April 18, 2008

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Luisa Fernanda Montero

A un año de la peor masacre escolar en Estados Unidos ¿Hemos aprendido?

Fue una mañana de abril que quedó grabada para siempre en la memoria de este país; ese día, un joven perturbado mentalmente, que venia presentando conductas extrañas, inició la cadena de ataques que terminarían con la vida de treinta y dos personas y la suya propia en la Universidad Politécnica de Virginia.

Entre las víctimas fatales de aquella masacre cayeron el joven peruano Daniel Pérez Cueva, de 21 años y estudiante de relaciones internacionales y el puertorriqueño de 26 años Juan Ramón Ortiz, quien adelantaba una maestría en ingeniería.

Ambos sucumbieron al impacto de las balas disparadas sin control – y simultáneamente - desde dos armas de fuego; una 9 milímetros y un revolver calibre 22.

Al asesino, le fue muy fácil comprar las armas y las municiones que usaría para acabar con la vida de quienes se cruzaron esa mañana por su camino. Es bien sabido que el acceso a las armas de fuego es causante en Estados Unidos de un alto porcentaje de muertes que, de otra forma, podrían evitarse.

Sin embargo, tragedias como la ocurrida en ‘Virginia Tech’, para no sumar otras tantas a la larga lista de masacres estudiantiles, no parecen perturbar el derecho a portar armas con mínimo control de las autoridades, y al parecer no habrán cambios en las leyes.

Por tanto, nos queda a nosotros como comunidad, ya no el deber, si no la obligación de controlar en nuestros hogares el acceso a las armas de fuego; estas deben permanecer bajo llave y completamente alejadas del alcance de los menores.

Pero son muchas las voces de alerta que deben levantarse, si se pretende evitar que tragedias como esta se repitan.

El asesino de la universidad de Virginia, había presentado una serie de comportamientos patológicos que ya lo habían llevado a los centros de atención siquiátrica.

A pesar de que existían advertencias claras de que el joven perturbado podría ser significativamente peligroso para sus semejantes y para el mismo, la ineficacia del sistema se encargo de minimizarlas y permitió que treinta y dos personas pagaran el error con su vida.

Si queremos preservar la paz en nuestras comunidades, y evitar tragedias lamentables, debemos ser vigilantes y mantener un sano control, sobre las circunstancias que nos rodean.

La tragedia de Virginia Tech fue el resultado final de una cadena de acontecimientos errados que pudo haberse detenido a tiempo; como sociedad estamos llamados a evitar que se repitan.

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