November 2, 2007

Comentario:

Yo no hablo inglés y ellos tampoco

Por José R. Uzal

Los Estados Unidos fueron una colonia de Inglaterra. En todas las colonias, sin importar el imperio a que pertenecían, el idioma se corrompía. Los ingleses miran a sus primos de América con el mismo desdén que los capitalinos han usado siempre con los provincianos. Los españoles no nos enseñaron a pronunciar la “c” y la “z”, y nos condenaron a no sesear para identificarnos rápidamente como coloniales. Los estadounidenses, por similar razón, no fueron ejercitados en usar el acento y el vocabulario de la aristocracia inglesa.

En EE.UU. demandan que nosotros los hispanos hablemos inglés pero ellos hablan un dialecto reconocido como “american english” que no es inglés. Hasta el día de hoy cuando los americanos llegan a Inglaterra son inmediatamente identificados como “Yanks” y cuando nosotros abrimos la boca en España descubrimos que somos “Sudacas”. Las colonias y los imperios están separados, como dijo Winston Churchill, por una lengua común.

Yo nunca he conocido a nadie, en mis 65 años y mis dos vueltas al mundo, que no quisiera poder hablar inglés. Es un idioma breve y eficiente. El mundo entero es o quiere ser bilingüe en inglés. El único lugar del mundo donde el idioma inglés está en peligro de desaparecer, según algunos nativos, es Estados Unidos. Los niveles de competencia varían pero la habilidad del mundo en comuni-carse en inglés está vigente y en aumento. El hablar inglés en ciertas sociedades es una carrera, como lo es ser hombre y ser blanco. La ausencia de cualquiera de estas tres características asegura una vida de lucha derribando barreras para sobrevivir.

El problema con los idiomas es que no se enseñan, como se enseñan un par de piernas firmes, o una cara bonita. No, los idiomas hay que aprenderlos, como se aprende un poema o una canción y ahí esta el problema. El aprender depende de la habilidad y destreza de cada uno. Muchos entienden el inglés pero al tener que abrir la boca para expresar una idea la mente, como un televisor antiguo, pierde la señal y queda en blanco. Otros son personas mayores con limitadas habilidades cognitivas. Todos los que aprendimos inglés a palos, hemos sufrido el pánico producido por no saber como pedir algo en un estableci-miento o no entender las etiquetas en el supermercado. Nuestros hijos no pasarán por eso.

Aquellos que demandan que hablemos inglés sin tomar en consideración lo antes expuesto, son generalmente monolingüistas ineptos, ya que si hablaran algún idioma correctamente, comprendiesen lo difícil que es llegar a dominar otra lengua. Después de llegar a hablar un nuevo idioma nos queda el acento. El acento producido por la inhabilidad de la lengua de posarse en el lugar correcto a menos que se preste atención y por las ambigüedades del idioma. El acento asegura que aunque nuestro vocabulario en inglés sea extenso, nuestra procedencia sea evidente.

Nadie ha definido con certeza cuando una persona habla un idioma. Los turistas lo hablan con un diccionario en mano, los hombres de negocio lo hablan cuando tienen la motivación pecuniaria y los filósofos lo hablan a un nivel más alto. La tabula rasa más cercana para medir la competencia en un idioma es cuando se comprende su humor.

Todos los hispanos queremos hablar inglés. Todos los americanos quieren que hablemos inglés pero primero son ellos los tienen que decidir cual inglés debemos aprender y en qué momento y a qué nivel se nos tildará de ser angloparlantes.

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal en West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispanos parlantes.

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