April 18, 2008

Maclovio Rojas, 20 años de lucha por la dignidad

By Pablo Jaime Sáinz

Jacqueline Hernández era una niña de 10 años cuando su familia llegó a la tierra en medio de la nada de lo que ahora es el poblado Maclovio Rojas hace 20 años.

Ella recuerda como el área estaba desierta, una polvadera a unas 10 millas de Tijuana sobre la carretera libre a Tecate.

No estaban los modernos fraccionamientos cercanos ni las grandes maquiladoras donde trabajan muchos de los residentes del Maclovio.

La de Hernández era una de unas 25 familias que fundaron esta comunidad en abril de 1988 y aunque ella era apenas una niña, aun recuerda los obstáculos que enfrentaron para establecerse.

Eran familias de campesinos, inmigrantes, muchos de ellos provenientes de Oaxaca, que buscaban un lugar donde vivir. Se asentaron aquí cuando nadie más se interesaba en estas tierras. El poblado recibe su nombre de Maclovio Rojas, un líder mixteco en el valle de San Quintín que murió atropellado en 1987.

“Hemos logrado mucho desde entonces”, dice.

Ya tienen dos escuelas primarias, una secundaria, una Escuela de Oficios y una Casa de la Mujer, donde las mujeres del poblado reciben servicios sociales. también se ha desarrollado una vibrante microeconomía gracias a los pequeños negocios que se ubican sobre la carretera y los mercados ambulantes que venden toda clase de chacharas.

Hernández continúa viviendo en el Maclovio, una de las colonias marginadas al oriente de la ciudad. Al igual que ella, aquí están creciendo sus dos hijos.

Afirma sentirse orgullosa de los avances que los “maclovianos” han hecho en su colonia, a pesar de que no cuentan con servicios básicos, como electricidad y agua potable.


Una niña camina frente a un mural que muestra la lucha de los residentes del Maclovio.

Ella trabaja como administradora del Centro Comunitario Aguascalientes donde una asociación de residentes del poblado tiene sus juntas y organiza eventos sociales y culturales en el lugar.

Los murales sobre las paredes del centro cuentan la historia del asentamiento, de los retos que la comunidad ha enfrentado y de la lucha por salir adelante con sus familias.

Son alrededor de 2,500 familias y más de 12 mil habitantes, según cálculos de la asociación de residentes.

Los que pueden, viven en casas hechas de ladrillo. Los que menos tienen, se las arreglan con casas de lamina, de madera y hasta de cartón.

Por 20 años han mantenido una lucha constante por recibir las escrituras de sus tierras, que, jurídicamente, pertenecen al Ejido Francisco Villa, un ejido vecino al Maclovio.

El año pasado representantes de la unión de residentes hicieron un plantón y estuvieron en huelga de hambre en el edificio del gobierno estatal en Tijuana, exigiendo mejores condiciones para el Maclovio.

Al no contar con los documentos necesarios, el gobierno federal y estatal lo considera un asentamiento irregular. Por eso el estado no puede llevar agua potable, a pesar de que la planta central de la compañía de agua de Tijuana está a un costado del lugar.

Para poder sobrevivir, los maclovianos cuelgan “diablitos” de los cables de electricidad que pasan por la carretera federal a Tecate. Han hecho conexiones ilegales al acueducto que pasa debajo de estas tierras para poder tener agua en sus hogares.

“No somos sinvergüenzas; somos gente de trabajo”, afirma María Luisa Romero, una mujer de 61 años que ha vivido por los últimos 15 en el poblado. “Si hacemos esto es para sobrevivir, pues el gobierno no nos da los servicios. Como mexicanos, tenemos derecho a ellos”.

El Maclovio Rojas se ha convertido en un imán para activistas sociales de muchas partes del mundo, incluyendo Estados Unidos. Lo ven como un claro ejemplo de los efectos de la globalización. Dicen que las tierras del Maclovio quieren ser apoderadas por las maquiladoras de grandes compañías transnacionales, como Toyota y Hyundai, que se encuentran a unos kilómetros del lugar.

“Los extranjeros lo ven hasta de una forma espiritual, como un ejemplo de lo que México podría ser”, afirma Michael Schnorr, un profesor de arte en Southwestern College, en Chula Vista, que ha hecho labor social en el Maclovio por 12 años. “Hay más democracia en el Maclovio Rojas que en el resto de México”.

Y es que para poder construir las escuelas y los centros sociales, la mayoría de los pobladores del Maclovio cooperan con dinero o material para construcción. La cooperación es voluntaria. También tienen juntas comunitarias donde se toman decisiones importantes entre los que quieran participar.

Digna Reyes es una residente del Maclovio.

“Estamos cansados de no tener los servicios básicos de manera regular”, dice en una mañana reciente mientras lavaba ropa en el lavadero de piedra de su humilde casa construida con pedazos de madera y lamina de fibra de vidrio. “Diariamente tratamos de sobrevivir”.

Hortensia Hernández, una líder de la asociación de residentes del Maclovio y parte de las familias originales del lugar, vive escondida por una orden de arresto en su contra por robo de agua.

Hortensia niega el cargo, alegando que fue inventado por el gobierno estatal para obligar a los maclovianos a desalojar las tierras.

“No nos dejan avanzar”, dice.

Aún en la clandestinidad, Hortensia dice que ha podido contribuir a los planes futuros de su comunidad, entre los que están crear un mercado comunitario y un centro deportivo con canchas de básquetbol y futbol.

“Tenemos la infraestructura, tenemos la visión, tenemos la ambición”, afirma. “Nosotros vamos despacito. No tenemos mucho dinero, pero ahí vamos con nuestros proyectos”.

María Luisa Romera, la señora que vive en una casita que ella misma construyó, dice que con el sueldo que obtiene limpiando casas en los fraccionamientos cercanos puede tener lo básico.

“Yo vivo a gusto en el Maclovio Rojas. Es una comunidad que me abrió los brazos cuando llegué hace 15 años”.

Y aunque Hortensia no niega que también hay crimen y drogas, como en todo Tijuana, en general el poblado es un buen lugar vivir para las familias pobres.

“En el Maclovio Rojas se vive una vida tranquila. Somos gente tranquila. Las familias del Maclovio tienen un patrimonio familiar. Para estas familias que no ganan mucho dinero, no hay mejor lugar que ahí”.

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