December 19, 2008

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Sentándose para Levantarse

Hace 71 años y un par de meses, un grupo de trabajadores se apoderaron de una fábrica en Estados Unidos (literalmente “se sentaron”), en la ciudad de Flint, estado de Michigan, para ser exactos. La acción, llamémosla no completamente de acuerdo con lo que estipulan las leyes. Pero, como antes y como ahora y como en el futuro, las leyes no necesariamente coinciden con la realidad, y aún más importante, no coinciden con los intereses de los trabajadores.

Era el 9 de febrero de 1937, y el gobernador de Michigan, Frank Murphy, decidió que las tropas de la Guardia Nacional debían “imponer el orden” y sacar a los revoltosos de la planta Chevrolet Número 4 de la General Motors. La amenaza fue respondida por John L. Lewis, Presidente del Congreso de las Organizaciones Industriales (acusado de comunista), con dos puntos: primero, diciendo que él se iba a poner en la ventana más grande de la planta y se quitaría la camisa, para que las primeras balas de los soldados le dieran en el corazón.

La segunda, en voz baja, según los archivos históricos, diciéndole al gobernador que cuando viera caer su cuerpo desde la ventana, seguramente escucharía en su oído la voz de su propio padre, asesinado por la corona británica por sus actividades como irlandés revolucionario, preguntándole si estaba haciendo lo correcto.

El gobernador lo pensó dos veces, tal vez recordó las luchas de su padre, y decidió no mandar las tropas contra los trabajadores. El resultado fue que General Motors tuvo que pactar con sus trabajadores el reconocimiento del Sindicato de Trabajadores Automotrices, y tuvo que firmar un contrato colectivo.

El resultado nacional fue que muchos trabajadores ganaron contratos colectivos y reconocimiento sindical, hasta que los sindicatos tuvieron en sus filas por lo menos uno de cada tres trabajadores. Pero tuvieron que pasar 71 años para que otro grupo obrero volviera a ocupar su planta.

Una República con Ventanas

Esta semana, más de 250 trabajadores en Chicago (¡tenía que ser Chicago!), “se sentaron” en su planta, Republic Windows and Doors, para mantener sus trabajos y obligar al patrón a que les pague sus beneficios.

El sentón se produjo cuando el patrón anunció que iba a cerrar la fábrica y que no le alcanzaban los centavos para indemnizarlos. Los trabajadores, representados por UE, el Sindicato de Trabajadores de la Electrónica, le respondieron que lo iban a esperar sentados en la cafetería, adentro del lugar. De paso, la presencia de los trabajadores impediría que el patrón se llevara la maquinaria y la materia prima a la nueva planta que registró una semana antes en Iowa a nombre de su esposa.

Parte de la culpa del cierre la tiene el Bank of America, que a pesar de recibir 25 mil millones de dólares en el rescate bancario, se niega a continuar la línea de crédito de Republic.

La reacción ha sido fabulosa. Comunidad, sindicatos y religiosos llegaron hasta las puertas de Republic con ayuda monetaria, pavos congelados, pizzas y café para los trabajadores.

Y, por lo menos por un momento, a Barack Obama se le olvidó que el título que va a estrenar en enero es “Comandante en Jefe”, y declaró más bien en calidad de “Organizador Comunitario en Jefe”, y declaró en conferencia de prensa que “Con respecto a la situación de Chicago, en que los trabajadores están pidiendo los salarios y beneficios que se han ganado, creo que están completamente correctos”.

En el momento de escribir esta columna, miércoles 10 de diciembre por ahí de las 2 de la mañana hora de Chicago, estoy en la cafetería donde los trabajadores tomaron su histórica decisión y donde están casi casi celebrando su victoria. El Bank of América está a punto de soltar la lana, después de descartar la petición del patrón de que parte del paquete de “rescate” de Republic debe incluir el pago de 11 mil dólares mensuales durante un año de los coches nuevos de los ejecutivos.

¿Se me olvidó mencionar que los trabajadores son inmigrantes?

Pues ese es uno de los dos puntos de toda esta larga historia. Tenían que ser inmigrantes, con la experiencia de lucha de sus países, de lucha dura, de no cumplir exactamente lo que dice la ley. Esa es parte de nuestra fuerza.

El otro punto es que hay prácticamente “permiso presidencial” para hacerlo. Cualquier trabajador, inmigrante o no, debía seguir el ejemplo. El lema del año, año de crisis, año de nueva presidencia, donde el patrón diga que va a cerrar, hay que organizarle un sentón. Sería la respuesta obrera a la crisis económica, y la única forma de lograr un “rescate para los trabajadores”, no solamente los bancos y los ejecutivos… es ponerle un montón de ventanas obreras a la república.

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