October 5, 2007

La Mujer del Siglo XXI: Amas de casa versus el machismo ¿Existe una solución?

“Mamá, todavía guardo el olor de tus tortillas de harina por las mañanas. Madre, mujer y ama de casa que has tejido el pasado con el presente con hilos amarrillos que sanan mis heridas, hilos azules que limpian mis lágrimas, hilos lilas con los que hiciste mis vestido; pero nada remplazarán los hilos color de plata, oro y rubíes con los que viviste una vida de sacrificio, amor y que nunca me abandonaste.”.
Luz María Villanueva González

Por: Doctora Luz María y
Graciela Chávez  Maldonado

Tercera Parte

Como en común acuerdo, en esta época las parejas trabajan para poder cubrir los gastos de la casa, gozar de actividades, artículos y desenvolverse intelectualmente. Pero todavía muchas parejas desean mantener el rol donde el hombre es el proveedor y la mujer ama de casa. En otros casos, hay mujeres que no quieren ser amas de casa por tiempo completo —por diferentes razones—; pero el esposo, familiares y demás, las hacen sentir culpables al considerar que su deseo de trabajar implica el abandonar el hogar. Esta situación, sin duda, orilla a la mujer a caer en un estado de aburrimiento, frustración y, en casos extremos, la obligan a abandonar sus sueños per-sonales (seguir estudiando, establecer un negocio, etc.) puesto que, si se entrega a ellos, sería como traicionar a su familia. En este sentido, olvida su papel como “mujer” para convertirse únicamente en madre y esposa.

Muchas mujeres no quieren ser amas de casa porque sienten que no hay ninguna recompensa y terminan siendo co-dependientes del marido por el poder de lo económico, y el peso de las responsabilidades de la casa recaen (vuelven y vuelven a caer) en ella, ya que la consume un trabajo en el que debe estar dispuesta las 24 horas y, en algunos casos, si el entorno familiar tiene problemas, terminan ellas convirtiéndose en culpables. Si de algún modo la situación en casa es favorable, se le atribuye al papá, ya que él es el proveedor, nulificando con esto todo el trabajo de la mujer. En estos casos, el padre –a pesar de que no se relacione lo suficiente de manera efectiva con los hijos- termina siendo el “héroe” del hogar, puesto que gracias a él ellos gozan de las cosas materiales; mientras que, la madre –aunque se escuche desagradable- termina siendo la “criada” de la casa. Y, si esta situación no es detectada —y reflexionada— por la mujer, ella entrará en una especie de auto convencimiento: “Es verdad, él es mejor padre porque aporta dinero a la casa”, “no tengo derecho de realizar esa maestría, porque si lo hago descuidaré a mis hijos y a mi marido; mejor me quedo como estoy”.

¿A qué se debe esto? En gran parte, esta problemática radica en el concepto cultural, en cómo se debe comportar un verdadero hombre: el que trae dinero y el que manda, ya sea con amor, justicia o bien, agresión, pero buscando imponer o, mejor dicho, “defender su hombría”, dominando a la mujer.

Ahora, si la mujer considera que tiene el derecho de pensar y tomar decisiones, se aferra al hecho de querer “cambiar” el comportamiento de su pareja: utilizando palabras suaves, siendo paciente, recurriendo a convencimientos, con tal de que él la comprenda y sea menos “macho” o, más bien, mayormente comprensivo. Y aquí precisamente es donde la mujer considera que sin él no es nada, que no podrá salir adelante y, en este sentido, se obsesiona al vano deseo de hacer de él una mejor persona, de ceder a sus exigencias con tal de que no se disguste. Si la situación continúa de esta manera, la mujer termina perdiendo su dignidad para convertirse en un ser sublevado, temeroso e incapaz de tomar sus propias decisiones. Y si el esposo, por desgracia, fallece, ¿qué será de ella?

¡Auch! No va a funcionar, ni para uno ni para el otro, sobre todo cuando el machismo viene disfrazado con el pensamiento y la idea de que dicha palabra es sinónimo de alguien “justo” e “inteligente”. El hombre dice así: “¿Por qué me cuestionas?”, “así no es, vieja, déjame explicarte”, “mira, entiende, mujercita”, “así es mi carácter”, “ya sabes que cuando me enojo, me enojo”, “ya vas a empezar; no me presiones”, “al final de cuentas, el que trae el dinero soy yo”.

Otro aspecto que afecta el desenvolvimiento de una pareja, es si se usa el dinero como poder. Si la mujer deja al hombre, ella se queda con la responsabilidad de los hijos y se queda tambaleando econó-micamente. En nuestra so-ciedad, a las personas —sin importar sexo— que tienen dinero, se les brinda respeto. Vivimos en una sociedad machista donde todos, incluyendo a muchas mujeres, nos hemos convertido en víctimas del machismo; donde el limpiar una casa, cocinar y atender a los demás, es una labor menospreciada y el que trabaja (aporta dinero) vale más —considerando que es un trabajo de 6-9 horas—.  Antes, se valorizaba más el trabajo y el sacrificio de la madre. La madre de hoy en día tiene más responsabilidades porque la sociedad demanda que nuestros hijos estén en competencia contaste (intelectualmente, socialmente, económicamente, etc.). En este sentido, las madres se la pasan llevando y trayendo a los hijos a la escuela, realizando actividades fuera de casa, asistiendo a juntas escolares, esto aunado a las múltiples responsabilidades de la casa: el mandado, la limpieza, las tareas escolares, visitas al doctor y demás.

Existen las mujeres que son amas de casa porque “eligen” serlo y cuya finalidad coincide con la de su pareja: que el sistema familiar no sea desatendido. El ser ama de casa trae muchas satisfacciones con los hijos y con la pareja, siempre y cuando se le reconozca a la mujer la magnitud de sus aportaciones.

Desafortunadamente, existe una triste realidad: cuando la mujer se encuentra elaborando este proyecto familiar y su pareja la traiciona. Se divorcian, el hombre pierde el trabajo, o él y/o ella se enferman.

El ser ama de casa no pasa de moda, pero sí es necesario y fundamental que ambos valoren su proyecto de amor. Mientras que la sociedad  adopte los valores machistas y capitalistas, la integridad de la familia seguirá siendo dañada. No se convierte en problema el hecho de que la mujer trabaje, sino la falta de entendimiento, la poca o nula conciencia en cuanto a comprender las necesidades de un sistema familiar.

Para asesoría personal y familiar, se pueden comunicar con la Doctora Luz Maria Villanueva González Ph.D. al número telefónico: (619) 434-7779 o a la dirección de correo electrónico: DrLuz@yahoo.com

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