September 7, 2007

La identidad de los inmigrantes en las luchas sociales actuales

Por Eduardo Stanley

FRESNO — En los 60s, el movimiento de los derechos civiles, encabezado por los afroamericanos del sur del país, generó transformaciones sociales de gran importancia para todas las minorías étnicas del país.

En el Valle Central de California, una huelga rural iniciada por trabajadores filipinos prendió la mecha de lo que después llegaría a ser el primer sindicato campesino, liderado por trabajadores mexico-americanos e mexicanos.

En los 70s, el Movimiento Chicano logró importantes victorias sociales e impulsó además un profundo sentimiento de orgullo racial y cultural.

En la década del 60 hubo también otros cambios de importancia que afectaron desde la estructura familiar hasta la cultura de la sociedad estadounidense. Por ejemplo, la llamada Revolución Sexual, el Movimiento de Liberación de la Mujer, el surgimiento del Rock’n’Roll.

Gran parte de este clima de cambios se debió a las protestas contra la Guerra de Vietnam, que finalmente terminó en 1973.

Los espacios públicos vieron nacer y desarrollarse estos movimientos sociales. Parques, plazas y avenidas eran testigos de marchas, protestas y mítines públicos.

Pero estos cambios no durarían mucho. El poder, que se vió forzado a hacer concesiones ante las presiones “desde abajo”, comenzó a trabajar de inmediato para recuperar el terreno perdido.

En California, en 1994, el electorado aprobó por 59% de los votos la Proposición 187, que pretendía eliminar acceso de los inmigrantes indocumentados a servicios, como salud y educación.

Aunque esta iniciativa perdió en las cortes, abrió una verdadera Caja de Pandora de la cual surgieron iniciativas similares en otros estados, se formaron grupos antiinmigrantes y, sobre todo, se creó un ambiente favorable a la eliminación de las concesiones hechas apenas 20 años antes.

En California, en 1996, la Proposición 209 ataca a Acción Afirmativa (conjunto de leyes que buscaban igualdad de oportunidades de empleo y educación para las minorías) y dos años después, la 227 elimina la educación bilingüe.

Poco a poco, de manera invisible a veces, los conservadores, o la derecha política, hace su trabajo. Por ejemplo, durante años creó la imagen del Welfare (programa de bienestar social y apoyo a los más necesitados) como subsidio a personas que no querían trabajar. En 1996, Bill Clinton practicamente desmanteló este servicio —aunque el llamado “corporate welfare”, el subsidio a las corporaciones, sigue vigente.

Los espacios públicos, como plazas y parques, también desaparecieron. Las nuevas generaciones fueron orientadas hacia los centros comerciales donde pueden ser controlados —porque son privados, no públicos—, además de fomentar el consumo.

En apenas dos décadas, pasamos de un sentimiento de solidaridad, de comunidad, de tener una causa, al individualismo y al éxito económico como símbolo de progreso y bienestar.

A partir de los 80s, una nueva clase de inmigrantes latino-americanos empieza a llegar a Estados Unidos: mujeres, sudamericanos y grupos indígenas —como mixtecos y zapotecos, ambos de Oaxaca y Guerrero, México.

Muchos de estos nuevos inmigrantes latinos traían consigo algo de experiencia o conocimientos políticos.

En 1994, la Proposición 187 generó protestas y marchas encabezadas por inmigrantes, especialmente jóvenes. Esta proposición fue creada e impulsada por los conservadores.

Las movilizaciones contra la Proposición 187 fueron la línea divisoria del movimiento de los latinos por la justicia social. Una nueva generación empezó a reemplazar lentamente a la vieja guardia —aunque las luchas contra las Proposiciones 209 y 227, antes mencionadas, contaron con poca participación de estos nuevos inmigrantes.

Unos años antes, en 1988, hubo un fuerte movimiento de latinos en Estados Unidos contra el fraude electoral en México que llevó al poder Carlos Salinas de Gortari.

Esta politización y activismo orientado hacia México dió un giro en 1994 (Proposición 187). La política local, antes ajena, incomprensible, empezó a ser motivo de atención. Aunque sin descuidar los intereses binacionales como el derecho al voto de los mexicanos en el extranjero —logrado de manera parcial hace un par de años.

Aumentó así el sentimiento de pertenencia por parte de los nuevos inmigrantes. Porque las injusticias ya no ocurrían al sur de la frontera sinó aquí, en nuestra nueva casa,  afectando directamente a las familias migrantes.

En 2006, las marchas masivas de los inmigrantes recuperaron algunos espacios públicos, como parques y avenidas.

Pero una vez más, el poder no descansa. Las redadas y deportaciones atemorizan y muchos no quisieron participar en las marchas de este año (2007), aunque fueron igualmente masivas.

Actualmente, el temor a las redadas, las divisiones de los activistas y de las organizaciones pro inmigrantes y la complicidad de los demócratas con el poder, afectan más que los ataques de los Minutemen y grupos antiinmigrantes afines.

Es imperativo lograr una ley migratoria amplia para los inmigrantes indocumentados —que se dice superan los 12 millones—, como así también integrar a México y otros paises expulsores de trabajadores a un proyecto de desarrollo social y económico con justicia social para que las personas puedan quedarse en sus tierras si así lo quieren —Es decir, un proyecto similar al de la Unión Europea, no los tratados de libre comercio que solo son la continuidad de la política económica de rapiña de Washington.

Pero para lograr esto se requiere de una serie de alianzas con otros grupos étnicos y sociales, además de aprender de la “vieja guardia” de activistas que abrieron puertas para el ejercicio pleno de los derechos democráticos de las minorías.

Vivimos en una sociedad rica, cambiante y conflictiva, a la que muchos aún no consideran suya. Pero pelear por los derechos también contribuye al sentimiento de pertenencia. Cada derrota y cada victoria marca a fuego nuestra presencia en esta tierra.

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