August 22, 2008

Comentario:

¿Todos somos Marcos, o todos somos narcos?

Por Dagoberto Márquez

No, no es broma. Parece y hasta tiene ironía pero no, no lo es. ¿O acaso es broma la espeluznante matanza que semana a semana continúa en este país nuestro? No, verdad. Ojalá lo fuera pero no lo es. Comento esto porque anoche, viendo el “noticiero” de López Dóriga recordé que ya tiene cierto tiempo que dejé de ver de manera sistemática dicho informativo en razón de que ya parece periódico de nota roja solamente. Obviamente tal informativo maneja y presenta más información pero a veces tiende a ser escasa, insulsa incluso. Cosa muy distinta al informativo que conducía Jacobo Zabludovsky hace tiempo. Jacobo llegó a pedir disculpas incluso cuando en los últimos años de transmisión de su programa, de repente abundaban las notas relacionadas con violencia, con violencia doméstica aquí en México. Pedía disculpas explícitamente. Después, su programa concluyó y vino Guillermo Ortega Ruiz, quien fue sustituido por López Dóriga después de que tras algunas notas críticas contra Fox candidato (y creo que contra Fox ya presidente) Televisa lo sustituyó, a Ortega Ruiz, abruptamente. Y así llegó el noticiero actual, el que ahora parece periódico de nota roja, de tercera incluso, el que expone y presenta, con gusto al parecer inclusive, las notas relativas a la barbarie y a la guerra supuesta del actual gobierno contra el narcotráfico, el cual extrañamente continúa, casi como si nada, al grado de que más que “acabar con él” pareciera que le fortalece. Y de ahí el enunciado, porque si usted recuerda o si no se percató inclusive, hubo una graciosísima caricatura que nos criticaba de cuerpo entero, a los mexicanos, hace años, en el periódico de circulación nacional “La Jornada”. Una estupenda caricatura que interrelacionaba atrocidades vistas desde la óptica política con atrocidades vistas desde la óptica chusca y mordaz que decía más o menos lo mismo, aquello que -ahora- hemos citado con el título de esta entrega.

Estimado lector, Fina lectora, si bien es cierto que ocasionalmente uno hace despliegue de ironía y “buen humor” la verdad es que esto no es gratuito. Me refiero a que lo que ocurre ahora en México es preocupante, altamente preocupante y lo digo con todas sus letras y con mayúsculas incluso. El fenómeno de la guerra supuesta contra el narcotráfico, además de que es extraña por violenta y por ineficaz, es sospechosa pues no parece dar resultados más que para la “promoción” periodística como lo vemos desde hace cierto tiempo en televisión y en cadena nacional aquí en México. Ésta, la guerra contra el narcotráfico, arranca aparentemente con el inicio del sexenio actual pero en realidad ya lleva más tiempo, varios años, sin que por ello la peligrosa actividad a que nos referimos amaine en absoluto. Hoy incluso la violencia se ha diversificado existiendo ya la ejecución sistemática de personas al igual que la “industria” del secuestro, como han dado en llamarle. Y por más esfuerzos que hace la tropa tanto a nivel de las fuerzas armadas como la de la procuraduría (PGR), la actividad no cede, fortaleciéndose al parecer incluso. Y en esa lógica, ilógica y absurda desde muchos puntos de vista, López Dóriga (y Javier Alatorre de Tv Azteca) presentan imágenes de antología, sucesos ocurridos con tintes y matices de porquería, feos y sanguinolentos que, insisto, parecieran periódico de nota roja, lo que usted guste, de primera o de tercera, como usted quiera verlo, menos noticieros que debieran informar de otra forma, más constructiva, limpia y analíticamente por decir lo menos. Y de mi parte me disculpo, por el enunciado. Este opinante no acostumbra andar disculpándose pero en razón de que existe motivo lo hago expresamente, por andar relacionando el nombre de un líder como Marcos con algo tan distinto como la actividad que nos tiene con el Jesús en la boca actualmente. Y perdón por citar a Jesús en todo esto.

