October 12, 2007

Comentario:

El muerto grande

Por José R. Uzal

La prensa internacional está preparada para el funeral de Castro y su entierro en la Plaza de la Revolución en La Habana. Los reporteros están listos para entrar a Cuba sigilosamente y bajo el control absoluto del gobierno cubano. Las unidades móviles de satélites de todas las empresas de noticias serán desplazadas hacia Cayo Hueso (Key West) para asegurar una cobertura total del anticipado evento. Las credenciales de prensa están siendo estrictamente controladas para asegurar la participación de periodistas amigos de todo el globo. Todas las embajadas en Cuba, incluyendo la sección de intereses de EE.UU., han sido informadas para que estén preparadas que sus respectivos dignatarios asistan al monumental entierro.

Los embalsamadores rusos que mantienen el cuerpo de Lenin en el Kremlin ya deben haber llegado a La Habana para poner en marcha los planes que han estado engavetados por más de 10 años. Mantener el cuerpo de Castro momificado en calor tropical es mucho más complicado que mantener el cuerpo de Lenin en Moscú. Pero ese problema lo resolvieron hace años.

No importa si tienen a Castro en un refrigerador o en un sostenedor de vida. El mayor problema ha sido el mantener la ilusión de que Castro todavía está activo mediante alegados escritos, fotos adulteradas y películas con datos vigentes para despistar a los cuerpos de inteligencia mundiales. Lo único que la seguridad del estado no ha querido hacer es cambiarle el color, la sudadera roja que Castro tiene puesta desde el año pasado. Eso es extraño ya que un buen programa de computación le podría cambiar el color o ponerle un traje diferente.

En EE.UU. el gobierno federal y el gobierno de Florida llevaron a cabo un simulacro en conjunto para planificar y coordinar lo que pudiera suceder al anunciarse oficialmente la muerte de Castro. El propósito fue asegurar que la Guardia Costera, las autoridades migratorias y los diferentes cuerpos policíacos estén preparados en caso de una migración masiva de cubanos de o hacia Estados Unidos o si las demostraciones de júbilo en Miami causen problemas.

En Cuba, se le están dando los últimos toques a los preparativos de la ceremonia. La seguridad del estado, el ejército revolucionario y el partido comunista han estado trabajando febrilmente para asegurar que el evento sea un éxito rotundo.

Castro comprendía la magnitud de su muerte cuando declaró a su enfermedad secreto de estado. Castro tomó en consideración que podría terminar como el dictador español Francisco Franco, al que mantuvieron vivo por más de 30 días hasta que se resolvieron las disputas sobre su sucesor. En el caso de Castro sabremos cuando murió exactamente en un futuro no muy lejano. Lo más probable es que el gobierno cubano no haya decidido todavía la fecha para anunciar, de forma oficial, la muerte de Castro.

No es fácil morirse cuando uno llega a ser una figura mundial. Menos fácil lo es para los que quedan detrás. Poner a descansar al que no dejó descansar a nadie es problemático. La cúpula del Partido Comunista Cubano está decidiendo, como lo hacían los rusos, quien va a ser el próximo líder civil. No habrá un sepelio hasta que haya una figura estable que represente al gobierno cubano.

Raúl Castro continuará controlando hábilmente las fuerzas armadas como lo ha hecho por 47 años. Castro no se va a morir oficialmente hasta que todas las decisiones estén tomadas y todos los preparativos se hayan completado. El sepelio de Castro será el primer acto del nuevo gobierno y éste necesita demostrar organización y control para ser tomado en serio por el mundo y por el pueblo cubano. Mientras tanto seguiremos leyendo sus artículos de ultratumba y viendo películas y fotos adulteradas de una vida que no existe.

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal., en West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispanos parlantes.

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