July 3, 2008

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Migrantes y Petróleo

Lo sospechamos desde hace toda la vida, hasta que Carlos Salinas de Gortari se encargó, hace unos años en el auditorio de la Universidad de Chicago, a cambio de unos cuantos miles de dólares en “speakers fees”, de aclararlo y confirmarlo de una vez por todas: en la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, cada país participante dejó un tema “reservado”, fuera de la negociación.

Canadá dejó fuera el tema del agua, cosa nada sorprendente porque los norteños del norte tienen más lagos que habitantes, y serán tremenda potencia en el tema del agua en unos cuantos años.

Estados Unidos dejó fuera… la migración. Ni la cancelación de todos los aranceles y la apertura mas abierta de las fronteras para que pasaran todas las mercancías posibles les haría que discutieran siquiera, y mucho menos que pactaran en el TLC un asunto tan picudo como la migración.

Y México dejó fuera el petróleo. A cambio de quitarle los impuestos a cualquier cosa que los gringos quisieran meter en el país, a cambio de que cualquier empresa gringa pudiera establecerse en México y explotar a los trabajadores a su antojo y dejar solamente unos pinchurrientos salarios de miseria, nuestros negociadores mantuvieron la dignidad y se reservaron el petróleo.

Quince años después, la discusión regresa a la mesa: México tiene petróleo y migrantes, y Estados Unidos los quiere a los dos, pero sin compromiso.

En México se prohibió la semana pasada hablar del Presidente Legítimo, Andrés Manuel López Obrador, pero no se prohibió hablar del “Presidente Espurio”, así es que tomando nota del título correspondiente, diremos que FeCal insiste en que México “no tiene la tecnología ni los recursos” para explotar “nuestro” petróleo, de manera que hay que convertirlo en el petróleo “de ellos”.

Petróleo por Dignidad

Pero a FeCal ni se le ha ocurrido pedir condiciones a cambio.

En cambio, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, pegó el grito en el cielo y sí combinó acertadamente migrantes y petróleo. Claro, ni petróleo mexicano ni sandeces de privatización, ni tampoco de migrantes mexicanos.

Lo que hizo Chávez fue amenazar con para el envío de petróleo a los países europeos que apliquen la nueva norma sobre inmigrantes indocumentados aprobada por el Parlamento de la Unión Europea y que criminaliza la migración indocumentada y la castiga con 18 meses de cárcel antes de la deportación.

“Nuestro petróleo no debe llegar a esos países” dijo Hugo Chávez. “No podemos quedarnos con los brazos cruzados” ante ese tipo de trato ofensivo. Por cierto, cabe aclarar que muy pocos venezolanos son indocumentados en Europa, y pa’ rematar aclaremos que muy poco petróleo venezolano termina en el Viejo Continente.

Para mayor abundancia, Chávez dijo que la República Bolivariana va a revisar sus políticas de inversión con Europa y que “de la misma manera que Europa decide devolver a sus países de origen a los indocumentados, los países latinoamericanos también podrían decidir ‘el retorno de la inversiones europeas’. Aquí no nos hacen falta”.

Por pura honestidad periodística hay que apuntar que no es la primera vez que Chávez usa el petróleo para amenazar países gachos, y que nunca las ha cumplido.

Pero el punto es que logra algunos objetivos. El Primer Ministro de España, José Luis Rodríguez Zapatero, contestó al día siguiente que Madrid “explicaría la nueva ley para que la relación con América Latina siguiera siendo positiva”. Lo siguió el Primer Ministro de Eslovenia, Janez Jansa, afirmando que la amenaza “era tal vez exagerada y tal vez la ley no se había entendido”.

Y ahí es donde está la cosa. El petróleo no es solamente un energético, sino que es un arma política tremendamente poderosa. Si bien Chávez nunca ha cumplido sus amenazas, si ha provocado reacciones y respuestas no solamente políticas sino en los mercados mundiales. Hay incluso quienes lo acusan de haber causado parte del alza del precio del petróleo.

Y no estamos proponiendo aquí que México transe la privatización del petróleo por una ley de reforma migratoria que nos permita ir y venir como Pedro por su casa, pero de perdida podría haber una actitud de dignidad en el tema.

Igual que Chávez, FeCal bien podría decir que “sin pacto migratorio olvídense de nuestro petróleo”, pero no tiene los pantalones suficientes. Aunque nomás fuera postura y amenaza no cumplida, sería un apoyo bienvenido de este lado.

Pero no hay modo. FeCal nomás quiere entregar el petróleo sin condiciones, igual que Salinas entregó México en el TLC. No se trata de beneficiar a México ni a los mexicanos, sino de beneficiar a los “amigous” de este lado que se han gastado toda la lana de la próxima generación en la “guerra del petróleo” durante los últimos cinco años.

Contacto Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com.mx

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