February 1, 2008

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Los Muros Ilegales

¿Se acuerda usted de todos los chistes cuando estaba caliente la propuesta de construir un muro en toda la frontera con México? Entre los más comunes estaban el de que si el muro iba a medir ocho pies de alto, el rentara escaleras de nueve pies se iba a hacer millonario, y el de que la barda la iban a tener que hacer contratando trabajadores indocumentados porque no hay modo de poner gringos a trabajar con salario mínimo.

El caso casi se hace real en Califas del Sur, allá por los incendiados rumbos de San Diego.

Mel Kay es un gringo bastante chambeador. Nació en un suburbio de Los Angeles, uno de 11 hermanos. Su madre era hija de migrantes italianos, y la familia vivió en varios lugares del norte y sur de Califas, trabajando en cultivos de almendras, tomates y otros. Mel trabajó en el campo desde los 7 años y fue a más de 20 escuelas antes de rendirse frente a los estudios y meterse a chambear en un aserradero a los 16 años.

Ahí se hizo empresario y fracasó un par de veces, primero con una compañía de bardas y luego con su propio aserradero en Idaho, donde perdió su lana, un dedo y parte de la mano derecha. Pero en 1984 armó una compañía que si pegó. Con 5 trabajadores, inició la “Golden State Fence”, y le tocó el “boom” de la industria de la construcción. Llegó a vender 150 millones de dólares de bardas al año vendiéndole, entre otros, a bases militares, y prisiones.

Hasta hizo bardas para dos cárceles para inmigrantes, una oficina de la Patrulla Fronteriza y parte del muro en la frontera México- Estados Unidos.

Sus chambeadores eran, por supuesto, indocumentados, pero la mayoría agarró la Amnistía del ’86. La bronca es que se necesitaban cada vez más trabajadores, y Mel Kay contrató a los cuates y parientes de sus chambeadores. La migra le cayó un par de veces, pero Mel recontrató a sus trabajadores cuando volvieron al país luego de ser deportados. La chamba es dura pero paga bien. Hay que levantar 60 libras por encima de la cabeza y jalar y empujar carretillas todo el día en el calor del desierto rocoso de California.

Un Garbanzo de a Libra

Uno de los mayores argumentos de los anti inmigrantes es que “hay que castigar a los patrones que contratan ilegales”.

George Bush ha tratado de hacerlo (aunque nomás sea para aplacar a sus propias tropas), y un buen día le echaron la Migra a Mel Kay para demostrar como hay que tratar a los patrones de indocumentados. Según la Migra, uno de cada tres trabajadores de Kay no tenía papeles. La Migra tenía videos desde 1994 de la recontratación de chambeadores deportados anteriormente. Lo investigaron a fondo, checaron los Seguros Sociales de todos sus trabajadores, y con un helicóptero y 200 agentes le hicieron la mayor redada en la historia de Oceanside.

Lo llevaron a juicio, pero hasta el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, clientes de Kay para construir bases militares y parte de la barda en la frontera declaró en su favor.

Y Kay hubiera salido bien librado de no ser porque le tocó lidiar con Carol Lam en la fiscalía federal de San Diego. Lam, para refrescarle la memoria, es una de los ocho fiscales federales despedidos por Bush (escándalo que le costó el puesto al Procurador González), por ser “poco estrictos en temas de inmigración”. De otra forma posiblemente lo hubieran absuelto, tal como absolvieron a los ejecutivos de la Tyson Foods, acusados de conspirar para contratar indocumentados.

De hecho, aún con el aumento de redadas, no hay muchos casos contra los patrones; los fiscales no tienen recursos para investigarlos y demostrar que hubo “complicidad” o contratación a sabiendas de que los chambeadores no tenían papeles. Entre otras cosas, por eso solamente hay 37 mil patrones (de un total de 7 y medio millones), inscritos en el programa E-Verify del Seguro Social. Al otro 99.99 y medio por ciento no les interesa, porque los puede comprometer y porque no sirve para nada.

Carol Lam quería mandar a Key a la cárcel por un año y medio, pero hace una semana el juez Barry Ted Moskowitz decidió sentenciarlo a solamente 6 meses y no de cárcel, sino de arresto domiciliario.

“Ellos cedieron un poco y nosotros también”, dice Mel Kay. Al final no hubo garbanzo de a libra. No hay “castigo ejemplar” para los patrones por contratar y recontratar indocumentados. No hay problema… la vida sigue igual…

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