April 11, 2008

Comentario:

El dolor de Felicidad

Por Humberto Caspa, Ph.D

“Qué debemos hacer nosotros [que no tenemos residencia legal en este país] una vez que terminamos el High School. Si me aceptan en una universidad, yo no tendría un respaldo económico, ni tampoco se si el título que voy a adquirir me va a servir para encontrar un trabajo profesional.”

Lo anterior fueron palabras contundentes de una muchacha valiente que, a pesar de su condición legal, encaró con mucho respeto al senador del estado de California, Lou Correa, y a los dirigentes de Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC) en un evento de conmemoración organizado en el Orange Coast College.

La situación de Felicidad, nombre con el cual se presentó la muchacha, no es desconocida en nuestro ámbito, pero fue la primera de este tipo que experimenté en un lugar público por una persona que es directamente afectada por las leyes de este país.

La imploración de Felicidad fue como un dardo envenenado que se internó en fondo del senador Correa y de los que asistimos el evento. Nos hizo recapacitar en torno a nuestra posición como líderes cívicos de la comunidad.

De los 12 millones de indocumentados existentes en Estados Unidos, alrededor de 1.8 millones o 15% de la población pertenece a los grupos juveniles o niños en edad escolar. Aproximadamente cerca de 65.000 estudiantes indocumentados se gradúan cada año y muchos de ellos, tal vez la mayoría, debido a su condición de indocumentado, se autodescalifican y buscan fuentes de trabajo en los escalafones más bajos del sector laboral. En el peor de los casos, algunos caen en el manto grotesco de las pandillas y grupos delictivos de la sociedad.

La pregunta de Felicidad surgió justamente cuando el senador Correa estaba autoreflexionando en torno a los exponentes negativos de la comunidad latina en el estado de California. “Somos mayoría en las cárceles, tenemos las tasas de abandono escolar más alto, el embarazo prematuro es más algo que cualquier otro grupo étnico-nacional y la mayoría de las pandillas en nuestra región pertenece a los grupos latinos.”

Correa no supo abordar la pregunta de Felicidad en forma tangible y contundente. Yo creo que ninguno de los que asistíamos tenía una respuesta lógica, sin entrar a la demagogia y de acuerdo a las posibilidades políticas que se presentan en este momento en el estado de California y especialmente en el gobierno norteamericano. Correa sólo se limitó a hacer recomendaciones, las cuales Felicidad probablemente escuchó miles de veces. “No hay que perder las esperanzas en el estudio”, simplificó el senador.

Por mi parte reflexioné que uno de los lugares más propicios para proseguir una carrera universitaria era precisamente los colegios comunitarios.

Por una parte, el precio de colegiatura (tuition) no es una suma inalcanzable y el costo por clase no es cosa del otro mundo. El Santa Ana College, el cual se encuentra a unos 40 minutos de Los Ángeles, es uno de los centros educativos que, sin ocasionar problemas legales en contra de si mismo, presta servicios a estudiantes indocumentados en forma eficiente.

Por otra parte, un estudiante no solamente puede transferir sus créditos universitarios a un establecimiento de licenciatura, como la Universidad de California de Los Angeles, sino que en el proceso de estudio, esa persona puede adquirir un título de carrera técnica por los dos años que ha cursado.

Conozco a estudiantes que han adquirido títulos en diseño gráfico y han podido insertarse dentro del mercado laboral con un sueldo aceptable. Al mismo tiempo de trabajar, ellos están en proceso de complementar sus estudios de licenciatura en otras universidades. Conozco también a otros estudiantes que tienen un diploma de asistente de dentista y ha logrado introducirse dentro de hospitales y clínicas particulares con sueldos remunerables.

Así, el no tener documentación legal no es un fin en si mismo. A pesar de que las circunstancias son bastante dolorosas, existen mecanismos dentro del mismo sistema de educación y del mercado laboral que permiten a personas como Felicidad buscar la felicidad en un mundo ajeno e intrínseco, a la vez.

Felicidad tiene derechos. No obstante de haber nacido en algún país latinoamericano, su cultura, el idioma y sus costumbres son tan estadounidenses como aquellas personas que han nacido en este país.

Dr. Humberto Caspa es profesor adjunto en la Universidad Estatal de California, Long Beach. Autor del libro: “Terror en el barrio latino.” E-mail: hcletters@netzero.com

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