September 21, 2007

Comentario:

Rezago en las escuelas

Por Humberto Caspa, Ph.D

La niñez es una de las etapas más preciosas de la existencia humana. Aquellos pequeños seres de la sonrisa permanente, de energía interminable, de ánimo al deporte y al entretenimiento, están de vuelta a los recintos escolares del país.

Nuestro éxito a futuro como una sociedad organizada depende mucho en cómo esta gente “diminuta” alcanza a captar los diversos módulos de enseñanza en las escuelas públicas y privadas. Por eso, como quién dice por ahí, “los niños son el futuro de nuestra patria”.

Cada uno de las asignaciones curriculares que se imparten en las escuelas tiene un significado especial en el desarrollo sano de nuestros hijos. A mi niña de once años le asignaron clases de matemáticas, ciencias exactas y ciencias sociales, humanidades y educación física. Con las otras actividades extracurriculares que realiza durante la semana, tal parece que su tiempo está más saturado que el de un adulto que trabaja 40 horas a la semana.

Aparentemente, en condiciones normales, tanto mi niña como sus amiguitas, deberían responder académicamente de acuerdo a las exigencias establecidas por las autoridades del distrito y los administradores de los establecimientos escolares. Es decir, todos los estudiantes, al final del año lectivo, deberían tener calificaciones aprobatorias, incluyendo a los exámenes estandarizados del estado de California.

Empero, como las condiciones no son enteramente normales, algunos estudiantes de ciclo básico, de intermedio y de High Schools, no responden de acuerdo a las reglas establecidas. En otras palabras, muchos de ellos viven en barrios y distritos escolares afectados por problemas sociales, los cuales gravitan enormemente en su desarrollo normal.

Mi niña me cuenta que algunas amiguitas suyas, quienes habían estado en el mismo curso el año pasado, hoy no comparten las mismas aulas, a pesar de que están en el mismo grado (sexto). “Probablemente”, dice mi hija, “no han tenido buenas calificaciones en el examen del estado”.

De momento, no tengo claro las razones por qué algunos estudiantes son puestos en cursos especiales de aprendizaje. Es probable que mi niña tenga razón o puede ser que existan otras explicaciones más ponderables. Lo cierto es que hay un porcentaje de estudiantes que no están a la altura de los estándares académicos que establece el estado.

En este sentido, La Opinión y otros periódicos de la nación proporcionaron reportes en torno a este tema, particularmente con relación al rezago de los estudiantes latinos.

Meses atrás, durante la campaña electoral de las elecciones de 2006, uno de los miembros de la mesa directiva de Distrito Escolar de Newport-Mesa, Karen Yelsey, tuvo una reunión singular conmigo.

A través de una conversación amena, le informé acerca de algunos factores sociales y estructurales que inciden en el desarrollo de algunos estudiantes latinos. Le comenté que difícilmente se puede esperar resultados similares entre un niño/a de un barrio de clase alta-media de Newport Beach y un niño/a que vive en las zonas periféricas de la ciudad de Costa Mesa, como el barrio del Occidente. Mientras los primeros nadan con la corriente, los segundos lo hacen contra la corriente, comenté metafóricamente.

Precisamente, algunos niños rezagados en la escuela de mi hija, pertenecen a los barrios afectados por la pobreza, crimen, grupos de pandillas, hacinamiento, etc. A ello hay que agregar aspectos culturales y de educación de los padres de familias que podrían estar afectando su desarrollo escolar.

Así, la problemática de los estudiantes rezagados es un tema complicado y abarca no sólo a las autoridades de la escuela a resolverlo. Su resolución requiere de un trabajo conjunto de oficiales del distrito, administradores del establecimiento escolar, autoridades de la ciudad y a los padres de familia.

Aparte de simplemente separar a los estudiantes rezagados de los “normales”, los administradores y profesores tienen que encontrar mecanismos que van más allá de las escuelas, ya que el problema está incrustado en las familias, el barrio y la comunidad.

Mi niña me comentó que su amiguita no logró pasar los exámenes estandarizados del estado de California, pero también me dijo que sus padres no tienen los recursos necesarios para solventar los gastos diarios, no hablan inglés, laboran dos trabajos y viven en un lugar que no es muy hospitalario.

Por consiguiente, la solución debe enfocar la parte escolar como también los problemas sociales y económicos del estudiante.

Dr. Humberto Caspa es profesor adjunto en la Universidad Estatal de California, Long Beach. E-mail: hcletters@netzero.com

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