August 15, 2008

Comentario:

Lo Que No Estás Escuchando

Por Israel Ortega

Con preocupaciones como el precio de la gasolina, el calentamiento global, la guerra en Irak y el sistema de salud, los candidatos presidenciales han tenido mucho de qué hablar. Y sin embargo existe un tema que ambos candidatos han evitado – aunque pueda peligrar nuestro país por generaciones.

Me estoy refiriendo acerca de lo que los economistas llaman, “los grandes 3”: El Seguro Social, Medicare y Medicaid.

El año 2008, además de ser un año presidencial, también marca el principio de una importante fecha: Casi 80 millones de “baby boomers” (término para describir el alto índice de bebés que nacieron durante los años 1946-64) serán elegibles para poder retirar los beneficios del Seguro Social y el Medicare. Productos de dos periodos en nuestra historia cuando el tamaño del gobierno creció inmensamente bajo el cargo de las administraciones Roosevelt y Johnson. Desde ese entonces estos programas han permanecidos prácticamente intactos.

El costo de estos programas es asombroso. Según la oficina de Administración y Presupuesto, (Office of Management and Budget) el precio por los tres programas en el año 2007 fue $1.14 trillón de dólares. Esa cifra es más grande que el producto interior bruto de Guatemala, El Salvador y Honduras. Afortunadamente, ésto es sólo aproximádamente el 8.4 por ciento de nuestro producto interior bruto.

Pero aun así, según mis colegas Dr. Stuart Butler y Alison Fraser, la combinación de los “grandes 3” doblará del 8.4 por ciento del producto interior bruto a casi el 15 por ciento cuando los recién nacidos de hoy se estén matriculando a la universidad. Puede que esta cifra no parezca grande, pero la verdad es que lo será, porque el número solo crecerá con el tiempo.

Esto es un tema moral ya que les estaríamos heredando un déficit inmenso a nuestros hijos y nietos. Un déficit que está creciendo diariamente. En sí, esto significa casi una deuda para cada hombre, mujer y niño en los EEUU de casi $175,000 dólares. Esencialmente estamos viviendo en tiempo prestado para poder pagar por estos programas federales.

Y es ahí precisamente lo que los economistas están describiendo como una amenazante crisis que afectará cómo nuestro gobierno gastará nuestro dinero. Porque el gasto para estos programas crece automáticamente sin restricciones anuales, los congresistas pronto serán confrontados con la realidad de tener menos en que gastar para otras prioridades. Estos podrán ser gastos como el proveer para nuestra seguridad nacional.

Economistas de ambos espectros políticos están en acuerdo que salvo, que el Congreso actué, nuestra economía será debilitada como nunca antes. Así que uno tal vez se esté preguntando, ‘¿Por qué no hace algo al respeto el Congreso?’

Parte de la respuesta es que el corregir el actual desastre requerirá cambios funda-mentales y masivos. Puede que esto signifique el alargar la edad del retiro, o el asegurar que sólo los que más lo necesiten reciban beneficios. También necesitaría que el Congreso gaste menos.

Y en estos tiempos cuando los políticos nos están prometiendo el mundo, estas decisiones sin duda no serán fáciles.

Nuestros oficiales electos eligieron ser políticos, entre otras cosas, para tomar decisiones difíciles para el mejoramiento de nuestro país. Estaríamos en nuestro derecho en recordarles, por qué es que están en Wa-shington, D.C.

Israel Ortega es un Asociado de Prensa y Medios de Comunicación para la Heritage Foundation y lleva más de media década trabajando en Washington, D.C. (heritage.org).

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