January 25, 2008

Fuertes golpes al Cártel Arellano Félix

Por Luis Alonso Pérez

El cártel de los hermanos Arellano Félix, mejor conocido como el Cártel de Tijuana ha recibido fuertes golpes los últimos días de parte de las autoridades policiacas, quienes lograron clausurar una casa usada como campo de entrenamiento de sicarios y detener a un grupo de pistoleros después de un enfrentamiento en esta ciudad fronteriza.

Casa de seguridad en colonia Cortez

Tres largas horas de angustia vivió Tijuana el pasado 17 de enero, cuando un enfrentamiento entre integrantes del cártel Arellano Félix se enfrentaron a tiros contra militares y agentes policiacos en la concurrida colonia Cortez de Tijuana.


Un agente federal, izquierda, y soldados del ejercito mexicano en guardia en la calle de la balacera entre gatilleros y policias en Tijuana. Foto de David Maung.

De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública Federal el incidente inició alrededor de las 10 horas, después de que agentes federales arribaron a una casa de seguridad y fueron recibidos a balazos provenientes del interior del inmueble.

Esta agresión desencadenó un tiroteo que resultó en la captura de cuatro presuntos sicarios y el hallazgo de seis cadáveres, probablemente víctimas de secuestros o “levantotes”.

Todos fueron encontrados con las manos atadas a la espalda, amordazados y con un tiro de gracia en la frente. Días después se determinó que los seis hombres fueron ultimados en el momento de la balacera, probablemente como una forma de evitar que proporcionaran información a las autoridades ante su inminente captura.

En el interior del domicilio se encontraron vehículos de reciente modelo, chalecos antibalas, armas largas y cargadores abastecidos.

Esa misma noche las autoridades federales anunciaron en conferencia de prensa que los detenidos pertenecían al cártel de los hermanos Arellano Félix y que entre ellos se encontraba un policía municipal y un agente estatal.

Su aseguramiento fue atribuido a labores de inteligencia de las fuerzas federales; sin embargo, este operativo puso en grave riesgo a la población, en particular a niños que estudiaban en una escuela primaria ubicada a escasos metros del sitio del enfrentamiento.

Centro de tiro subterraneo

Tres días después de la balacera, la noche del sábado 19 de enero, fue asegurada una casa en la colonia Independencia que servía como galería de Tiro para gatilleros del cártel de los Arellano Félix.

La vivienda se encuentra ubicada en el centro de Tijuana, a unas 25 cuadras de la estación central de policía y cruzando la calle de una escuela primaria.

Por fuera, la casa luce como cualquier otra casa de la cuadra. Tres perros cuidaban el patio y una canasta de básquetbol era lo único que se podía apreciar desde el exterior de la vivienda.

Pero un baño falso era la entrada secreta al campo de tiro subterráneo; solo era necesario levantar el lavamanos y retirar su base para encontrar un hueco con una escalera.

En su interior se encontraba una verdadera obra de ingeniería, ya que el cuarto contaba con tres capas de aislante de sonido y un sistema de ventilación que dejaba salir los gases tóxicos de las balas percutidas.

Al fondo se podían apreciar cuatro cajones que servían como blancos frente a una pared con recubrimiento de caucho para evitar el rebote de balas. En el suelo yacían cientos, si no es que miles de casquillos de armamento de alto calibre, así como partes de armas que habían sido reemplazadas.

En la casa también se encontró un taller especial para reparar y modificar armamento, de manera que les permitía modificar su calibre, capacidad y tamaño.

De acuerdo con testimonios de vecinos la casa no era habitada de forma regular, solo era visitada un par de ocasiones al mes por un hombre acompañado de su esposa e hijo. Nunca sospecharon que servía como centro de entrenamiento para sicarios, ya que jamás escucharon balazos.

En este caso no se logró ninguna detención, ya que el lugar llevaba deshabitado por lo menos dos días.

De acuerdo con estimaciones del comandante de la Policía Federal comisionado en Baja California, Antonio Guzmán Cueto, la “escuela” de sicarios tenía alrededor de 3 años de operación y acondicionar las instalaciones les llevó por lo menos cuatro meses en realizarse.

A pesar de que estas acciones constituyen un logro importante en la lucha contra la delincuencia organizada, lo más grave de la situación es que es posible que existan muchos más centros de tiro y casas de seguridad en la ciudad.

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