May 25, 2007

Migrantes opinan sobre la reforma migratoria

Por Luis Alonso Pérez

Es un miércoles por la noche como cualquier otro en la Casa del Migrante Scalabrini y Avinadad López espera pacientemente su turno para usar la regadera después de haber recibido una cena caliente y un cambio de ropa limpia.

Avinadad tiene 32 años y al igual que miles de migrantes mexicanos dejó atrás a sus hijos y su esposa en busca de la fortuna que jamás podrá obtener trabajando como jornalero en su estado natal de Chiapas.

En los siguientes días, el migrante chiapaneco buscará cruzar el desierto o las montañas para internarse indocumentadamente hacia Estados Unidos motivado por la precaria situación económica que vive en casa y no por la oportunidad de formar parte de un programa de trabajo temporal para inmigrantes.

Ante la polémica desatada por la posible aprobación de una reforma migratoria que entre otras cosas contempla la creación de permisos temporales de trabajo, los migrantes son el grupo menos informado y menos escuchado.

Antes de salir de casa Avinidad nunca había oído hablar del debate migratorio estadounidense, el solo sabía que tenía que emprender una riesgosa travesía para cruzar la frontera y que al llegar a Estados Unidos tendría que trabajar mucho, alejarse de los vicios y mantener un perfil bajo porque ha escuchado que “esta caliente la situación” a raíz del creciente número de redadas efectuadas por las autoridades migratorias.

A pesar del panorama adverso el viajero tiene confianza en el futuro y está conciente de que si hubiera una oportunidad de obtener documentos migratorios legalmente con mucho gusto los solicitaría, a pesar de que esto implique el pago de una multa de miles de dólares, ya que sabe que trabajando duro puede reunir el dinero fácilmente y hasta lo considera como un tipo de inversión.

Pero no todos los migrantes ven el vaso medio lleno.

Un michoacano de 23 años que prefirió no revelar su nombre por miedo a las autoridades migratorias estadounidenses que lo expulsaron del país esa misma mañana, no tiene esperanzas en regresar legalmente a la unión americana ya que sus antecedentes penales no le permitirán ser candidato al programa de trabajadores temporales si éste es puesto en marcha.

El joven mexicano pasó un año en una prisión de California después de haber violado su libertad condicional impuesta a raíz de una multa de tránsito por manejar sin licencia.

Ahora teme que su reingreso ilegal a Estados Unidos pueda conducirlo a una prisión federal si es detenido por las autoridades migratorias al cruzar la frontera o en una de las redadas efectuadas en los centros de trabajo o las comunidades predominantemente latinas.

El michoacano ha decidido mejor regresar a su estado natal donde podrá ganarse la vida en la cosecha del pepino y posiblemente regresar a la universidad, aunque sabe que la situación económica será difícil ya que los salarios para los trabajadores del campo son muy bajos y las jornadas laborales son largas y exhaustivas.

Sin embargo prefiere vivir en su tierra pobremente y con libertad a llevar una vida de angustia y miedo en un país donde es considerado como ilegal, a pesar de trabajar arduamente y ser una pieza clave para el desarrollo de la economía y la prosperidad del país más rico del mundo.

Mientras miles de migrantes entran y salen de los Estados Unidos su futuro está en las manos de un grupo de políticos tomando decisiones detrás de un escritorio en la ciudad de Washington, muy lejos de la frontera.

Esta noche viajeros y deportados dormirán bajo el mismo techo con la esperanza de un mejor futuro para ellos y sus familias.

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