Hace días, si usted recuerda, un alto funcionario del gobierno de México concedió una entrevista, al Financial Times si mal no recuerdo. Dicho funcionario admitió y dijo que el narcotráfico había permeado las estructuras del gobierno. Dijo textualmente que el narcotráfico podía haber apoyado campañas políticas de legisladores, se entiende que de federales y locales. Se entiende también que el grado de dificultad para decir y hablar de ello era alto, muy alto porque además de carencia contundente de pruebas, lo dicho entonces molestaría severamente lo cual ocurrió en efecto. Y la alusión indignó a unos. Y la alusión fue confirmada por otros. Y la alusión hizo que después se dijera que el dinero del narcotráfico no viajaba “en maletas” sino que en términos macro está depositada en los bancos. Y la cúpula bancaria se indignó y dijo que “no es cierto”, que no está en los bancos, que la fortuna de marras está invertida, en negocios, en inmuebles, etcétera. Y un poco (o un mucho) de todo parece cierto. Es posible que no todos los políticos y legisladores se hayan apoyado en dinero del narcotráfico, pero es probable que algunos sí lo hayan hecho. Es posible que no todo el dinero del narcotráfico esté en los bancos, pero es probable que con procesos de “lavado” sí lo esté, en parte, definitivamente. Y claro, es muy probable también que muchos negocios y establecimientos aquí en México hayan sido desarrollados y apuntalados con dicho dinero pues de otra forma no se explica cómo le hayan hecho para que en relativamente poco tiempo, se haya transformado una economía deprimida a todas luces, en una boyante, llamativa y estruendosa por decir lo menos.

A tal grado han llegado las cosas que ahora se plantea la pena de cárcel para siempre a quienes hagan tal o cual cosa, como si eso resolviera lo que algunos han impulsado, encubierto o fortalecido. Todo, como sacarse una carta de la manga, es decir, tramposamente, sin analizar ni revisar causas de fondo, haciendo que todo sea grotesco, al grado que desde la Corte (SCJN) se ha dicho que en efecto, el ejecutivo y el legislativo son corresponsables de que las cosas sean así ahora, refiriéndose a la violencia y al horror desatados, lo cual es verdad aunque sólo en parte porque el poder judicial también tiene culpa. Y en esa vorágine y en ese torbellino, atroz y denigrante, como descompuesto incluso, nadie atina a dar verdaderas respuestas, puras declaraciones y puros “bomberazos” como dice la vox pópuli, nada de verdadero trabajo a favor de la sociedad la cual es también la madre de tantos y tantos que ahora mueren aquí en México. Me refiero a los que mueren por todos los efectos de tan destructiva actividad y lo nefasto de su encubrimiento desde las múltiples esferas de gobierno. Y así, mientras todo ocurre, políticos van y políticos vienen y gobiernos van y gobiernos vienen y nada de nada, “mucho ruido y pocas nueces” como se dice comúnmente. Y mientras se hacen cosas sin un plan rector ni verdaderos estudios, ni bajo una coordinación inter-sectorial que de verdad ofrezca resultados, mucha gente muere en México violenta y gravemente, enlutado de esa forma a decenas y a centenas de familias, dándose un espectáculo gravísimo, deprimente y espeluznante el cual se presenta como digno de un gran “circo” de porquería en el canal de las “estrellas”. Para vergüenza de todos nosotros, lógico.

Es tan grave y tan penoso lo que ocurre que da pena y vergüenza aceptarse como oriundo de estas tierras ahora. Sobre todo cuando gente de otras (tierras) nos visitan, porque ¿Cómo explicar para que nuestras visitas lo entiendan? ¿Cómo decir que la corrupción política permea en nuestros gobiernos? ¿Cómo admitir que al amparo de una complicidad silenciosa, muchos “trabajan” en la actividad más peligrosa de estos tiempos? Por eso, nos guste o no, o todos “nos ponemos las pilas” y nos pronunciamos como lo hicieron miles de indígenas en el sureste, aunque lo hagamos sin armas de fuego pero sí firmemente como ellos y como el propio Marcos, o bien, todos, con la reserva del caso y así sea socarronamente, nos volvemos peligrosos y nos volvemos narcos. De esa forma tal vez hasta lleguemos al poder político y al Congreso. Sí, si hacemos las cosas “inteligentemente” como el “senador” David Jiménez Rumbo, puede que hasta nos volvamos millonarios, o adinerados mínimamente, como el “senadorsete” ese. De manera que a revisar lo que hacemos porque lo que ocurre no es un juego. Tan no lo es, que, mucha, muchísima gente, está muriendo. Todo, mientras el régimen y su comandante en jefe dicen (con bombo y platillo), mientras que mucha gente sepulta a sus muertos, que la batalla se va ganando... Aunque nunca nadie nos haya pedido ni la opinión siquiera para lanzar la batalla de marras, la cual sólo está enlutando a casi medio México.

Es todo.

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