September 21, 2007

Los cuentos viajeros

Por Yhamel Catacora

Para quien haya vivido una niñez con tele en blanco y negro o bien, sin tele, habrá crecido inconscientemente intentando no mentir, ni hurtar, y en lo posible no desobedecer a mamá y papá; y es que ahí, en un lugar oculto de la tal conciencia estaban los gusanitos, el lobo feroz, la bruja, los fantasmas, ¡el cuco! o los refranes con los que Esopo nos jalaba la oreja. Si hojeamos un poco nuestra niñez, quizás, concluiríamos que desde el sur Patagónico, hasta el norte mexicano nos han estado contando el mismo cuento, bien arropado con las costumbres de cada uno de nuestros países. Cuentos que han viajado por tierra y por mar, clandestinos a veces, para asentarse en cada una de nuestras tierras y allí, seguir existiendo.

A pesar del moderno mucho de las decenas de canales o networks de niños, y de astrohombres asiáticos y súper héroes omnipotentes, los cuentos de nuestros tiempos y de los tiempos de nuestros abuelos, se han impuesto.

Eso es lo que nos demuestra la escritora cubana Carmen Agra Deedy, quien embaló muy bien en el equipaje que trajo de Cuba hace muchos años, a Martina, que hoy protagoniza su cubanísimo cuento infantil titulado Martina una cucarachita muy linda.

No hace falta repetir todo el cuento, unas líneas servirán para identificar a la cucarachita, que en otros países era una hormiguita quien después de negar a una fila de pretendientes, finalmente acepta casarse con el Ratón Pérez. La coqueta Martina ha atravesado un par de continentes y ha sobrevivido decenas de generaciones para llegar a Estados Unidos, vestida de cubana, abanicándose sobre un típico polvo Maja en sus aposentos, decorados con el portarretrato de José Marti, amueblados con una caja de cigarros, que claro está, para una cucarachita son un tremendo armario. La ilustración de Michael Austin pone el color y el maquillaje a la cucarachita.

Carmen Agra Deedy evita llegar al trágico fin del Ratón Pérez y evita la depresión que tal vez sentimos los que de niños sufrimos la desobediencia del Ratón Pérez, llorando con la fuente, casi derribados con el palomar. Pues la escritora nos presenta una versión del cuento folklórico, muy apto para todas las edades, y obviamente consciente de las sensibilidades del primer mundo, lo que sirve de excelente introducción al maravilloso universo de los cuentos infantiles latinoamericanos.

Después de una veintena de años desde su llegada imprevista a este país, la propia escritora comentaba que los adultos tendemos a ignorar el impacto que causa en los niños, esos viajes repentinos. Claro está, millones de niños obligados a dejar sus tierras natales, arrastrados como equipaje y aunque duela decirlo, a veces como carga pesada, son protagonistas de sagas reales donde hay persecuciones, ultrajes, pobreza, asaltos, violencia y todo lo que puede conllevar el ser inmigrante, o peor aun, ilegal.

Y aunque no debemos ocultar la realidad en blanco y negro a los más pequeñitos, por lo menos podemos dedicarles un momento colorido y divertido leyéndoles los cuentos que a nosotros, en otras décadas, nos hacían olvidar los dramas cotidianos, los golpes de estado, la escasez de alimentos, los toques de queda y tantos otros dramas.

Pues si el tiempo se ha encargado de enterrar en la memoria los cuentos de nuestra infancia, lo único que deben hacer, mamá, papá o la tía querida es buscar a Martina y tantos otros cuentos que hoy están en español, en la biblioteca pública más cercana y por lo menos, por unos minutos, sumergirse en un mundo ajeno a las cosas feas de la vida.

Carmen Agra Deedy, junto con la conocida presentadora Maria Celeste Arrarás son la representación hispana en el Festival del libro organizado por la Biblioteca del Congreso a llevarse a cabo el 29 de septiembre en el Mall de Washington DC. Para más detalles simplemente visite www.loc.gov.

Yhamel Catacora es columnista independiente y reside en Washington, DC.

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