October 12, 2007

Comentario:

La telenovela continúa

Por Humberto Caspa, Ph.D

La telenovela de Costa Mesa parece que no tiene fin. Esta serie surrealista y macabra no es como “Los ricos también lloran”, “La esclava Isaura” o “Betty la Fea”, en donde los protagonistas se prometen amor hasta la muerte en los últimos capítulos del desenlace.

En la telenovela de Costa Mesa pasa lo contrario. Aparte de que los actores principales son puros hombres, no es el amor lo que prima sino el rencor, el desasosiego y el odio.

Como ya es de conocimiento público, la novela de Costa Mesa tuvo su episodio taquillero con una medida anti-inmigrante que buscó convertir a los policías de Costa Mesa en agentes de migración. El Alcalde Allan Mansoor y su “consejero filosófico”, el supremacista blanco Martín H. Millard, fueron los principales proponentes de la medida. La ordenanza municipal fue aprobada por una mayoría del Concejo Municipal pero no tuvo el éxito esperado con los jefes del departamento de migraciones.

Mientras los ánimos se encandecían con la propuesta migratoria, durante una reunión del Concejo Municipal, un joven activista de cabellos largos y que pretende ser descendiente de Questzacoatl, dios mitológico Azteca, insultó con ajos y cominos al alcalde de Costa Mesa. En la subsiguiente junta municipal, enero 3, 2006, el mismo muchacho, Benito Acosta, que también asiste al Orange Coast College por muchos años, fue injustamente aprehendido y sacudido mientras deliberaba su discurso. La orden de aprensión la dio el jefe de policía John Hensley, pero se cree que fue coordinado por el alcalde Mansoor.

La trifulca ha tenido repercusiones legales. Al interrumpir el mensaje de Acosta, el alcalde Mansoor violó sus derechos constitucionales. Por otra parte, no le permitió hablar por 3 minutos, el cual está estipulado por ley. Lo cortó después de 2:35 minutos, justo cuando Acosta solicitó a sus seguidores que se pusieran de pie para hacerle notar al gobierno que mucha gente no está de acuerdo con las política anti-inmigrantes.

Poco antes de ese incidente, el cofundador del Proyecto Minuteman, Jim Gilchrist, deliberó su mensaje desde el mismo podium que utilizó Acosta. No sólo tuvo el beneplácito de Mansoor para que sus camaradas de la sala de reuniones se pusieran de pie, sino que el alcalde le confirió más de tres minutos en su presentación. Hay que recordar que Mansoor había sido condecorado como Minuteman Honorario unos días antes de este episodio.

Días después, la Unión Americana de las Libertades Civiles (ACLU) demandó al Alcalde de Costa Mesa por violentar la libertad de opinión de Acosta, misma que está resguardada en la Primera Enmienda de la Constitución del Estado.

Con el fin de aminorar los cargos y con el fin de, aparentemente, darle una lección a Acosta, Mansoor decidió demandarlo en una corte local por violar los códigos de la ciudad.

El caso se resolvió recientemente a favor de Acosta. Resulta que al abogado de Costa Mesa, Dan Peelman, del bufete legal de Jones & Mayer, se le olvidó prestar juramento ante la ciudad antes de imputar los cargos contra Acosta. La juez de la Corte Superior del Condado de Orange, Kelly MacEachern, resolvió invalidar el proceso por cuestiones técnicas y jurídicas.

La metida de pata de la firma Jones & Mayer le costó unos de $32,000 a la ciudad de Costa Mesa. Los protagonistas de la alcaldía, el alcalde Allan Mansoor, los concejales Eric Bever y Wendy Leece, aparentemente, quieren apelar el caso a la Corte Superior del Estado.

La telenovela en Costa Mesa todavía da para más. No terminará este año, sino que continuará en abril del próximo año, cuando el caso vuelva a los tribunales federales. Esta vez, sin embargo será la ciudad, es decir Mansoor, quien estará sentado en la silla de los acusados por violar los derechos constitucionales de Acosta.

Costa Mesa es un paraíso acostado a un lado del río Santa Ana, y a pocas millas de Disneylandia. Su reciente desencanto con la población latina y latina-estadounidense no es un suceso espontáneo sino que es un fenómeno que se ha venido configurando desde inicios de los 2000, cuando su actor principal, Martín H. Millard y un grupo de extremistas de la derecha, decidieron derrocar al gobierno de la ciudad a través de la vía democrática.

Continuará...

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

Letters to the Editor Return to the Frontpage