May 11, 2007

Comentario:

El Banco Mundial huele a azufre

Por Humberto Caspa, Ph.D

El Banco Mundial está en crisis. La inestabilidad de esta institución no se debe a que los países de América Latina y otros en desarrollo decidieron no pagar los intereses de sus deudas ni los principales de los mismos, sino que los problemas se originan a causa de cuestiones de ética. Su jefe máximo ha sido acusado por actos de corrupción.

Si hoy el presidente venezolano tuviera la oportunidad de hablar al frente del Banco Mundial, yo creo que nuevamente estaría acusando al gobierno norteamericano de que el diablo se infiltró en su sistema de gobierno. Sin embargo, esta vez no se estaría refiriendo al presidente George W. Bush sino a Paul D. Wolfowitz, jefe máximo del Banco Mundial.

La verdad que Chávez esta vez tendría razón. Las oficinas de esta organización financiera transnacional apestan a azufre. El aire está contaminado desde la cabeza hasta los pies. Recientemente su presidente, Wolfowitz, utilizó su poder y sus conexiones con la Casa Blanca para darle un sueldo apetitoso a su querida “chica”, Shaha Ali Riza.

Inicialmente Riza estuvo ganando $132,000 anuales pero cuando su novio se convirtió presidente del Banco Mundial, éste manipuló el sistema político para que su querida novia no simplemente pueda ser transferida del Banco Mundial a la Secretaría del Estado, sino que también hizo todo lo posible para que su sueldo pueda ser el más alto de ese departamento. Hoy, no es Condeleezza Rice, jefe de la Secretaría de Estado, la que gana más en ese departamento, sino la novia de Wolfowitz.

Lo peor del caso, en vez de criticar la postura de Wolfowitz, el presidente Bush prefirió brindarle su apoyo. La actitud de Bush me hace recordar al famoso dicho “de tal palo tal astilla”. Tanto Bush como Wolfowitz son obstinados, tercos y autoritarios en su forma de gobernar.

Históricamente, tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional han sido actores fundamentales en la política latino-americana debido a que estas dos organizaciones se han interpuesto entre las empresas privadas financieras (Wells Fargo, Washington Mutual, Citi Bank, Chase Manhattan Bank, etc.) y los gobiernos latinoamericanos. Es decir, son los intermediarios (brokers) del sistema financiero internacional.

Antes de la crisis de la deuda externa en 1982, la banca privada tenía toda la capacidad de entablar negociaciones financieras con los gobiernos latinoamericanos, especialmente durante el periodo de dictaduras de la década de 1970 e inicios de 1980s. Los militares se prestaron jugosas sumas de dinero para crear estabilidad, orden y desarrollo en la región. Algunos gobiernos autoritarios en Argentina, Chile y Bolivia, entre otros, lograron estabilizar el problema económico a corto plazo. Sin embargo, los préstamos colosales afectaron a toda la región a mediano plazo.

La crisis financiera se presentó en 1982. Ninguno de los países latinoamericanos pudo pagar los intereses de sus adeudos; menos para pagar los principales de los mismos. Para subsanar el problema, los acreedores mundiales acordaron que el Banco Mundial y el FMI se convirtieran en los paladines del sistema financiero internacional. Desde entonces, cualquier gobierno en desarrollo, particularmente de América Latina, para que pueda tener acceso a fuentes económicas de la banca privada mundial, tiene que tener la venia de estos dos organismos financieros.

Por una parte, el FMI se dedica a préstamos de corto plazo y de crisis o de emergencia económica. Es decir, si un gobierno en desarrollo está pasando por una recesión, el FMI provee con altas sumas de capital. Normalmente los préstamos están acompañados por exigencias de tipo económico y político, los cuales llevaron a los países a una etapa de políticas neoliberales desde la década de los 1980 hasta recientemente.

Por otra parte, el Banco Mundial se dedica a préstamos a largo plazo y otorga capitales a países que quieren entablar un proceso de desarrollo. Esta organización no es tan “vampirezca” como el FMI, pero también tiene exigencias nocivas contra la política y economía de los países en desarrollo.

Sin embargo, la llegada del Wolfowitz ha convertido al Banco Mundial en otro FMI. El acto de arbitrariedad en el caso de su novia es simplemente un ejemplo de su carácter autoritario. Entre tanto, Chávez y otros líderes de la vanguardia izquierda de América Latina están encantados de que personajes como él desvirtúen más a este organismo mundial. Es tiempo de que sea destituido.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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