December 24, 2008

Comentario:

Fetichismo navideño

Por Humberto Caspa, Ph.D

Si desglosamos la palabra navidad, encontraremos que sus bases etimológicas tienen raíces latinas y religiosas. El diccionario Larouse la define como el “nacimiento de Jesús”. Aparentemente es la llegada del ser divino, de aquel individuo que en su vida de adulto, que de acuerdo a los cánones cristianos, nos salvó de una condena fatídica en el fuego eterno.

A pesar de todo lo que se dice, predica y escribe con relación a la Navidad, el nacimiento de Jesús pasó a segundo plano en nuestro país. En algunas ciudades, mucha gente ni siquiera se acuerda que en esta fecha se recuerda la llegada del redentor.

Por el contrario, lo que más bien prima es la veneración a un hombre de la tercera edad cubierto de una vestimenta roja y vivos blancos, de barba larga plateada, cabellos blancos cubiertos por una gorra colorada y de una frente estrujada por los años. Tiene el ánimo de niño y una sonrisa que alegra a la persona más aburrida del planeta; su carcajada es el símbolo de una nueva “religión” que idolatra el consumismo y el placer de comprar la felicidad a través del dinero.

Recientemente estuve transitando por South Coast Plaza, uno de los centros comerciales más tradicionales y completos del Sur de California. En su interior se encuentran tiendas exclusivas y baratas, restaurantes de lujo y de comida chatarra; hay también boutiques de diseñadores de gran prestigio mundial.

Miles, tal vez millones, de personas transitan día a día en este lugar. La mayoría carga mucho dinero. Algunos, los más recatados, hacen compras en efectivo, y aquellos que sienten que pueden dominar el mundo con sus manos utilizan un pedazo de plástico.

Cuando entré a una de las tiendas exclusivas, encontré a muchas personas que se jactaban de su dinero, compraban bolsones femeninos del diseñador Louis Vuitton que valían en entre 800 y 5,000 dólares. No aprecié ningún ornamento o diseño en sus carteras de plástico fino, que hicieran alusión al nacimiento del niño Jesús, a su altar, a los pastores o a los tres Reyes Magos.

Nada de la Navidad tradicional parecía existir en ese lugar. Por el contrario y como siempre, había adornos de Santa Claus. De vez en cuando aprecié a uno de sus vendedores vestido con una gorra roja, como queriendo imitar al personaje gordo de carcajada estruendosa, siendo que esa persona era una muchacha delgada, bastante atractiva y muy bien proporcionada. Todos la miraban.

El dinero compraba todo. Perfumes y gafas exclusivos de Channel que valen un chorro de “lana”; joyas con diamantes y piedras preciosas que sólo la amante despilfarradora sabe apreciarlas; unas prendas de vestir que en las tiendas populares cuestan algunos dólares, en allá eran una “barbaridad”; el precio de los juguetes de plástico hechos en China estaban por los cielos.

En pleno centro de South Coast Plaza estaba ubicado un carrusel eléctrico de caballos que divertía los pequeños visitantes. A pocos metros se encontraba ese tipo gordo de barba blanca y mal aspecto, rodeado de cientos de niños que hacían fila junto con sus padres para tener unos cuantos minutos a su lado.

Fue imposible encontrar algo que llamara la atención e hiciera alusión al nacimiento de Jesús. Entonces me di cuenta que la fecha tradicional de la Navidad había desaparecido o por lo menos estaba en una etapa de decadencia.

Lo que está de moda es la religión del consumismo. Es decir, el despilfarro de dinero, el fetichismo a las mercancías y la veneración a Santa Claus.

No hay vuelta que dar, somos el símbolo nato de una sociedad capitalista. Su esencia, como dijera un gran crítico de este sistema económico (Karl Marx), destruye todo, incluyendo a la religión.

A Jesús el Capitalismo lo ha bajado de su pedestal. En su trono se encuentra el personaje gordo de traje rojo que no le importa si uno es bueno o malo, sino que tenga un regalito en las manos. Su objetivo central es que tengamos una Navidad alegre en base al consumismo. ¡Feliz Navidad!

Dr. Humberto Caspa es profesor universitario. E-mail: hcletters@yahoo.com

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