May 4, 2007

Comentario:

Entre palos y toletes

Por Humberto Caspa, Ph.D

El Primero de Mayo es una fecha llena de contradicciones. Mientras el mundo recordaba el movimiento heroico de los trabajadores de Chicago, quienes lucharon incansablemente para acortar el día laboral a ocho horas, en tierras estadounidenses esta fecha nuevamente se vistió de luto.

A diferencia del aparato de represión, que el movimiento de sindicatos y trabajadores tuvieron que enfrentar a inicios del Siglo XX, el movimiento que se organizó el día lunes enfrentó a algunos desventurados policías que claramente abusaron del poder que les otorga la comunidad angelina.

De acuerdo al jefe de policía William J. Bratton, él no dio la orden de arremeter contra la gente que se congregó en el Centro de Los Ángeles. ¿Si Bratton no lo hizo, entonces quién fue? ¿Cuáles fueron las intenciones del policía o de los policías que crearon un encuentro dramático a plena luz de las cámaras de televisión?

No sólo los residentes de Los Ángeles tienen derecho a una explicación coherente sobre lo ocurrido el pasado lunes, sino también la población norteamericana en general. La policía violó los más elementales derechos de su comunidad, arremetió contra la confianza de sus vecinos y especialmente usurpó a los medios de comunicación del campo de acción de informar objetivamente.

El día lunes en la tarde, mientras mani-festantes se movilizaban en la zona del centro, unos cuantos provocadores aparentemente tiraron botellas de plástico y piedras a los oficiales de policía. En vez de confrontar a los culpables de la trifulca, los policías decidieron practicar un asalto contra los participantes de la manifestación. Pararon el mitin sin contemplar que había gente inocente marchando con el grupo. Niños, mujeres, madres de familia, ancianos, jóvenes, reporteros de los medios de comunicación tuvieron que pagar los platos rotos de unos cuantos.

Muchos periodistas de diversos canales de televisión y periódicos fueron agredidos por las fuerzas policiales. Los policías utilizaron balas de goma para dispersar a la gente, azotaron con toletes a mujeres, jóvenes, ancianos y todo cuanto se presentó al frente de ellos. “Fue algo ridículo”, dijo el conocido periodista de Telemundo Pedro Sevcec, quien fue agredido con tolete por un policía del LAPD y también fue apuntado con un arma en plena cabeza. “Un micrófono no es un arma de fuego”, sentenció.

Para aquellas personas que vivimos momentos de terror durante las dictaduras militares durante los 1970s en América Latina, lo ocurrido en Los Ángeles fue, en parte, una cabal reminiscencia del abuso policial y militar indiscriminado. Miembros del LAPD parecían los carabineros del régimen de Augusto Pinnochet en Chile o los policías de la dictadura de Hugo Banzer Suárez en Bolivia. El orden y la paz en estos dos países se conseguía a “palo”, como si los habitantes chilenos y bolivianos fueran seres irracionales y ajenos al compromiso político. La policía de Los Ángeles adoptó el mismo sistema represivo de los dictadores militares de América Latina.

Lo lamentable de todo este nuevo problema es que las relaciones del LAPD y la comunidad angelina nuevamente se empaña y va a ser difícil de recomponerla. Durante los últimos años el Jefe Bratton y el alcalde Antonio Villaraigosa habían estado trabajando arduamente para que la comunidad vuelva a confiar en la policía. En medio del asedio de las pandillas y grupos criminales, que han estado afectando el tejido social de la comunidad en algunos barrios latinos y de afroamericanos, esa comunicación era necesaria. Hoy, nuevamente está en peligro.

El jefe Bratton tiene que emprender una investigación objetiva, transparente y concisa. No se vale una solemnes disculpas a través de los medios de comunicación para borrar las consecuencias del abuso policial, sino que se necesita encontrar a los culpables. Los instigadores de la orden deben ser apresados y procesados en la Corte; los policías deben ser inmediatamente destituidos de sus cargos, llevados a la Corte y también procesados.

El Primero de Mayo es un día especial en el mundo. El espíritu laboral de los trabajadores de Chicago se hizo presente en Los Ángeles, pero también estuvo allí las manos nefastas de la opresión. Los Ángeles es una urbe moderna como para permitir conductas autoritarias. La ley debe imponerse sobre la fuerza.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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