muchos que en teoría deberían repudiar prácticas como esa. Cuide lo que hace y cuide lo que dice porque el espionaje no respeta en un momento dado a nadie y en esa medida todos estamos expuestos a lo mismo, es decir, a que se nos espíe sin que nos demos cuenta aunque haya gente a la que que se le puede espiar si no hace nada trascendente, nada valioso por el prójimo. Esa gente sí puede estar “tranquila” pues sus actos simples y sencillos no atentan contra la estabilidad de un gobierno. Pero si usted hace algún tipo de activismo o si usted opina y llama a la organización de la gente puede ser del espionaje político ilegal y subrepticio que hoy tenemos en México. De manera que cuídese, cuídese porque lo que hacemos y lo que ocurre ahora en México no es un juego, no uno simple ni intrascendente ni exento de riesgo al menos.

Es todo.

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