July 3, 2008

Comentario:

Los límites del fútbol

Por Humberto Caspa, Ph.D

La Eurocopa tuvo un final sorprendente. Para los descendientes de “Don Quijote y Sancho Panza”, la victoria de su selección de futbol sobre el equipo de “Albert Einstein y Karl Marx” fue un festín de alegría. Alguno que otro fanático español terminó en mismísimo sarcófago del dictador Francisco Franco, tras horas de bebida y parrandas sin límites.

Así es señores, la pasión del futbol mueve multitudes e hipnotiza a las nuevas generaciones a tener sueños provocativos, muchos de los cuales son inalcanzables.

Ahora que muchos jugadores profesionales del viejo y nuevo continente empiezan a firmar contratos multimillonarios ante el espacio circense que les ofrece los medios de comunicación, los jóvenes y niños los contemplan con la mirada atónita y con el deseo de seguir los pasos de sus héroes.

En una faceta de recesión económica, o como dice el célebre escritor colombiano, Gabriel García Márquez, “En los tiempos del cólera”, el deporte –como el fútbol, el básquetbol, béisbol, etc.— se ha tornado en una alternativa profesional para millones de gente. ¿Será posible que el fútbol se haya convertido en una vía idónea para ganarse el pan de cada día?

Lamentablemente, la decepción es el común denominador de aquellos jóvenes que ven en el fútbol como una opción real de progreso económico. Que Rafa Márquez y Pavel Pardo de México o la “pulga” Leonel Mesi y Carlos Tévez de Argentina hayan logrado laureles importantes en ligas europeas no implica que todos los jugadores de esos dos países tengan la misma posibilidad de colocarse en uno de los equipos grandes del mundo. Tampoco implica que todos los que practican fútbol serán jugadores profesionales.

El deporte es muy sano para practicarlo y es un complemento importante para la vida del trabajador, pero no es el camino idóneo para el éxito. La probabilidad de obtener un título de doctor, arquitecto o analista en computadoras de una universidad acreditada es mucho más alta que la probabilidad de jugar en un equipo de basketball profesional o ser jugador de fútbol.

La semana pasada hemos sido testigos cómo unos pocos jugadores de básquetbol universitario firmaron contratos multimillonarios con clubes profesionales de la Asociación de Básquetbol (NBA).

La mayoría de los jóvenes que soñaron pertenecer a esta prestigiosa institución deportiva se fueron con lágrimas en los ojos. De los miles de jugadores universitarios que trataron de entrar dentro del “draft” después del torneo universitario de este año, aproxi-madamente uno de cada 90 jugadores fue a parar en clubes profesionales de básquetbol. No simplemente eso, de los millones que practican básquetbol en las ligas colegiales, sólo un porcentaje mínimo llega a jugar en los clubes universitarios.

En el fútbol, la situación es mucho más difícil debido a que es el deporte más popular del universo. El mercado laboral de este deporte está tan saturado que no sólo se necesita la genialidad atlética del deportista para ser contratado, sino también una maquinaria de trabajadores de cuello blanco, abogados, intermediarios, entre otros; y un poco de suerte con los dirigentes y administrativos quienes, en algunos casos, brillan por sus dotes de corrupción.

Mi recomendación para las nuevas generaciones es estudiar y trabajar duro para lograr una profesión perdurable. El deporte es bueno, pero no debe ser la opción primaria para el camino del éxito.

Dr. Humberto Caspa es profesor universitario. Autor del libro: “Terror en el barrio latino: La llegada de la nueva derecha al gobierno municipal.” E-mail: hcletters@netzero.com

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