August 15, 2008

Excuse me, do you speak Esperanto?

Por Marco A. Romero

Mentes prominentes, hicieron publicar en España, recientemente, un manifiesto en el que asumían que el castellano es juntamente la lengua común y oficial de todos los ciudadanos españoles.

En América Latina al castellano le llamamos español, y no obstante la ancestral riqueza lingüística del subcontinente, hace mucho tiempo que la aceptamos como nuestra lengua materna.

El Manifiesto por la lengua común, cuya lista de firmantes encabeza el novelista peruano Mario Vargas Llosa, reconoce el derecho de las llamadas regiones autónomas, como por ejemplo Cataluña, Valencia, y el País Vasco a fomentar a través de la educación el empleo de sus lenguas locales, pero no a sustituir al castellano como idioma vehicular exclusivo, lo que es más fácil de decir, o de publicar, que tratar de convencer, particularmente, a los grupos separatistas.

Polémica de todos matices ha desatado el documento en la península ibérica, encendiendo atávicos enconos. Los intelectuales autores del manifiesto han debido responder a toda suerte de reclamos; fueron por lana y salieron trasquilados.

Estados Unidos es el hogar de unos 45 millones de personas que hablan español, tres millones más que toda la población española. Algunos les llaman latinos, otros hispanos. Aman sus raíces pero se esfuerzan por ser bilingües, cada día deben agregan a su vocabulario una palabra, una frase o una expresión del idioma inglés.

En este país no multan a los comerciantes por poner los rótulos de sus negocios en español, a diferencia de algunas ciudades españolas donde si lo hacen. Claro que no faltan los exaltados que sueñan con un país absolutamente monolingüe pero, al encarar a la historia, tienen perdida la partida.

Del Manifiesto por la lengua común hay que rescatar el planteamiento de que son las personas quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. Cada quien es libre de hablar el idioma que mejor le parezca.

Hay países europeos como Bélgica, Polonia y Suiza, donde es indispensable hablar hasta tres idiomas debido a sus características geográficas. No creo que ir más allá del dominio de la lengua materna le haga daño a nadie.

Esto de discutir por la preeminencia de la lengua no es cosa nueva.

A finales del siglo XIX, Lazarus Ludwig Zamenhof, un polaco visionario, tuvo la feliz ocurrencia de inventar el lenguaje Esperanto, para que fuera empleado internacionalmente como segundo idioma. Tomó las raíces comunes de las lenguas europeas predominantes y construyó una gramática simple. No era, en absoluto, una mala idea.

Imagínese a usted en el mercado preguntándole a un dependiente: Excuse me, do you speak Esperanto?

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