July 25, 2008

“Hasta que la Economía nos Separe”

Por Marco A. Romero

Hubo una época en que las parejas se divorciaban por motivos predominantemente subjetivos como la incompatibilidad de caracteres, es decir porque simple y llanamente se había hartado el uno del otro. Ahora, la disolución del vínculo conyugal es más racional, la causa de la separación puede ser una mera estrategia financiera.

El otro día, una vecina que está perdiendo su casa a manos del banco, le confió a mi esposa que se iba a divorciar, antes de acogerse a la ley de bancarrota, con el fin de no dañar el crédito de su marido.

“Bueno, ya sabes —le dijo— con el crédito arruinado nadie te quiere rentar casa y, si necesitas comprar carro, acabas pagando el doble de su precio por los elevados intereses”. Es decir, que la feliz pareja de casados se iba a divorciar por conveniencia común, pero en realidad no pretendían distanciarse.

Los cónyuges también se ponen de acuerdo para declarar sus ingresos de manera individual o para solicitar un cambio de estatus migratorio.

Conocí una preparadora de impuestos muy creativa. Ella solía comentarles a sus clientes casados antes de llenar los formularios: “déjenme ver que les conviene más, si presentar sus declaraciones en forma conjunta o por separado”. La frase ocasionó más de una separación matrimonial intencionada, lo que desde el punto de vista legal no es muy ortodoxo, pero en términos monetarios sí resultaba muy redituable. ¿O, acaso nada más los ricos y famosos merecen ese privilegio?

El día que a mi sobrina Juanita le llegó la cita para obtener su residencia permanente se le apachurró todito el corazón porque recién se había casado, en Guadalajara, con un muchacho, de esos sanotes, bien intencionado, pero sin documentos de internación legal en los Estados Unidos.

Ilusionada con el sueño americano, Juanita hizo de tripas corazón y, plantándose ante su enamorado, le soltó: “me voy a vivir por algunas semanas con mi hermana en Los Ángeles, cuando me den la mica regreso por ti”. Quién sabe en qué se quedaría pensando Pancho.

Algo que últimamente está crispando los nervios de muchos padres de familia es la pérdida de su vivienda por insolvencia, al extremo de provocar serios conflictos familiares. Hace cosa de un mes, dos amiguitos de mi hijo se quedaron todo un domingo en nuestra casa porque sus padres iban a mostrar su residencia a un presunto comprador. Después de cerrada la venta ambos acordaron divorciarse ¡luego de 15 años de matrimonio!

Preguntas que antes se respondían de manera obvia nos obligan ahora a reflexionar sobre los fines del matrimonio. Por ejemplo: qué tan reprobable —o aceptable— es la chocante costumbre de separar los alimentos dentro del refrigerador, o el manejo individualizado, incluso secreto, de las cuentas bancarias.

Nuevos esquemas económicos están propiciando inusuales formas de comportamiento social que ponen en entredicho el rol tradicional de las parejas. Tal vez por eso los jóvenes confían cada vez menos en el matrimonio. Para qué casarse si luego se van a divorciar.

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