July 11, 2008

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

De Latinas y Enchiladas

Dos latinas se llevaron sendas coronas de odio esta semana por parte del resto de los latinos y latinas de estos rumbos. Una Republicana y la otra Demócrata, será por aquello del “bipartidismo” que anda proclamando Barack Obama, se lanzaron en declaración o acción en contra de eso que llamamos nuestra comunidad.

La primera fue Rosario Marín, ex alcaldesa de Hungtinton Park, en Califas, ex asesora de más de un Gobernator Republicano y ex Tesorera de Estados Unidos. Fue además frecuente visitadora de su país natal, México, durante el régimen de Vicente Fox, y amiga de hacerle negocios al Citibank en perjuicio de la paisanada con las remesas.

Dijo Rosario durante la presentación de su actual negocio, un libro autobiográfico, que lo que hizo su papá hace 40 años no estuvo mal pero hoy es muy malo: emigrar a los Unites sin papeles. Mariano Spíndola, papá de Rosario, dejó esposa y cuatro hijos en 1969 para buscar chamba, pero cuando su papá se fue “le arreglaron los papeles”, dice Rosario, y “ahora, sin reforma migratoria, no hay eso… yo le diría que no se fuera ahorita, que esperara a que tuviéramos una reforma migratoria donde pudieran existir visas de trabajo”.

En otras palabras, hay que aguantarse a que haya programas de “trabajas y te vas”, de neobraceros, y dejar que exploten a los inmigrantes pero con papeles y todo.

Y lueguito de la recomendación, agrega Rosario que además hay que ser paciente y esperar. “La enchilada debe comerse por partes”, dice, y hace su observación del futuro de la tal enchilada: “Una reforma migratoria no puede abarcar todo. El problema que yo he visto es que lo perfecto ha sido enemigo de lo razonable”. Como explicación de lo anterior, argumenta que “Quieren una reforma perfecta: o todo o nada. Y ¿qué ha pasado? Pues nada. Yo creo que el Congreso tiene que priorizar. Lo que quieren hacer es comerse toda la enchilada y no se ha podido”.

Insiste en que mejor “hay que empezar por algo”, y el algo es “segmentar al grupo de inmigrantes por industria, por regiones, por estados o por años de residencia” y entonces “regularizar la estancia de al menos la mitad de los inmigrantes, es decir, ocho de los 16 millones”.


Enchiladas y Burritos

La otra latina controversial es Gloria Molina, de la Junta de Supervisores del Condado de Los Angeles.

Resulta que esta Junta aprobó, a petición de Gloria, una de esas resoluciones idióticas que no resuelven nada de nada, para obligar a los “loncheros” a cambiar su lugar de venta cada media hora.

Si no lo hacen, se les pondrá una multa de hasta de mil dólares, acompañada de hasta seis meses de cárcel, y deja a discreción del Procurador del Condado la posibilidad de acusar de un “delito menor” a los “delincuentes persistentes”.

Pa’ que no se vea tan feo, la ordenanza establece que si la “lonchera” está en zona no-residencial, se amplía el plazo a una hora. El requisito indispensable es que se muevan a por lo menos media milla de distancia. Para mayor referencia, es la Ordenanza 7.62.070 del Condado.

A los loncheros, por supuesto, no les hace gracia la Ordenanza. Según información que circularon por Internet, en la ciudad y el Condado de Los Angeles funcionan unas 18 mil loncheras y taquerías ambulantes, “que generan más de 50 mil empleos directos e inciden en número mayor en la generación de empleos indirectos en las ramas de la Industria y el Comercio de carnes, verduras, tortillas, aguas y refrescos, vasos, platos, servilletas, gasolina”.

Todo esto, dicen los afectados, quienes ahora están lanzados contra la Ordenanza, “significa una derrama económica superior a los 100 millones de dólares en salarios y 15.44 millones en compra de insumos a diversos proveedores… ¡cada mes! Haciendo un cálculo rápido, esto significa 185.2 millones de dólares al año, de los cuales la Ciudad y el Condado se quedan con la bonita suma de 15 millones de dólares (el 8.25 por ciento), por pago de impuestos.

Los loncheros argumentan también que habrá impactos sociales, ambientales (por la movedera de camionetas), y de criminalización de los pequeños negociantes ambulantes. A final de cuentas, como todos los demás inmigrantes, esos vendedores de enchiladas y burritos simplemente mantienen viva a la fuerza obrera de todas las ciudades de Estados Unidos a medio día, dándoles la fuerza necesaria para ser explotados durante la segunda parte de su jornada,

Es patético. La Republicana Marín pide moderación para que nadie quiera comerse toda la enchilada, o por lo menos que se la coma de a poquitos, y la Demócrata Molina convierte en crimen vender las enchiladas. Deveras, de plano no hay ni a cual irle…

Contacto Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com.mx

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