August 8, 2008

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Protección de Derechos

Estos días, como en cualquier ciudad gringa, Chicago vive un clima de temor en la comunidad inmigrante. Según datos del Consulado de México, hay docenas de casos, hasta un promedio de 80 semanalmente, de mexicanos deportados. Dice la vocera local de la Migra que hay alrededor de 100 deportados por semana, de todas las nacionalidades.

La cosa es que tanto la ciudad de Chicago como Cook, el Condado que la rodea, son supuestamente “santuarios”. Las dos entidades han aprobado disposiciones que le prohíben a sus agencias, empleados y agentes, preguntar el estado migratorio de sus residentes.

En el caso de Chicago, la historia del “santuario” viene desde 1985, cuando el primero alcalde afro-americano de la ciudad, Harold Washington, emitió una Orden Ejecutiva prohibiéndole a la policía hacer preguntas sobre la situación migratoria, luego de que una mujer portorriqueña, miembro de su gabinete, fue detenida enfrente del edificio del Ayuntamiento y se cuestionó su estado migratorio. Obviamente, las preguntas surgieron por su acento y el color de su piel, racismo puro, pues. Harold Washington emitió entonces la Orden Ejecutiva I-85.

Al calor de las marchas de la Primavera del Inmigrante 21 años después, el Ayuntamiento de Chicago elevó a Ordenanza la mentada Orden Ejecutiva, que claritamente le ordena a todas las autoridades de la Ciudad no preguntar ni investigar ni ayudar en la investigación del estado migratorio de una persona. La nueva ordenanza se celebró con bombo y platillo y los inmigrantes se sintieron seguros.

Pero el 2006 fue el 2006, y el 2008 es el 2008. Haciendo una cuenta simple, 100 deportados por semana son la fabulosa suma de 5 mil 200 al año. A ese ritmo, la Migra necesitaría unos 97 años para deportar al calculado medio millón de indocumentados en el área. Y eso, por supuesto, es sin contar a los “inmigrantes melate”, los que se acumulen esta semana. Si la política de deportaciones no resuelve, y no resolverá nunca la cuestión de la inmigración, entonces, ¿por qué hay deportados?

Exceso de Derechos

Pero ahora resulta que la policía de Chicago, a pesar de la mentada prohibición de investigar el tema, le pregunta a sus detenidos “en dónde nacieron”, y escribe y reporta el dato. Luego de una complicada cadena de transferencias, los detenidos terminan en la Migra.

La razón para preguntar (a los latinos, claro, porque hasta ahora no encontramos arrestados de otra nacionalidad que terminen con la Migra), es… respeto a la Convención de Ginebra.

Este acuerdo internacional (que Estados Unidos no respeta y por eso inventó la categoría de “enemigo combatiente”, para violarlo), dice que los detenidos en suelo extranjero tienen el derecho de que se le notifique a su consulado o embajada. Por curiosa curiosidad, con otras nacionalidades las autoridades que hacen el arresto están obligadas a avisar al gobierno extranjero, pero no en el caso de los mexicanos.

Con nosotros, la autoridad solamente está obligada a informarnos que tenemos la opción de contactar al consulado o embajada. Y cuando la Policía de Chicago, bien cumplidora de los acuerdos internacionales y bien respetuosa de los derechos de sus detenidos, pregunta en dónde nacimos,… de paso nos pone un nopalote tricolor en la frente que la Migra nota a diez cuadras de distancia.

La policía entrega la lista de detenidos al Condado de Cook (que tampoco “colabora con la Migra”) y los carceleros reciben un “immigration hold”, petición de no soltar al preso al final de su caso legal, sino retenerlo por 48 horas para que la Migra tenga chance de recoger(se)lo.

Si hay papelito de “hold”, el Condado no acepta fianzas por los cargos criminales, y el preso se pasa semanas y meses en chirona. Si el juez lo suelta, el Condado lo retiene 48 horas más. Si la Migra se lo recoge, comienza el proceso de deportación, con otras fianzas y semanas en la cárcel y demás.

¿El consulado? Bien, gracias, y ¿Usted cómo está? No por brutos o gachos, pero los trabajadores del consulado no tienen ni el tiempo ni los recursos para hacerse cargo de todos los casos (suponiendo que el detenido tenga acceso a un teléfono y les hable para pedir protección consular).

En conclusión, la Policía cumple con todas las leyes,… y nos friega en el proceso. La propuesta que se hizo al Ayuntamiento de Chicago es mejor agregarle el aviso de la Convención de Ginebra a los Derechos de Miranda (los que dicen que tenemos derecho a callarnos la boca antes de meter la pata), y que la chota diga algo así como “Si usted es griego, chino, polaco, coreano (y etcétera), estamos obligados a comunicarnos con su consulado o embajada; si Usted es mexicano, usted puede hacerlo”. Y punto. No nopales tricolores, no reportes.

A fin de cuentas, este derecho nomás nos enchueca la vida…

Contacto Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com.mx

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