August 22, 2008

Por la Cabeza Se Pudre el Pez

Por Javier Sierra

¿Debería la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) cambiarse el nombre? ¿Debería llamarse la Agencia de Protección del Compadreo? No sería mala idea, a juzgar por los escándalos que continúan sacudiendo a una entidad de la que depende el bienestar de todo un país.

Creada en 1970 para proteger “la salud humana y salvaguardar el medio ambiente natural”, de la EPA depende que nuestras comunidades no sufran el asedio de la degradación ecológica, algo que los hispanos conocemos demasiado bien. El 66% de nosotros vive peligrosamente cerca de un lugar tóxico, es decir, dos de cada tres de los 45 millones de hispanos que vivimos en Estados Unidos.

Empecemos con el escándalo que se originó por donde se pudren los peces, la cabeza. En 2007, el Estado de California, durante décadas la víctima de la peor calidad de aire del país, solicitó a la EPA reducir en un 30% las emisiones de carros para el año 2016. Esto hubiera obligado a la industria automotriz producir vehículos mucho más limpios para su mayor mercado doméstico. También hubiera mejorado la calidad del aire que respira el estado con la mayor población latina del país.

Pero, increíblemente, el Administrador de la EPA, Stephen Johnson, desoyendo las recomendaciones de sus propios científicos, negó la solicitud, alegando que los estándares de emisiones de California no se veían obligados a cumplir con “condiciones apremiantes ni extraordinarias”.

Algo le olió a podrido en la respuesta de Johnson a Henry Waxman, presidente de la Comisión de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes, quien después de meses de investigación lo citó a declarar bajo juramento sobre la controversia. Durante la audiencia en mayo, y más tarde ante la Comisión Medioambiental y de Obras Públicas del Senado, Johnson repitió que la decisión fue sólo suya y que nada tuvo que ver la Casa Blanca con su negativa.

Pero el que mal anda, mal acaba, ya que el mes pasado, un ex alto funcionario de la EPA declaró ante la comisión senatorial que Johnson en principio decidió otorgar una excepción temporal a California, pero que al final cambió de opinión bajo presiones de la Casa Blanca.

Cuatro senadores, llamando a Johnson “fracasado”, exigieron su inmediata renuncia y pidieron al Departamento de Justicia que investigara si había cometido perjurio durante su testimonio.

Johnson rechazó de plano las exigencias de los senadores y declinó aparecer de nuevo para declarar. Pero el escándalo pegó donde hace daño. En un email filtrado a los medios, un alto funcionario instruyó al personal de la EPA no responder a las preguntas de investigadores del Congreso, del Inspector General de la EPA ni de la prensa.

Pero ésta no es la primera vez que la Casa Blanca usa a la EPA para proteger sus ambiciones políticas. Durante todo su mandato, el Presidente Bush ha insistido en que atacar la contaminación de calentamiento global “tendría efectos devastadores en toda nuestra economía”.

Sin embargo, su propia administración contradice radicalmente las palabras del mandatario. Un estudio, precisamente de la EPA, filtrado a los medios asegura que la reducción de las emisiones de efecto invernadero, las que causan el calentamiento de la Tierra, generaría beneficios astronómicos a la sociedad norteamericana.

No es de extrañar que la Casa Blanca haya bloqueado su publicación y la investigación del Congreso del escándalo ya que las conclusiones del estudio ponen patas arriba todas las excusas de los negacionistas del calentamiento global. Por ejemplo:

—“Ya está disponible la tecnología para reducir significativamente las emisiones de camionetas ligeras de aquí al año 2020”.

—“Los beneficios de estos nuevos estándares sobrepasan de largo a los costos”.

—“Los dueños de estos vehículos más eficaces amortizarían el mayor costo entre tres y siete años”.

—Presumiendo que la gasolina cueste unos $3.50 por galón (hoy está a más de $4) “los beneficios netos a la sociedad superarían los $2 billones” ($2,000,000,000,000) de aquí al año 2040.

Mientras tanto —al tiempo que cientos de miles de familias latinas se plantean todas las semanas dónde gastar su dinero, en el supermercado o en la gasolinera— la industria petrolera acaba de anunciar sus mayores ganancias de la historia.

ExxonMobil, por ejemplo, ganó $1,485.55 cada segundo del pasado trimestre, es decir, un total de $11,680 millones. ConocoPhillips se embolsó $5,400 millones, pese a que vendió unos 200,000 barriles de petróleo diarios menos.

Pese a estas ganancias, la industria petrolera y sus amigos en Washington sólo saben pedir más para ellos y menos para el consumidor.

Realmente, por la cabeza se pudre el pez.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Visite www.sierraclub.org/ecocentro.

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