May 11, 2007

Comentario:

No Estamos Arrodillados Pidiendo Limosnas, Estamos de Pie Exigiendo Justicia

Por: Gilberto Acevedo, M.A
Webster University, KCMO

Los hechos de atropellos policiales (especialmente ocurridos en Los Ángeles y Nueva York) este pasado primero de mayo, indican una tirria ante-latina entre las filas de las autoridades. Lo que convenientemente muchos prefieren llamar “brutalidad policial” no es sino crimen estatal. Y no se trata de actos espontáneos cometidos por individuos apáticos a los hispanos, sino resultados de sentimientos arraigados desde las altas jefaturas. Es lógico, pues, pensar que esos agentes se sienten respaldados por sus jefes u otros oficiales gubernamentales. De otra manera, no puedo imaginar al policía más imbécil cometiendo crímenes de esa índole delante de tantas cámaras.

En lo que concierne a la provincia de nuestras leyes, cuatro mortificantes aspectos de tales violaciones constitucionales emergen como indicadores a este punto de vista: 1) la flagrante y descarada violación de la enmienda primera, agravando los actos con los ataques a miembros neutrales de la prensa; 2) que toda persona sujeta a las jurisdicciones estadounidenses, se le ha de otorgar todos los derechos de protección estipulados en nuestras leyes; 3) que menores de edad fueron igualmente atacados; y 4) la insolente violación de la enmienda novena que, implícitamente, se refiere a los derechos humanos; o sea, el propio documento regidor aclara que “la enumeración de ciertos derechos, no ha de ser interpretado para negar o desacreditar otros derechos ya retenidos por la gente”.

Por otra parte en el aspecto político económico, la prensa racista instiga a la violencia contra los hispanos, por tanto que divulga, y pretende hacer creer, que los indocumentados no pagan impuestos, que viven de los servicios sociales y que usurpan la taza de empleo, porque venden mano de obra barata. No existen argumentos más descabellados, más mal informados ni más mal intencionados que ello. Los indocumentados pagan impuestos, pero al final del año no reclaman lo que el IRS les debe, por tanto que esas exuberantes cifras quedan en las arcas del gobierno; el número de ellos que usa servicios sociales es menor al que deja su merecido y bien sudado reembolso en manos del gobierno; y por último, los trabajos que hacen son exactamente aquellos que los estadounidenses rehúsan hacer. Muchos prefieren ignorar que grupos de intereses comerciales influyen a que la mano de obra indocumentada se mantenga vigente en sus fabricas, procesadoras de comestibles, agricultura, mantenimiento de áreas verdes, construcción, ventas, etc.; porque representan el único sector de la población que no utiliza los medios y agencias de derechos laborales ni civiles, que es uno de los más graves problemas en EEUU: las demandas por discriminación y violaciones a los derechos laborales.

Pero los crímenes policiales contra los hispanos no cesarán mientras nuestras voces no se alcen al unísono y en protesta. Los crímenes contra hispanos es un problema que a todos atañe, no solo a los indocumentados, ya que entre los participantes del primero de mayo no había gente con inscripciones de ciudadanía en la frente para diferenciarles de los indocumentados; y en realidad, cuando se trata de una petición justa y derechos humanos, ciudadanos e indocumentados nos abatimos debajo del mismo problema. Lo desconcertante es el silencio culpable de hispanos quienes, poseyendo el poder de inducir cambios favorables, como profesionistas, políticos, actores, dueños de negocios y otros, prefieren mantenerse alejados del tema por no comprometer lo que estiman ser sus logros o amparos sociales.

Parafraseando a Rubén Martínez Villena: Tenemos que protestar contra los crímenes cometidos contra los hispanos “para no hacer inútil en humillante suerte el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte; para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos” la libertad que “sus padres les ganaron de pie”. Además hemos de recordar lo que escribiera Martin Luther King desde las penumbrosas rejas de Alabama que “Injusticia en cualquier lugar es una amenaza contra la justicia donde quiera”. Pero aún más cerca de nosotros retumban las palabras de José Vasconcelos, el gran educador e intelectual mexicano, quien en 1925 predijo lo que enfrentamos hoy todos los latinos:

“...ni siquiera advertimos los peligros que amenazan a nuestra raza en conjunto. Nos negamos los unos a los otros. [Nos ofrecemos] ventajas particulares..., mientras a [nuestros hermanos] se les sacrifica en intereses vitales.”

Si no nos unimos hoy contra los ataques raciales que se perpetran contra los nuestros, nuestros hijos tendrán que vivir mañana con la vergüenza y el miedo de la marginación social y política de un sistema injusto que no respeta nuestros derechos más fundamentales: el derecho de coexistir en una sociedad en la que tanto hemos contribuido y contribuimos cotidianamente a edificar y fortalecer económica, social y culturalmente.

No somos ni terroristas ni vividores, somos gente con dignidad que venimos a trabajar y a sacrificarnos, por ende somos merecedores del mismo respeto e igualdad de protección de que disfrutan los demás. Ese inalienable derecho no lo imploramos ni lo mendigamos de rodillas, lo exigimos de pie y de frente, con dignidad y firmeza contra lo injusto, en nombre de la Constitución, de Dios y la justicia.

Contacto Sr. Acevedo at: acevegil@webster.edu

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