January 25, 2008

Guerra contra el crimen organizado cobra víctimas inocentes

Por Luis Alonso Pérez

Eran las 2 horas del martes 15 de enero en la ciudad fronteriza de Tijuana, cuando un comando de hombres fuertemente armados atravesó las calles de tierra de la colonia 3 de octubre y abrió fuego sobre la casa de Mainol Gómez Ortiz, un hombre de 29 años originario del Estado de Chiapas.

Las balas de alto calibre atravesaron las débiles paredes de madera y yeso, dejándolo gravemente herido y dando muerte a su esposa Eugenia de 25 años y su hijo José Luis de 3.

Estas son solo dos víctimas inocentes de la guerra que ha declarado el gobierno mexicano contra el crimen organizado, que han muerto en el fuego cruzado entre autoridades policiacas y delincuentes.


Una niña no identificada llora al salir de una escuela cerca de la balacera entre gatilleros y la policía de Tijuana. Foto de David Maung.

Se cree que la familia de Mainol Gómez fue confundida con la familia de un policía municipal, ya que esa misma noche fueron asesinados tres policías tijuanenses de alto rango, así como la familia de uno de ellos.

Hasta el momento los responsables de esta serie de asesinatos no han sido identificados y mucho menos detenidos, una situación que ha provocado miedo, coraje y frustración entre la comunidad.

“Eran buenos muchachos, muy jóvenes. Apenas llevaban dos días de haber llegado y les pasó esto” comentó Eloina Fartan Martínez, vecina del la colonia 3 de Octubre, mientras ataba una lona de plástico al techo de su humilde casa de madera para protegerla de la lluvia.

“Creo que los cuerpos se los llevaron de vuelta a Chiapas, pero a él no sé a dónde se lo hayan llevado, nomás sé que no ha vuelto desde entonces” agregó la vecina, quien se ha mantenido informada por medio del dueño de la casa que habitaba Mainol Gómez.

Eloina no se encontraba en su casa esa noche porque estaba trabajando, pero sus hijos si atestiguaron el ataque y le dijeron que al llegar los atacantes uno de ellos preguntó “¿nos metemos?” y otro contestó “no, desde aquí afuera”.

Ahora la casa ha sido clausurada por las autoridades federales, pero las ventanas rotas y los agujeros en las paredes permiten ver la cama ensangrentada donde dormía Mainol Gómez y su familia.

A una cuadra del lugar de los hechos vive un policía municipal conocido entre los vecinos como “El Banderas”. Mario Hernández, vecino del agente, sospecha que la casa con techo verde del policía pudo haber sido confundida con la casa color verde de Mainol Gómez.

“Lo andaban buscando a él” exclamó Hernández, “Si lo hubieran encontrado lo hubieran matado a él y toda su familia. Afortunadamente no lo encontraron, pero lamentablemente se equivocaron de casa y pagó otra gente por él”.

“Los están cazando” aseguró el vecino, haciendo referencia a la ola de asesinatos a policías de Tijuana.

Gerardo Trujillo Flores, un vendedor de helados, vive con su esposa y su hijo de 3 años a tres cuadras del lugar de los hechos, pero asegura que alcanzó a escuchar claramente los zumbidos de las balas y ordenó de inmediato a su familia tirarse al suelo.

Horrorizado por los hechos violentos, Trujillo exige a las autoridades justicia y mano dura contra la delincuencia organizada.

“Deberían de pagarles con la misma moneda” expresó furioso con una mano al aire en forma de pistola, una clara insinuación de que apoya la pena de muerte para los asesinos.

“Seguimos teniendo mucho miedo, porque nosotros vivimos a un lado del policía y a lo mejor un día de estos regresan por él” sostuvo Janette García Mendez, residente de la colonia 3 de Octubre.

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