May 25, 2007

La Ley de la Selva

Por Javier Sierra

Los pulmones de nuestro planeta tienen un cáncer que año tras año va corroyendo estos imprescindibles ecosistemas. Este cáncer se llama la explotación irracional de los bosques tropicales, en donde demasiados confunden su color verde con el color del dinero.

Sólo en el Amazonas brasileño, desde 1970 a 2005, este cáncer ha destruido 720,000 millas cuadradas de bosque ancestral, una superficie comparable a la de México.

Esta calamidad no sólo acaba con ecosistemas irremplazables y cantidades astronómicas de diversidad animal y vegetal. También arrasa con culturas milenarias que durante siglos han compartido el bosque sustentablemente.

Este es el caso también en el vecino Perú, en la región de Madre de Dios, la cual abarca algunos de los rincones más remotos del Amazonas. Innumerables mafias madereras —armadas con una codicia insaciable y absoluta impunidad— invaden territorios de tribus que jamás han estado expuestas al mundo exterior.

“Esto ha causado confrontaciones e incluso muertes”, dice Julio Cusurichi, un ecologista y líder comunitario de la etnia Shipibo que lleva décadas defendiendo los bosques. “Cuando hay choques contra estos grupos indígenas aislados, nunca sabemos cuántos de ellos mueren. Sólo oímos de los leñadores porque son los que regresan”.

Finalmente en 2002, el gobierno peruano convirtió la región que protege Cusurichi en reserva natural, pero las mafias siguen explotando los bosques.

“Esto que llaman desarrollo a nosotros sólo nos empobrece”, acusa. “No nos oponemos al desarrollo, nos oponemos al pillaje de nuestros recursos”.

En esta pelea desigual, Cusurichi y sus compañeros se juegan literalmente la vida.

“Me han incendiado la casa, nos amenazan con cortarnos el cuello, pero a mi no me intimidan”, advierte.

Es este coraje lo que le ha valido el reconocimiento internacional y el Premio Medioambiental Goldman para Centro y Suramérica de 2007, conocido como el Nóbel de la ecología, el cual recibió en Nueva York el mes pasado.

“Yo lucharé hasta el último día de mi vida”, dice animado por el apoyo internacional que ha logrado. “Este es mi reto y voy a seguir adelante con la frente alta y la mente limpia”.

Pero este cáncer se extiende mucho más allá del Amazonas. En Guatemala, la tala ilegal se ha cobrado el 60% de sus bosques ancestrales en 15 años, incluyendo 750,000 hectáreas de la Reserva de la Biosfera Maya, según el grupo ecologista Trópico Verde.

Dos de sus miembros, Carlos Albacete y Piedad Espinosa, llevan 13 años combatiendo el pillaje de los tesoros naturales guatemaltecos y la inacción y complicidad gubernamental.

“El mayor reto al que nos hemos enfrentado es la absoluta impunidad en que se quedan los delitos medioambientales en Guatemala así como la corrupción incrustada en el aparato del Estado”, dice Albacete.

Y agrega que en su país pocas veces se detiene a sospechosos de delitos de tala ilegal, y cuando ocurre, culmina con la absolución de los acusados.

Durante estos años los dos han estado viviendo “al filo de la navaja”. Y lo que ambos temían ocurrió tras meses de denuncias contra la destrucción de terrenos públicos en la Biosfera Maya.

En enero, al regresar de un viaje al extranjero, un carro adelantó el taxi en el que se dirigían a su casa, les cerró el paso, y cuatro de sus ocupantes, vestidos con chalecos antibalas y gorros negros, comenzaron a disparar contra ellos.

“Si nos salvamos fue gracias a que el taxista pudo seguir conduciendo y a un cúmulo de casualidades que hicieron que ninguna de las balas que impactaron el vehículo nos diera de lleno”, recuerda Albacete.

Tras una investigación de los hechos, los dos concluyeron que los criminales pertenecían a la policía y a la inteligencia militar. Después de otros incidentes menos graves, decidieron exiliarse a Estados Unidos y más tarde a España ya que sus vidas corrían grave peligro en Guatemala.

Estos dos héroes del medio ambiente también se merecen un premio, pero Albacete insiste en que la cura contra este cáncer radica en que los países importadores de maderas preciosas, como Estados Unidos, “tomen medidas eficaces contra la tala ilegal y la corrupción de las autoridades locales”.

En los últimos meses, el Representante demócrata Carl Blumenauer ha presentado un proyecto de ley que criminalizaría las actividades que nuestros héroes están combatiendo. Asimismo, la propuesta de comercio libre entre Estados Unidos y Perú ayudaría a detener el flujo de exportaciones madereras ilegales.

Mientras tanto, en los bosques ancestrales del mundo no debería seguir vigente la ley de la selva.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club.

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