January 18, 2008

Commentary:

Oportunidades Disparejas

Por John Rogers y Jeannie Oakes

La semana pasada el Superintendente Estatal Jack O’Connell invitó a más de 4,000 educadores, políticos y expertos a una reunión cumbre en Sacramento en donde les pidió que se enfrentaran a la disparidad que persiste en el desempeño académico entre los diversos grupos raciales. Tal realidad es evidente en los bajos resultados que los estudiantes latinos y afro-americanos recibieron en comparación a los de sus compañeros blancos y asiáticos en California. Los participantes de 125 sesiones de la reunión cumbre hablaron sobre las causas de tal disparidad y ofrecieron estrategias para reducirla. O’Connell les pidió que se enfrentaran con “honradez y valentía a este pernicioso problema” y durante dos días, la capital del estado quedó prendida con energía, ideas y hasta esperanza.

Lo notable es que la otra ‘disparidad’ casi ni se mencionó: la del bajo nivel de desempeño de todos los estudiantes californianos comparados con los del resto del país.

Los más recientes resultados de la Evaluación Anual de Progreso Educativo (NAEP por sus siglas en inglés) – que se conoce como “la boleta de calificaciones del país” – demostraron que los estudiantes de cuarto a octavo grados se desempeñaron en un nivel más bajo que los mismos estudiantes en la mayoría de los estados tanto en matemáticas como en lectura. (Aunque los resultados en matemáticas hayan mejorado en California, esto también ocurrió en el resto del país).

Esta situación afecta a todos los estudiantes del estado, no importa de qué grupo racial provengan. Si no resolvemos tanto la desigualdad del nivel educativo entre los diferentes grupos raciales, como la del nivel nacional, es difícil imaginar que podamos resolver alguna de ellas.

Por ejemplo, durante años hemos estado describiendo y lamentándonos lo mucho que se ha deteriorado la educación en California. Ya todo mundo lo sabe. Los resultados de los exámenes de estudiantes latinos y afro-americanos son, en promedio, los más bajos en todo el país. Sin embargo, y por un gran margen, a los estudiantes blancos tampoco les va muy bien: el nivel de desempeño de los estudiantes de octavo grado en los exámenes de lectura en California es más bajo que el de los estudiantes del mismo grado en todos los estados a excepción de West Virginia y Nevada.

En otras materias y en otros grados, los estudiantes blancos de California se desempeñan a niveles más bajos que los estudiantes blancos en la mayoría del resto de los estados en la unión americana.

¿Existe algún problema con los estudiantes blancos en California? ¿Tienen padres a quienes les importa menos la educación en comparación a padres de estudiantes en Connecticut o Iowa? Nadie se pregunta esto al hablar de los estudiantes blancos. Sin embargo, mucha gente no tiene pena en decir que cuando se trata del bajo desempeño de los estudiantes latinos o afro-americanos, son los factores culturales o los “antecedentes de su familia” las causas principales.

En un reporte que publicamos este mes en el Institute for Democracy, Education, and Access de UCLA ofrecemos una explicación distinta, una que cubre los problemas de aprendizaje de los estudiantes de grupos minoritarios y de los estudiantes blancos, lo que llamamos la ‘disparidad de oportunidades’. Lo que esto quiere decir es que como estado, California se queda muy por detrás del resto de los estados cuando se trata de proveer oportunidades fundamentales de aprendizaje, punto. En general, las condiciones en las escuelas son malas para todos los estudiantes, no importa cual sea su origen racial o étnico y lo peor de todo es que son aún inferiores para los estudiantes latinos y afro-americanos. Sin embargo, estos problemas se pueden identificar y remediar fácilmente.

En promedio, en las escuelas secundarias y preparatorias cada maestro tiene bajo su responsabilidad a casi más de 50% del número de estudiantes de lo que tienen los maestros en otras partes del país. California tiene una escasez crítica de maestros de matemáticas bien entrenados y aún así se espera que todos los estudiantes cumplan con las normas de aprendizaje, las cuales están entre las más elevadas en la nación. Y cuando los estudiantes tienen problemas, es poco probable que reciban ayuda – en promedio hay un consejero por cada 556 estudiantes, el promedio más bajo en todo el país. Los estudiantes de secundaria tienen aún menor acceso a consejeros; un consejero por cada 753 estudiantes.

Además de esto, las escuelas secundarias y preparatorias que inscriben a la mayor proporción de estudiantes latinos y afro-americanos tienen mucha mayor probabilidad de sufrir por condiciones de sobrepoblación o falta de cursos de preparación universitaria que las escuelas de mayorías blancas o asiáticas. Las secundarias que atienden a más de un 90% de estudiantes latinos o afro-americanos tienden a sufrir de una escasez severa de maestros calificados 22 veces más que las de mayorías blancas y asiáticas.

Las normas educativas de California fueron diseñadas para preparar una fuerza de trabajo bien educada para una economía con bases tecnológicas y una ciudadanía bien informada. Pero el lograr alcanzar esas normas no es solamente cosa de motivar a los maestros, a los estudiantes y a los padres a ‘darle más duro’. California no ha invertido en sus escuelas lo que le corresponde para lograr el nivel que esté a la medida de sus normas, y nuestra pobre infraestructura no puede proveer las oportunidades que estos objetivos exigen.

Para verdaderamente disminuir la disparidad entre grupos raciales y a nivel nacional será necesario dirigir nuevos recursos a los estudiantes a quienes más les han faltado las oportunidades fundamentales para aprender.

John Rogers y Jeannie Oakes son directores del Institute for Democracy, Education and Access de UCLA. Este artículo se publicó originalmente en el diario Los Angeles Times.

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